Foto: https://www.mic.gov.py/

Dalila González: la hija del carpintero que convierte restos de madera en juegos que educan y ayudan

La emprendedora paraguaya, fundadora y propietaria de DM, emprendimiento de productos creativos hechos con madera reciclada, habló en Mundo, Música y Noticias sobre su historia, sus juegos educativos y el compromiso solidario que la lleva a destinar el 10% de sus ganancias a niños del Paraguay que más lo necesitan.

Por Francisca Segovia | desdenuevayork.online

Hay historias que nacen en un taller, entre el olor a madera recién cortada y el ruido de las herramientas. La de la paraguaya Dalila González es una de ellas. Fundadora y propietaria de DM, un emprendimiento de productos creativos hechos con madera reciclada que funciona en Paraguay, estuvo al aire en Mundo, Música y Noticias para compartir un camino que une creatividad, educación y solidaridad.

Una niña entre virutas y sueños

Dalila es hija de carpintero. Desde muy pequeña pasaba horas en el taller de su padre, y mientras otros veían restos de madera destinados a la basura, ella veía posibilidades. Juntaba los pedacitos que sobraban de los cortes y, con ingenio e imaginación, creaba juegos para ella y sus amigas.

Esos juguetes improvisados, nacidos de lo que otros descartaban, fueron la semilla de lo que años después se convertiría en su proyecto de vida.

De los recortes a los juegos educativos

Ya de adulta y con una formación profesional, Dalila volvió a sus raíces. Con los mismos cortes de madera que de niña transformaba en juguetes, hoy crea juegos educativos y lúdicos que ayudan a los niños a aprender jugando.

Así nació DM: una propuesta que combina diseño creativo, aprendizaje y cuidado del medio ambiente.

El valor de jugar con madera

Los juegos de madera viven un nuevo auge en todo el mundo, y no por casualidad. Especialistas en desarrollo infantil destacan varios de sus beneficios:

Desarrollo motor: Rompecabezas, bloques y piezas encajables requieren manipulación física, lo que favorece la motricidad fina y gruesa y mejora la coordinación.
Aprendizaje cognitivo: Estimulan la lógica, la memoria y la resolución de problemas.
Atención y concentración: Al no tener luces, sonidos ni melodías estridentes, permiten que el niño se concentre y sea protagonista activo del juego.
Imaginación y creatividad: Su sencillez invita a los niños a inventar sus propios juegos y formas de usarlos.
Socialización: Muchos juegos de madera se disfrutan en grupo o en familia, lo que fortalece los vínculos y el compañerismo.
En tiempos en que las pantallas ocupan cada vez más espacio en la vida de los niños, volver al juego manual es una forma de proteger la infancia.

Reciclar también educa

Trabajar con madera reciclada tiene un doble valor. Por un lado, reduce los residuos: la madera de muebles viejos, construcciones y recortes de carpintería suele desecharse, aunque todavía puede tener una segunda vida útil.

Por otro lado, enseña con el ejemplo. Cuando un niño juega con un juguete hecho de materiales reciclados, aprende que lo que parece basura puede convertirse en algo valioso, y crece con una conciencia más responsable hacia el planeta.

Un aporte necesario para el Paraguay

El trabajo de Dalila cobra todavía más valor en un país con grandes desafíos educativos. En las pruebas internacionales PISA 2025, Paraguay quedó último entre los 13 países latinoamericanos que participaron. Iniciativas como la suya, que llevan a las escuelas herramientas para aprender jugando, son un aporte valioso para despertar en los niños el gusto por aprender.

Un compromiso con los niños

Dalila no se conforma con crear juegos. Visita escuelas, comparte su trabajo con los niños, y destina el 10% de sus ganancias a ayudarlos.

Siempre soñó con tener un orfanato propio. Pero un proyecto así requiere muchos recursos, y por ahora no cuenta con ellos. Lejos de abandonar su sueño, encontró otra manera de cumplirlo: ayudar a los hogares de niños que ya existen. A ellos les entrega parte de sus ganancias, sus juegos educativos y asistencia psicológica para los pequeños.

Es una forma de demostrar que no hace falta tener todo para dar algo. Basta con tener el corazón dispuesto.

Un ejemplo que inspira

La historia de Dalila González nos recuerda que los sueños de la infancia pueden convertirse en un propósito de vida. Que lo aprendido en casa, al lado de un padre carpintero, puede transformarse en una herramienta para educar a otros niños. Y que un emprendimiento puede ser, al mismo tiempo, un negocio, una escuela y una obra de amor.

Desde Nueva York, felicitamos a Dalila por su creatividad, su compromiso con la educación de los niños paraguayos y su enorme corazón solidario. Ojalá que muy pronto su sueño del orfanato propio también se haga realidad en nuestra tierra.

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