Por qué el cerebro imagina lo peor incluso cuando no existe peligro
La psiquiatra Marián Rojas Estapé explica que el cerebro está preparado para detectar amenazas y garantizar la supervivencia. Ese mecanismo puede activarse ante peligros reales, conflictos cotidianos o situaciones que posiblemente nunca ocurran.

La búsqueda permanente de la felicidad puede generar una presión difícil de sostener. Pretender sentirse bien durante todo el tiempo ignora que el cerebro humano está preparado principalmente para detectar riesgos y reaccionar ante ellos.
La psiquiatra Marián Rojas Estapé sostiene que el ser humano no fue diseñado para vivir en un estado constante de felicidad, sino para sobrevivir, relacionarse y encontrar un sentido en su vida.
Una alarma heredada del pasado
Durante miles de años, reconocer rápidamente una amenaza podía marcar la diferencia entre vivir o morir. Aunque los peligros actuales son distintos, el mecanismo cerebral de defensa continúa funcionando.
Los depredadores y otros riesgos físicos fueron reemplazados por problemas laborales, económicos y emocionales. Sin embargo, el organismo puede responder ante ellos con una alarma similar.
Un mensaje puede activar el estrés
Una frase como “tenemos que hablar” puede provocar un aumento del cortisol porque el cerebro la interpreta como una posible amenaza de abandono, conflicto o pérdida.
También pueden activar esta respuesta las dificultades económicas, el estrés laboral, la soledad o la adaptación a otro país sin una red de apoyo cercana.
Cuando la imaginación parece realidad
Uno de los principales problemas es que el cerebro puede responder de manera semejante ante un peligro verdadero y frente a una preocupación hipotética.
Según Rojas Estapé, cerca del 90% de las situaciones que generan preocupación nunca llegan a ocurrir. Aun así, la mente anticipa escenarios negativos para preparar posibles respuestas y aumentar la sensación de seguridad.
La felicidad no tiene que ser permanente
Comprender este mecanismo permite reducir la culpa por no sentirse bien todos los días. La tristeza, el temor y la preocupación forman parte de la experiencia humana y no siempre indican que exista un problema.
El desafío consiste en reconocer cuándo la alarma responde a una amenaza concreta y cuándo está siendo alimentada por pensamientos sobre situaciones que todavía no sucedieron.
Fuente: ElConfidencial