En Gotitas de Fe creemos que la fe también se expresa cuando miramos el dolor del mundo sin apartar la vista. Cuando nos detenemos, aunque sea por unos minutos, a poner nombre a aquello que muchos prefieren ignorar.
Hace unos días, caminando por la ciudad en medio de un frío intenso, me encontré con una escena que me estremeció profundamente. Una persona caminaba casi sin abrigo, temblando, ajena al peligro del clima y a las miradas de quienes la rodeaban. Al acercarme y ofrecerle mi bufanda, comprendí que no se trataba solo del frío: había una herida mucho más profunda, invisible, pero devastadora. Una herida en la mente.
La reacción de la gente fue inmediata: miedo, distancia, llamados de emergencia, patrullas, sirenas. Y en medio de todo ese ruido, una persona frágil, vulnerable, perdida en un mundo que no logra comprenderla ni contenerla. Esa escena no es aislada. Cada día vemos más personas deambulando por las calles con problemas de salud mental, no solo en Nueva York, sino en muchas partes del mundo.
Por eso hoy, antes de cualquier música o palabra, queremos elevar una oración.
Una oración por la salud mental de la humanidad.
Señor Dios de la vida,
Dios de la luz y de la misericordia,
hoy nos unimos en oración por todas las personas que sufren en silencio enfermedades mentales. Tú conoces cada historia, cada herida, cada miedo escondido. Tú sabes de esas batallas que muchos libran en absoluta soledad, sin comprensión, sin tratamiento, sin abrazo.
Te pedimos, Señor, por quienes viven en las calles, perdidos en un mundo oscuro donde a veces ni siquiera recuerdan su nombre. Por quienes reaccionan con enojo o miedo porque su mente ya no encuentra descanso. Por quienes son juzgados, rechazados o castigados cuando lo único que necesitan es cuidado.
Te pedimos también por aquellos países donde la atención médica es casi inexistente, donde no hay acceso a psicólogos, psiquiatras, medicamentos ni redes de apoyo. Por las familias que no saben cómo ayudar. Por los jóvenes que se sienten perdidos y caen en adicciones que destruyen su mente y su futuro. Por los ancianos que cargan historias de dolor sin poder compartirlas.
Señor, toca los corazones de gobernantes, profesionales y de toda la sociedad, para que comprendamos que la salud mental es tan sagrada como la salud del cuerpo. Abre caminos para crear espacios dignos, humanos, con programas de prevención, atención y acompañamiento. Que nadie sea tratado como un estorbo ni como un peligro, sino como un ser humano enfermo que necesita amor y cuidado.
Y a quienes tenemos la bendición de saber quiénes somos, de recordar nuestro pasado, de vivir nuestro presente y soñar con el futuro, ayúdanos a ser instrumentos de compasión. A escuchar más. A juzgar menos. A tender una mano cuando sea posible. Y si no podemos ayudar materialmente, que al menos podamos dar voz a quienes no la tienen.
Señor, enséñanos a mirar con respeto y misericordia.
Enséñanos a amar también desde la conciencia.
Te lo pedimos con humildad y fe,
en el nombre de Jesús.
Amén.
Que esta oración encuentre tierra fértil en los corazones y nos impulse a ser parte de la solución, no del silencio.
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