Indígenas de Bolivia toman la palabra y comienzan a escribir su propia historia
Líderes de diez naciones originarias fueron capacitados en paleografía y técnicas de investigación histórica por el Archivo y Bibliotecas Nacionales de Bolivia. El proyecto les permitió estudiar documentos coloniales, recuperar testimonios de sus comunidades y publicar investigaciones sobre su propio pasado.

Durante décadas, buena parte de la historia de los pueblos indígenas de Bolivia fue investigada y escrita desde universidades, archivos y centros académicos. Ahora, dirigentes de distintas comunidades decidieron ocupar también ese espacio y convertirse en investigadores de su propio pasado.
Un Taller de Memoria Oral, impulsado por el Archivo y Bibliotecas Nacionales de Bolivia (ABNB), capacitó a líderes de diez naciones originarias en técnicas de historiografía y paleografía, disciplina que permite interpretar antiguos documentos manuscritos.
La iniciativa ya produjo resultados concretos: integrantes de estas comunidades publicaron investigaciones en el Anuario de Estudios Archivísticos y Bibliográficos del ABNB y participaron en trabajos dedicados a reconstruir la memoria histórica de sus pueblos.
De protagonistas históricos a investigadores
Uno de los participantes es Humberto Guarayo, líder de la nación Yampara, quien durante años ha trabajado por el reconocimiento territorial y político de su comunidad.
Guarayo dejó su localidad cuando era adolescente para estudiar Derecho en la ciudad, convencido de que esa formación podría ayudarlo a defender los intereses de su pueblo.
Con el tiempo comprendió que la reivindicación también debía alcanzar el terreno histórico y académico.
“Siempre fuimos objeto de estudio académico; hoy tomamos la palabra”, resume el dirigente al explicar el significado que tiene para las comunidades investigar y escribir directamente su historia.
Un proyecto que cambió por pedido de las comunidades
La propuesta inicial del Archivo y Bibliotecas Nacionales era diferente. Los investigadores pretendían acudir a las comunidades para recopilar relatos transmitidos oralmente que no aparecían en los grandes catálogos documentales.
Sin embargo, durante las reuniones con los pueblos originarios surgió otra propuesta: los propios indígenas querían aprender las técnicas necesarias para realizar las investigaciones.
De esa manera, el proyecto dejó de ser exclusivamente investigativo y pasó a convertirse también en un programa de formación.
Aprendieron a leer documentos de siglos pasados
Uno de los conocimientos centrales fue la paleografía, fundamental para interpretar manuscritos antiguos conservados en los archivos.
El director del ABNB y fundador del programa, Máximo Pacheco, recordó que inicialmente hubo dudas sobre la posibilidad de trasladar este conocimiento especializado a las comunidades.
La experiencia terminó demostrando lo contrario. Según relató, algunos jóvenes llegaron a desarrollar una sorprendente capacidad para interpretar documentos del siglo XVII.
El conocimiento de estas fuentes permitió complementar la tradición oral con expedientes judiciales, registros administrativos, censos y otros documentos históricos.
Los Yampara reconstruyen su pasado
Guarayo encontró en este trabajo una nueva herramienta para fortalecer la identidad de la nación Yampara. La experiencia contribuyó además a la publicación del libro Yampara Suyu, dedicado a la historia de este pueblo.
Actualmente, el dirigente también ocupa un lugar político destacado: se convirtió en el primer legislador de la nación Yampara dentro de la Asamblea Departamental de Chuquisaca.
Su llegada a ese espacio representa años de reclamos para conseguir reconocimiento territorial, autonomía y representación política bajo las propias normas y procedimientos de su comunidad.
Historia oral y documentos coloniales
Otro de los protagonistas es Juan Maraza, referente de la nación Qaqachaca, ubicada en el altiplano boliviano.
A diferencia de Guarayo, Maraza decidió permanecer estrechamente vinculado a la vida rural. Trabaja con llamas y cultivos de papa y haba, mientras participa activamente en la organización de su comunidad.
Su investigación combina dos fuentes fundamentales: los testimonios de los ancianos y los documentos conservados durante siglos.
A través de expedientes judiciales coloniales y antiguos censos tributarios, conocidos como revisitas, ha reconstruido aspectos de la organización y las costumbres de su pueblo.
Preservar una identidad que continúa viva
Los Qaqachaca mantienen prácticas comunitarias relacionadas con la agricultura, la producción artesanal, la administración territorial y sus propios mecanismos de resolución de conflictos.
Maraza sostiene que muchas de estas costumbres tienen raíces anteriores incluso al Imperio inca y considera fundamental documentarlas para evitar que desaparezcan o sean interpretadas únicamente desde una mirada externa.
Para los responsables del programa, el interés por conocer el pasado está directamente relacionado con el fuerte sentimiento de pertenencia existente dentro de estas comunidades.
El proyecto plantea así un cambio significativo: los pueblos indígenas ya no aparecen únicamente como protagonistas de documentos escritos por otros, sino también como investigadores y autores capaces de recuperar, interpretar y contar su propia historia.
Fuente: EL PAÍS