Pero cuando te toca la puerta, es ahí cuando comenzás a verdaderamente prestarle atención. Y te hacen mirar hacia adentro y a preguntarte cosas que quizás muchas veces preferirías no preguntarte. Sinceramente, a mí me pasa.
Y digo, no, no quiero saber, no, no, no, no voy a investigar, no, no quiero saber, no, no me quiero decepcionar una vez más de esta persona o de una persona a quien conocí recién. ¿Cuándo dejamos de confiar en una persona? Y les digo que a veces no es de inmediato. Pero a veces sí, en vivo, en directo y en seco, viene el golpe.
Y viene así, directo y sin anestesia. Y en ese preciso momento cambia todo. Y se divide la vida en un antes y en un después.
Pero hay otras veces en que es un tanto diferente. Nos vamos dando cuenta que vamos perdiendo confianza en esa persona en forma lenta, en forma silenciosa. Y es casi imperceptible.
Es así como cuando el agua se filtra por una pared, ¿verdad? Esa pared parece sólida, pero el agua se filtra y cae gota a gota, día a día. Y uno se pregunta, ¿pero en qué momento comenzó a filtrar esta pared? ¿De dónde vienen estas gotas? ¿Y por qué cada vez con más insistencia y van mojando todo a su paso? Y así son los detalles, a detalles, cuando lentamente la desconfianza va siendo acto de presencia. Y vas descubriendo pequeñas cosas, inconsistencias pequeñitas, medias verdades, silencios que a veces hablan demasiado, y a veces también hilando