Querés cumplir tus tareas pero no arrancás y un estudio explora qué pasa en el cerebro

Investigadores de la Universidad de Kioto identificaron en macacos un circuito cerebral que puede frenar el inicio de una acción cuando se anticipa malestar.

Saber que una tarea es importante no siempre alcanza para empezar a hacerla. Una investigación de la Universidad de Kioto sugiere que la dificultad puede relacionarse con un mecanismo cerebral que frena el inicio de una acción cuando se anticipa una experiencia desagradable.

El equipo liderado por el neurocientífico Ken-ichi Amemori estudió ese proceso en monos macacos. Sus resultados ofrecen pistas para comprender la motivación, aunque no constituyen una explicación definitiva de la procrastinación humana.

Valorar una recompensa y empezar son procesos diferentes

Durante décadas, la motivación se explicó principalmente mediante el cálculo de costes y beneficios. Desde esa perspectiva, una persona actuaría cuando la recompensa esperada resulta suficientemente atractiva frente al esfuerzo necesario.

Los investigadores plantean que existe otro componente: el mecanismo que permite iniciar la conducta. Así, valorar una meta y ponerse en marcha podrían depender de procesos distintos.

Esta diferencia ayuda a explorar por qué una recompensa clara puede coexistir con una dificultad para actuar. El obstáculo podría aparecer al comenzar, incluso cuando el beneficio sigue siendo valorado.

El experimento combinó agua y una experiencia incómoda

Para investigar ese mecanismo, los científicos trabajaron con macacos, cuyo sistema motivacional presenta similitudes relevantes con el humano. Los animales debían elegir entre opciones que ofrecían distintas cantidades de agua.

Algunas alternativas incluían una recompensa mayor acompañada de una ráfaga de aire en la cara. Otras proporcionaban menos agua, pero evitaban esa incomodidad.

El diseño permitió observar cómo respondía el cerebro cuando obtener un beneficio también implicaba anticipar malestar. Mediante electrodos, el equipo registró la actividad de las regiones involucradas.

Dos regiones participan en el posible freno motivacional

El estudio se centró en la conexión entre el estriado ventral y el pálido ventral, regiones de los ganglios basales relacionadas con la motivación y la toma de decisiones.

Cuando los animales anticipaban una experiencia desagradable, aumentaba la actividad del estriado ventral. En cambio, cuando las opciones solo variaban en la cantidad de recompensa, predominaba la actividad del pálido ventral.

Los registros sugirieron una interacción inhibidora entre ambas regiones. La señal asociada al malestar podía limitar el impulso para iniciar la tarea, según la interpretación de los investigadores.

Al modificar la conexión los animales volvieron a actuar

El equipo utilizó una técnica quimiogenética para inhibir selectivamente la comunicación entre esas regiones. Con esa intervención, observó una recuperación de la motivación para comenzar la tarea.

Según los autores, el cambio no alteró la valoración de la recompensa. Los animales seguían evaluando la meta, pero disminuía el freno que dificultaba iniciar la conducta.

Este resultado respalda la distinción entre valorar un objetivo y actuar para conseguirlo. Sin embargo, la intervención fue experimental y se realizó en animales; no es un tratamiento disponible para quienes postergan sus obligaciones.

Reducir la dificultad de empezar podría importar

Amemori plantea que, cuando el problema se encuentra en la iniciación, aumentar los incentivos o la presión externa podría resultar insuficiente. Su propuesta apunta a reducir las señales de rechazo asociadas al comienzo.

Dividir una tarea en pasos pequeños o disminuir la sensación de evaluación constante son estrategias que podrían ayudar en esos casos, según la interpretación del investigador.

El estudio aporta una base para explorar esa posibilidad, pero no demuestra por sí solo la eficacia de esas estrategias en personas. Tampoco permite atribuir todos los casos de procrastinación a un único circuito cerebral.

El hallazgo abre preguntas sobre estrés y abulia

El investigador también advierte que el estrés y las interrupciones continuas podrían mantener activadas las señales relacionadas con el rechazo. Plantea que una estimulación persistente podría favorecer cambios en el circuito estudiado.

Los autores vinculan esta hipótesis con la abulia, un cuadro caracterizado por dificultades importantes de iniciativa y motivación, y con trastornos como la depresión. Esa relación requiere más investigación y no equivale a identificar la postergación cotidiana con una enfermedad.

El equipo menciona la posibilidad de explorar intervenciones para restaurar el equilibrio del circuito, incluida la estimulación cerebral profunda. Se trata de una perspectiva de investigación clínica, con procedimientos invasivos reservados para casos cuidadosamente seleccionados.

Fuente: LA NACION

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