Hoy tenemos un tema muy interesante.
De verdad, un tema muy interesante. Y un tema de esos que nos dejan pensando. Y que tiene relación a la confianza.
Y a veces nos preguntamos, ¿en qué momento comenzamos a desconfiar de la sinceridad de esta persona? A veces no nos damos cuenta. No es de inmediato. Pero se va ganando a pulso esa persona que nos comencemos a preguntar.
Sinceramente. Y este es uno de los temas y temas que tenemos que reflexionar sobre el mismo. Y a veces uno escucha comentarios sobre el tema de la decepción, de la desconfianza, pero pasan de largo.
Pero cuando te toca la puerta, es ahí cuando comenzás a verdaderamente prestarle atención. Y te hacen mirar hacia adentro y a preguntarte cosas que quizás muchas veces preferirías no preguntarte. Sinceramente, a mí me pasa.
Y digo, no, no quiero saber, no, no, no, no voy a investigar, no, no quiero saber, no, no me quiero decepcionar una vez más de esta persona o de una persona a quien conocí recién. ¿Cuándo dejamos de confiar en una persona? Y les digo que a veces no es de inmediato. Pero a veces sí, en vivo, en directo y en seco, viene el golpe.
Y viene así, directo y sin anestesia. Y en ese preciso momento cambia todo. Y se divide la vida en un antes y en un después.
Pero hay otras veces en que es un tanto diferente. Nos vamos dando cuenta que vamos perdiendo confianza en esa persona en forma lenta, en forma silenciosa. Y es casi imperceptible.
Es así como cuando el agua se filtra por una pared, ¿verdad? Esa pared parece sólida, pero el agua se filtra y cae gota a gota, día a día. Y uno se pregunta, ¿pero en qué momento comenzó a filtrar esta pared? ¿De dónde vienen estas gotas? ¿Y por qué cada vez con más insistencia y van mojando todo a su paso? Y así son los detalles, a detalles, cuando lentamente la desconfianza va siendo acto de presencia. Y vas descubriendo pequeñas cosas, inconsistencias pequeñitas, medias verdades, silencios que a veces hablan demasiado, y a veces también hilando muchas palabras que no coinciden con los hechos.
Mmm, sí, sí, sí, sí, sí. Y cada una de esas pequeñas cosas, déjenme decirle, mis queridos amigos y amigas de Gotitas de Amor Radio Tribuna, cada una de esas pequeñas cosas va haciendo su trabajo silencioso, pero debilitando lentamente esa confianza que tardó tantos años en construirse. Años, a veces toda una vida.
Pero así, de repente y por razo, se va desmoronando, y cada vez más rápido, y luego se siente que es cada vez más rápido, y luego ya es cuestión de momentos. Yo considero que la confianza, mis amigas y mis amigos, es como un vaso de cristal. Sí, como un vaso de cristal que rompí hace unos días, sin querer, un cristal francés que amaba tanto.
El cristal francés es fino, es delicado, es transparente, y es tan hermoso cuando está entero, ¿verdad?, y es tan frágil cuando cae. Y de ese ruido de campanas que se siente cuando el agua le cae dentro, o cuando rosa tu mano con el cristal, que es tan agradable a los oídos, se convierte en un impacto terrible cuando el vaso revienta contra el suelo. Se hace trizas, se rompe en mil pedazos el cristal verdadero.
No en dos pedazos que se pueden decir, bueno, se rompió en dos pedazos, bueno, punto, apegás y listo. Se rompe en pequeñísimos pedacitos, y esos pedacitos se esparcen por todas partes. Es impresionante cuando el cristal es auténtico como se rompe en mil pedazos.
Es como para que uno no pueda recogerlo, sinceramente. Y puede que a veces, por ese amor profundo que se le tiene a ese vaso, por esa historia que trae detrás, que me regaló mi abuela, o que me regaló mi papá, o que lo tengo desde chiquita, y que por ese motivo intentemos arreglar ese vaso, con mucho esfuerzo, con mucha voluntad, con un pegamento del perdón impresionante, y con una paciencia del tiempo que uno no sabe de dónde viene. Y déjenme decirle que quizá por fuera no se note, si es que hacemos un buen trabajo y lo pegoteamos lo suficientemente bien y con delicadeza, con mucha delicadeza, para que las ranuritas no se noten desde afuera.
Y quizá ese vaso vuelva a tener la misma forma de antes, bueno, no la misma, algunos pequeños detalles imperceptibles, quizá se pueda ver entero nuevamente, a los ojos de los demás, por supuesto, pero esas fisuras internas que nosotros sabemos que existen, están allí, están siempre ahí, son invisibles para el mundo, pero son muy presentes para quienes conocen de su existencia, y con la posibilidad, pero súper latente, de que ante el menor detalle, ante la más pequeña presión, se vuelva a romper en mil pedazos. Y uno se queda pensando, ¿vale la pena reconstruir lo que se rompió? A veces yo diría que sí, cuando el amor es genuino, cuando el error fue humano y no intencional, cuando hay verdadero arrepentimiento también, tengan cuidado con eso, y cuando hay un verdadero cambio, pero tenemos que ser honestos también. Hay veces que ya no se puede volver a lo que era, y ese vaso posiblemente ya no pueda mantener dentro del agua sin que se escape por alguna fisura, y no porque hayamos hecho un mal trabajo, sino porque ya está roto, y hay partes que por más que hayamos procurado ponerle todo el engrudo, el pegamento necesario, quedó ese pedacito, esa fisura invisible a los ojos, pero que existe, y vuelve a salir el agua, y allí nos damos cuenta que ya cumplieron su ciclo.
Quizá la lección más grande de este tema que estamos tocando hoy en Desde Mi Óptica, cuando perdemos la confianza, la lección más grande no sea aprender a reparar lo que se rompió, sino más bien, mis queridos amigos y amigas, la lección más grande de este tema es reconocer de verdad, y de corazón les digo, reconocer que merece ser reconstruido y que no merece y debe ser soltado, dejar ir con amor, con gratitud por lo que fue, y sinceramente con la paz de quien sabe que no todo lo que se pierde es una derrota. Tenemos que aprender a dejar ir, cuando ese vaso ya está roto, cuando ese vaso ya pierde agua, cuando ese vaso es frágil, con un pequeño detalle se puede volver a romper en mil pedazos, y esta vez sí puede cortarnos y lastimarnos profundamente. No es fácil dejar ir, no es fácil, pero si lo hacemos con amor, con convencimiento que cerró su ciclo y hasta aquí llegamos, y dejarlo partir con altura, con cariño, y aguardando que le vaya mejor, pero con otra persona.
Cuando se pierde la confianza, se pierde absolutamente todo. Por eso mis amigos y mis amigas, mis amigos, les ruego por favor que cuiden la confianza de alguien que deposita en tu persona como si fuera lo más valioso que te han dado. La confianza no se compra, la confianza no se hace del día a la mañana, la confianza se va ganando con los años y con la calidad de persona que uno es.
Y recuerden siempre que una vez que se rompe, una vez que está rota, el mundo no se vuelve a ver igual desde la óptica de la persona que perdió la confianza y desde la óptica de la persona que hizo todo para que la otra persona perdiera su confianza. En ella o en él. Así es que mis amigas, mis amigos, este es un tema muy interesante, muy real, y que afecta en estos momentos al mundo entero.
Mucha gente ya perdió la confianza en un futuro mejor, en poder de las personas que están manejando este planeta a su antojo. Y cuando se pierde la confianza, en gran medida también se pierde la esperanza. Cerramos, señoras y señores, nuestro bloquecito de CEMIÓPTICA, aquí en Radio Tribuna, la radio de todos.
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