La increíble travesía de dos italianos que cruzaron el Atlántico en autos flotantes para cumplir el último sueño de un padre
En 1999, dos jóvenes italianos recorrieron el océano Atlántico durante 119 días a bordo de dos automóviles modificados para flotar. La expedición buscó cumplir el último deseo de Giorgio Amoretti, un aventurero que soñó durante décadas con realizar esa travesía.

Lo que parecía una idea imposible terminó convirtiéndose en una de las expediciones más insólitas de finales del siglo XX. En 1999, Marco Amoretti y Marco De Candia cruzaron el océano Atlántico a bordo de dos automóviles transformados en embarcaciones flotantes para hacer realidad el sueño de Giorgio Amoretti, padre de Marco y reconocido aventurero italiano.
La travesía comenzó en la isla española de La Palma, en Canarias, y concluyó 119 días después en la isla caribeña de Martinica, tras recorrer miles de kilómetros enfrentando tormentas, averías, tiburones y largos períodos de aislamiento en alta mar.
Un sueño que nació décadas antes
Giorgio Amoretti había dedicado buena parte de su vida a protagonizar aventuras poco convencionales. Entre ellas figuraban expediciones por el desierto y numerosos proyectos destinados a llamar la atención sobre causas sociales.
Su mayor objetivo era demostrar que un automóvil podía convertirse en una embarcación capaz de cruzar el Atlántico. Durante años trabajó en un prototipo, pero nunca consiguió reunir los recursos necesarios para concretar el viaje.
Cuando fue diagnosticado con un cáncer terminal en 1998, sus hijos decidieron hacer realidad aquel sueño antes de que fuera demasiado tarde.
Autos adaptados para navegar
Para la expedición utilizaron un Volkswagen Passat y un Ford Taunus, modificados especialmente para soportar la navegación.
Los vehículos fueron equipados con quillas metálicas, mástiles, paneles solares, un teléfono satelital, depósitos de agua y alimentos, además de espuma de poliuretano en su interior para garantizar la flotabilidad.
El 4 de mayo de 1999, ambos automóviles fueron lanzados al mar desde La Palma con la intención de dejarse llevar por las corrientes oceánicas rumbo al Caribe.
Una travesía llena de dificultades
Los primeros días fueron especialmente complicados. Dos integrantes del equipo sufrieron fuertes mareos y tuvieron que ser rescatados en helicóptero, por lo que únicamente Marco Amoretti y Marco De Candia continuaron la aventura.
Con el paso de las semanas aprendieron a convivir con el océano. Pescaban para alimentarse, realizaban constantes reparaciones en los vehículos y aprovechaban las enseñanzas de supervivencia que Giorgio les había transmitido antes del viaje.
También enfrentaron la presencia de tiburones, desperfectos técnicos y la pérdida temporal de comunicación con sus familias cuando el teléfono satelital dejó de funcionar durante varias semanas.
Una noticia que llegó demasiado tarde
Mientras los aventureros permanecían incomunicados en alta mar, Giorgio Amoretti falleció víctima del cáncer.
Su familia decidió no informar inmediatamente la noticia para evitar que Marco abandonara la expedición. Solo cuando el viaje estaba cerca de finalizar conoció el fallecimiento de su padre, cuyo sueño estaba a punto de cumplirse.
El sueño se hizo realidad tras 119 días
A finales de agosto de 1999, los dos italianos finalmente divisaron la costa de Martinica. Su llegada fue recibida por periodistas, curiosos y familiares que siguieron con atención una aventura que había despertado interés internacional.
Tras cuatro meses en el mar, ambos aseguraron que la experiencia cambió profundamente su forma de entender la vida. Para ellos, más allá del desafío deportivo o técnico, el verdadero logro fue cumplir el último deseo de un padre que nunca dejó de creer en un proyecto considerado imposible.
Una historia que sigue inspirando
Años después de la expedición, Marco Amoretti publicó los diarios del viaje y expresó su deseo de que la historia sea llevada al cine.
La travesía de los llamados «autonautas» continúa siendo recordada como una de las aventuras más extraordinarias realizadas sobre el océano Atlántico, una muestra de perseverancia, ingenio y del vínculo entre un padre y su hijo que trascendió incluso la muerte.
Fuente: BBC