Preferir ayudar a un animal no implica menor preocupación por las personas, según un estudio
Una investigación con 407 universitarios encontró que mostrar mayor disposición a ayudar a un animal que a una persona desconocida no se asocia con una menor preocupación general por los demás. La vulnerabilidad percibida y la familiaridad con cada especie podrían influir en esas respuestas, aunque el estudio no permite establecer un perfil psicológico universal.

Mostrar una mayor disposición a ayudar a un animal que a una persona desconocida no está asociado con una menor preocupación general por los demás, según una investigación realizada con 407 estudiantes universitarios.
El trabajo encontró diferencias en las respuestas frente al sufrimiento de humanos, mascotas y animales de granja. Los autores plantean que percibir a los animales como más indefensos, dependientes o vulnerables podría contribuir a explicar la mayor intención de ayudarlos.
La investigación fue realizada por María Suñol, Brock Bastian y Marina López-Solà y publicada el 2 de marzo de 2026 en Scientific Reports.
Cómo se evaluó la respuesta frente al dolor
Los investigadores desarrollaron una prueba denominada Cross-Species Pain Empathy Task (C-SPET) para analizar la percepción del sufrimiento y la intención de ayudar a individuos de distintas especies.
Los participantes observaron 36 imágenes de humanos, perros, gatos, vacas y cerdos. Algunas mostraban heridas visibles y otras presentaban partes del cuerpo sin señales de lesión.
Después de cada imagen, debían indicar cuánto dolor creían que experimentaba el individuo observado y qué proporción de su tiempo libre semanal estarían dispuestos a dedicar a ayudarlo a recuperarse.
En términos generales, expresaron una mayor intención de ayudar a los animales que a los humanos. La vulnerabilidad percibida fue una de las posibles explicaciones planteadas por los autores.
Las respuestas cambiaron según la especie y las heridas
Cuando las imágenes no mostraban lesiones, los participantes atribuyeron mayor sufrimiento a los animales de granja que a las mascotas y manifestaron más disposición a ayudarlos.
Los investigadores señalaron que las personas podrían incorporar lo que conocen o imaginan sobre las condiciones de vida de vacas y cerdos al evaluar su bienestar, incluso sin observar una herida.
Ante lesiones visibles, la tendencia cambió. Los perros y gatos fueron percibidos como más sufrientes y despertaron una mayor intención de ayuda.
Entre las posibles explicaciones, el estudio menciona la familiaridad y los vínculos afectivos que las personas suelen establecer con las mascotas.
La preferencia por ayudar a animales no define un perfil único
Priorizar la ayuda hacia otras especies se relacionó con actitudes más positivas hacia los animales y menores niveles de prejuicio. Sin embargo, los resultados no permiten construir un perfil psicológico universal de quienes manifiestan esa preferencia.
El equipo evaluó variables como empatía, altruismo, preocupación moral, solidaridad con los animales y especismo, además de orientación hacia la dominancia social y experiencias relacionadas con el dolor.
La investigación plantea que la respuesta ante el sufrimiento puede variar según la especie, las señales visibles de lesión y determinadas actitudes individuales.
El estudio midió intenciones y no conductas reales
Una de las principales limitaciones es que la muestra estuvo integrada por estudiantes universitarios. Además, el experimento registró respuestas ante imágenes, sin observar cómo actuarían los participantes en situaciones reales.
Tampoco se les exigió elegir directamente entre ayudar a una persona o a un animal. Por eso, una mayor intención de asistencia no demuestra que tomarían esa misma decisión ante una emergencia.
Los autores señalan que la percepción del sufrimiento animal también puede estar relacionada con la familiaridad, la similitud percibida con los humanos, la inteligencia atribuida a cada especie y el lugar que ocupa en la vida de las personas. Estos factores ayudan a comprender las diferencias observadas sin reducirlas a una supuesta indiferencia hacia los demás.
Fuente: LA NACION