El secreto para preparar un tomate frito menos ácido sin agregar azúcar
Un sofrito elaborado con tres dientes de ajo, cebolla y aceite de oliva ayuda a equilibrar el sabor de la salsa. El verdadero secreto está en cocinar el tomate lentamente durante aproximadamente una hora.
El tomate frito es una de las preparaciones más versátiles de la cocina española. Puede utilizarse para acompañar pastas, arroces, huevos, verduras, carnes y albóndigas.
Aunque muchas personas agregan azúcar para suavizar su acidez, este ingrediente no modifica el nivel ácido del tomate. Solamente cambia la manera en que el paladar percibe su sabor.
El sofrito marca la diferencia
La alternativa consiste en preparar un buen sofrito con ajo, cebolla y aceite de oliva antes de incorporar el tomate.
La cebolla libera sus azúcares naturales durante la cocción y aporta un dulzor suave. El ajo añade profundidad, pero debe cocinarse cuidadosamente para evitar que se queme y produzca un sabor amargo.
Ingredientes necesarios
- 300 gramos de tomate natural triturado o tomates maduros.
- 150 mililitros de aceite de oliva virgen extra.
- Tres dientes de ajo.
- Una cebolla.
- 50 mililitros de vino blanco.
- Sal al gusto.
Cómo comenzar la preparación
Primero se pelan y cortan finamente los ajos y la cebolla. Después se calienta el aceite de oliva en una sartén o cazuela amplia, manteniendo el fuego bajo o medio bajo.
Se incorporan los ingredientes y se cocinan lentamente. La cebolla debe quedar blanda y ligeramente caramelizada, mientras que el ajo necesita ablandarse sin llegar a dorarse demasiado.
El vino aporta profundidad
Cuando el sofrito esté listo, se agregan 50 mililitros de vino blanco. La preparación debe permanecer unos minutos al fuego para que se evapore el alcohol.
Después se incorpora el tomate triturado y se mezcla bien con el resto de los ingredientes.
Una hora de cocción lenta
La salsa debe cocinarse a fuego bajo durante 50 o 60 minutos. Es importante removerla ocasionalmente para impedir que se adhiera al fondo.
A medida que el tomate pierde agua, su sabor se concentra y la textura se vuelve más espesa y untuosa. Una referencia útil es esperar hasta que la salsa reduzca aproximadamente un tercio de su volumen.
La sal se agrega al final
Ferran Adrià aconseja añadir la sal cuando la preparación esté casi terminada. Si se incorpora demasiada al comienzo, la reducción puede concentrarla y dejar la salsa excesivamente salada.
Al finalizar, la preparación puede triturarse para obtener una textura más fina y uniforme.
Una salsa equilibrada sin azúcar
El resultado es un tomate frito intenso, espeso y con una sensación de acidez más equilibrada, sin necesidad de recurrir al azúcar.
La combinación del dulzor natural de la cebolla, el sabor del ajo, el aceite de oliva y la cocción lenta permite transformar pocos ingredientes en una salsa casera llena de sabor.
Fuente: Clarín