Hoy vamos a compartir con ustedes un tema que de verdad me nació del alma y le puse como título el cántaro viejo de barro. Era un cántaro viejo de barro, desteñido, pero era como el guardián del agua fresca y cristalina en la casa de mis abuelos.
De mis abuelos queridos, esos abuelos que me inculcaron amar la naturaleza y apreciar, apreciar todos los regalos que nos brindaban nuestras raíces. Y la verdad que ese cántaro viejo y desteñido era un tesoro en la cocina de abuela. Sus paredes gruesas, agrietadas, manchado ya por los años y por el tiempo, pero mantenían el agua perfumada parecía con ese aroma que aún recuerdo.
Cuántas veces mis manos de niñas se acercaron sedientas a la boca del cántaro. Sí, yo recuerdo que metía la tazona de barro también dentro del cántaro y me encantaba a escondidas que mis deditos sintieran el agua dentro del cántaro. Y bebía esa agua fresca, parecía agua de manantial.
Era tan rica esa agua, preciosa, que sacaban de un pozo enorme que tenían bajo una gran arboleda. Era agua rica, agua dulce, agua limpia, agua blanca, agua saludable. Y recuerdo a ese cántaro que no necesitaba ser nuevo ni tampoco brillante como los de ahora.
Tenía una belleza ese cántaro por esa sencillez, por esa fuerza que se implantaba su presencia, que a la vez de ser humilde era fuerte y le exigía a uno a mirarlo. No sé cómo les explico, era como un símbolo de la tierra y para mí ahora que lo pienso también se convirtió en un símbolo de niñez. Sinceramente, hoy mis amigas, mis amigos de gotitas, desde la distancia recuerdo ese cántaro de mi amado Paraguay.
Y aunque el tiempo se pare a mi niñez de mi adultez, vivo y sigo viviendo esa esencia de esos recuerdos en mi patria. Últimamente los cántaros se convirtieron en adornos, en decoración, pero para mí sigue siendo más que una decoración. Para mí el cántaro y el cántaro en especial de la casa de mis abuelos es memoria, es tradición, es canción como un cántaro sobre sobre los hombros o sobre la cabeza de una danzarina.
Para mí ese cántaro es parte de ese hogar que no vuelve jamás. Cántaro viejo, en mi corazón guardado, llevo tu aroma, tu frescura, tu calor, porque en tu barro simple y desgastado aprendí el sabor del verdadero amor. Mi cántaro viejo, el título de versitos del corazón, hoy aquí en gotitas, gotitas, gotititas de amor.
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