El día que lo imposible ocurrió: La caída de Nicolás Maduro

Editorial | Por Francisca Segovia
Muy buenos días, buenas tardes o buenas noches a toda nuestra querida audiencia que nos escucha desde la costa este de los Estados Unidos y desde distintos rincones del mundo a través de Radio Tribuna, Oñondivepá Paraguay, transmitiendo desde Nueva York.
Desde este espacio radial fuimos testigos de un hecho que muchos creían imposible. Lo que durante años fue promesa incumplida, análisis repetido y esperanza postergada, ocurrió de manera sorpresiva: la captura de Nicolás Maduro por parte del gobierno de los Estados Unidos.
A muchos nos tomó dormidos. Bastó abrir el celular, aún con los ojos entrecerrados, para encontrarnos con una noticia que parecía irreal. Durante décadas, distintas administraciones hablaron de soluciones que nunca llegaron. Sin embargo, esta vez ocurrió. Maduro fue detenido en su propio bastión de poder y trasladado a Nueva York junto a su esposa, donde deberá enfrentar cargos por narcotráfico ante la justicia estadounidense.
La operación fue quirúrgica, precisa, como una partida de ajedrez ejecutada en minutos. Ataques dirigidos a objetivos estratégicos, sin una masacre indiscriminada, aunque con el dolor inevitable de vidas perdidas, muchas de ellas de personas atrapadas por la maquinaria de una dictadura que no les dejó opción. Entre las fuerzas estadounidenses hubo heridos, pero ninguna pérdida fatal, lo que evidencia la magnitud controlada del operativo.
Hoy, Venezuela entra en una nueva etapa. Delcy Rodríguez ha sido designada de manera interina, mientras un pueblo que vivió durante años bajo la sombra del miedo comienza a levantar la cabeza. No será un camino fácil. Hay heridas profundas, familias rotas, exilios forzados y hogares destruidos. Pero también hay esperanza.
Este editorial se transforma hoy en oración. Damos gracias a Dios por la libertad de nuestros hermanos venezolanos, por cada cadena rota y por cada lágrima recogida. Oramos por las madres que lloraron, por los niños que quedaron solos, por quienes tuvieron que elegir entre obedecer o morir. Y agradecemos porque lo que pudo convertirse en una guerra devastadora fue contenido en minutos decisivos.
Pedimos también por los venezolanos dispersos por el mundo, para que encuentren paz al regresar a su tierra, aun cuando deban reconstruir desde las ruinas. Que Dios los cubra, los guíe y los fortalezca. Y bendecimos a todos los que hicieron posible este giro histórico, convencidos de que la libertad, aunque tarde, siempre llega.
Nos despedimos agradeciendo su sintonía, su confianza y sus oraciones. Desde Nueva York, seguimos acompañando este momento histórico que marcará un antes y un después para Venezuela y para toda nuestra región.
Que Dios los bendiga y hasta nuestro próximo encuentro.
Francisca Segovia
Radio Tribuna – Oñondivepá Paraguay
Desde la costa este de los Estados Unidos