Pensamientos compartidos
Vamos a hablar hoy de cuando la paciencia llega a su límite. Y me dice Ana Clara, un segundito Ana Clara, ya voy a leer enseguidita el tuyo. Ana Clara, ¿de dónde? Ana Clara, desde Chihuahua, México.
¡Qué lindo! Yo quiero ir a México, quiero ir a México. Que no me da el tiempo, pero quiero ir a México. ¿Qué dice Ana Clara desde Chihuahua, México? Hola Francisca, ¿qué tal? El tema es muy interesante y quiero que sepan los oyentes de tu programa lo siguiente, que la sabiduría de soltar, ¿qué dice? La sabiduría de soltar, no todas las batallas merecen ser peleadas.
Ah, a ver, yo malinterpreté. Lo que quiere decir ella es que hay sabiduría en el soltar y que eso indican que no todas las batallas merecen ser peleadas. Ahora sí.
A veces, dice la mayor victoria, es reconocer cuando es momento de retirarnos con dignidad y con paz. Soltar no es rendirse, es elegir paz mental sobre una guerra que no nos corresponde. Y ¿cuándo nos damos cuenta de todo ello? Cuando sentimos que nuestra paciencia ya llegó a su límite.
Ah, qué interesante. A ver, tenemos otro más. A ver, ¿esta vez de dónde? Argentina.
Corrientes, Argentina. ¿Quién nos está escribiendo? Alma Luz. Qué lindo nombre, Alma Luz.
Qué lindo nombre tenés, Alma. Alma Luz. Y si se da la vuelta, es Luz Alma.
Ah, qué hermoso. Bueno, ¿qué nos dice Alma Luz, desde Corrientes, Argentina? Dice, Don Quijote tenía razón, pero a medias. Don Quijote luchaba contra los molinos del viento, creyendo que eran gigantes.
Pero hay una diferencia. Él elegía sus batallas imaginarias. Nosotros no tenemos por qué seguir luchando contra molinos que otros pusieron en su camino.
Ese es el momento en que debemos decir hasta aquí. Ah, mira, pero qué interesante. Interesantísimo.
Me encanta, me encanta, me encanta mucho. A ver, ¿qué dice acá? A ver, ¿dónde está? Recién me estaba escribiendo y escribiendo. Ahora que le busco, no le encuentro.
Bueno, vamos a ir hasta Chile ahora y vamos a leer el pensamiento compartido de Claudia M. Chile, Claudia M. ¿Qué parte de Chile? Valparaíso. Ay, qué lindo. Valparaíso.
Ahí es donde se hace ese festival tan grande de Valparaíso. Qué lindo, qué lindo. Bueno, a ver qué nos dice.
Francisca querida, qué temón el que elegiste para hoy. Y déjame decirte que la paciencia no es infinita. La paciencia es una virtud, sí, pero no es un contrato de esclavitud.
Guau, me gusta ya. Cuando la paciencia se convierte en tolerancia al abuso, en permitir que te pisoteen o en sacrificar tu salud mental, ya no es virtud, es autodestrucción. Tienes permiso para poner límites.
Guau, esto está, gracias. Esto está fabuloso, fabuloso. Qué cosa.
Cambiaron las cuestiones aquí en la radio en materia de internet y resulta que, ¿esto qué es? No podía entrar al wifi de la radio. Todo un tema. Y ahora sí, ya Robertito me trajo la computadora y ya vamos a poder activar con la otra computadora también para todos los mensajes que estamos recibiendo.
Claro que sí. Gracias mil. ¿Qué me dice ahora Aurelio? Aurelio, ¿de dónde sos? Loma Punta, Paraguay.
Ah, mira, Loma Punta, Paraguay. Loma Punta, ¿qué acerca de limpio? No sé. Vamos a investigar.
¿Qué dice ahora? Dice, sentirte cansado de luchar no te hace débil, te hace un ser humano. Incluso los guerreros más fuertes necesitan descansar y algunos necesitan retirarse del campo de batalla para poder vivir en paz. No hay vergüenza en ello, Francisca.
Cuando la paciencia llega a su límite, a veces es más conveniente bajar las armas y retirarnos. Muy bien, qué interesante, qué interesante. A ver, ¿qué me dice acá otra personita más hermosa? Ella es Blanca Lila, Blanca Lila, dice Orue, ¿de dónde es Blanca Lila, Orue? Orue, ¿de dónde es Blanca Lila, Orue? Buenos Aires, Argentina.
¿Qué dice Blanca Lila? A ver, Francisca, la energía es sagrada y es limitada. No debemos desperdiciar tratando de cambiar a quien o a quienes no quieren cambiar o luchar batallas donde el único premio, el único premio es más dolor. Debemos invertir nuestra energía donde hay amor, donde hay crecimiento y donde hay reciprocidad.
La energía de la paciencia es sagrada y tiene límites. Muy bien y muy cierto. Vamos ahora al último pensamiento compartido.
A ver, ¿qué nos dice Juan Carlos Arella? ¿De dónde es Juan Carlos Arella? Colombia, Bogotá, me dice. El país de las arepas, me dice. ¡Qué maravilla! Sí, a mí me encantan las arepas.
Traté ya de hacer varias veces, pero no me sale muy bien. O sea, no me salen blanditas como hace mi amiga y no sé, tengo que tomarle la mano. Tengo que practicar más, pero me encantan las arepas y las arepas caseras son mucho, mucho más ricas.
A ver, ¿qué me dice mi amiguito? Francisca, cuando Dios cierra puertas, a veces queremos abrirlas. A ver, si entendí bien. Francisca, cuando Dios cierra puertas, a veces nosotros los humanos queremos abrirlas.
Punto. El agotamiento que sientes es la forma en que Dios te dice, ya hiciste suficiente, esta puerta está cerrada, deja de empujarla, hay algo mejor esperándote, pero primero debes soltar esto. Escucha esa voz.
¡Fantástico! ¡Es cierto! ¿Por qué los seres humanos a veces nos empecinamos en querer abrir una puerta que Dios ya cerró por algo? Y nos envía diferentes mensajes con personas, hasta con animalitos a veces te envía mensaje Dios. Y los seres humanos somos tan, tan tercos que hacemos caso omiso a todas las señales que nos llegan. Y seguimos empujando esa puerta, y dale que empujamos.
Hasta hernia tenemos de tanto empujar. Y no se justifica, porque como dice nuestro amigo Juan Carlos Arella desde Colombia, Bogotá, a veces el agotamiento que sentimos es una forma en que Dios nos dice, ya hiciste suficiente, esta puerta está cerrada, deja de empujarla, hay algo mejor esperándote, pero primero debes soltar esto. Escucha esa voz, dice nuestro amiguito desde Colombia, Bogotá, es muy cierto.
Yo soy una experta en empujar puertas, ¿eh? Y dale con que sigo empujando una puerta. Y hace rato que Dios me dice, esa puerta ya está cerrada, llaveada, y tiré la llave, Francisca, deja de joder. ¡Qué empecinamiento terrible! Ahora déjenme decirle mi punto de vista, mi pensamiento compartido con ustedes.
Todos tenemos derecho a la paz. Esa paz es sagrada, es innegociable. Nuestra paz interior es innegociable.
Si una situación, una relación, se convierte en batalla constante, nos está robando paz. Y tenemos el derecho, como seres humanos, de alejarnos. Y el derecho divino que Dios nos dice, con sus mensajes, que nuestra paz no tiene precio.
Nuestra paz mental no es negociable, siempre lo digo y lo repito. Tenemos que dejar de pelear contra los molinos del viento. Pero que dejemos de pelear contra los molinos del viento no es rendirnos ante la vida.
Es más bien, yo diría, redirigir nuestra valentía para seguir batallando, pero en batallas que realmente importan y hacia personas que realmente nos valoran. Y, por supuesto, hacia un futuro que realmente nos merecemos. Entonces, mis amigas y mis amigos, cuando la última gota de paciencia se derrama, no es el final.
Yo diría, más bien, que es el comienzo de una nueva etapa donde vamos a priorizar nuestro bienestar, donde vamos a respetar y honrar nuestros límites y donde vamos a elegir la paz sobre la guerra. Y eso, mis amigas, mis amigos, si ustedes lo sienten en su corazón, no es debilidad. Es sabiduría pura.
Cerramos nuestro bloquecito de pensamientos compartidos aquí en Gotitas de Amor, en Radio Tribuna y en Radio Oñondivepa , Paraguay. Y recuerden que nos pueden escuchar desde nuestro diario digital DesdeNuevaYork.Online. Además, allí van a poder leer relatos de la vida real, van a poder ver películas también que se renuevan casi cada semana. Y bueno, hay un montón de cosas interesantes que compartir con todos ustedes en el diario digital del Grupo Tribuna que se llama DesdeNuevaYork.Online.
Si quieres vivir este relato con la emoción de la voz original,
te invito a escucharlo en SoundCloud:
🎧 Escuchar audio original


