Cartas de amor - Adiós a lo que creí eterno

Adiós a lo que creí eterno

Hoy te escribo esta carta no para pedir explicaciones ni reclamar lo que ya no tiene sentido. Te escribo para despedirme de aquello que un día creí que sería para siempre.

Nuestro amor nació como un sueño hermoso, de esos que prometen vida, futuro y hogar. Cuando te miraba, sentía que el mundo encontraba orden; que mi alma, por fin, hallaba un lugar donde descansar. Pero lo que parecía un refugio terminó convirtiéndose en tormenta. Una tormenta que arrasó con todo: con la calma, con la ilusión… y con la mujer que yo era.

No voy a negar que hubo momentos buenos. Hubo caricias sinceras, risas auténticas, miradas donde creí ver amor limpio. Hubo días en los que me sentí afortunada y noches en las que pensé que no existía nada más que nosotros.

Pero también hubo días en los que dolió simplemente existir. Tus gestos se volvieron cuchillos y tus palabras, vientos fríos que me atravesaban el pecho. Hubo silencios que pesaban toneladas y ausencias que gritaban verdades que no quería escuchar. Nuestra historia se volvió un mar embravecido, y yo, sin darme cuenta, me convertí en náufraga.

Un día abrí los ojos y entendí que estaba peleando por salvar algo insalvable. Algo que había muerto hacía tiempo. Y hoy no te escribo con rabia, ni con nostalgia idealizada.
Te escribo con honestidad, con calma y con esa claridad que da la distancia.

Quiero darte las gracias:
Gracias por lo que fui contigo.
Gracias incluso por el dolor, porque cuando se me rompió el corazón, también me vi obligada a reconstruirme. A mirarme de nuevo. A escuchar mis silencios. A reconocer mis heridas y rescatar mi dignidad.

Aprendí que amar no es entregar la vida, sino compartirla. Aprendí que no todo lo intenso es sano y que no todo lo que parece eterno merece quedarse. Hoy te digo adiós. No con rencor, sino con certeza.
No con lágrimas, sino con determinación.
No con pena, sino con respeto por lo que vivimos y por la mujer en la que me convertí después de nosotros.

Gracias por lo bueno y por lo malo, pero sobre todo, gracias por la enseñanza.

No quiero un amor que me arrase.
Quiero un amor que me abrace.

Ojalá encuentres lo que buscas.
Ojalá yo encuentre lo que merezco.
Y ojalá mi corazón nunca repita una historia que me costó tanto sanar.

Adiós… con paz, con fuerza y con vida.


Si querés vivir este relato con la emoción de la voz original,
te invito a escucharlo en SoundCloud:

🎧 Escuchar audio original

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *