Mymba Kuéra, el monumental rescate de más de 30.000 animales durante la construcción de Itaipú
Un equipo paraguayo encabezado por el ingeniero agrónomo Darío Pérez Chena rescató 27.150 animales durante la formación del embalse de Itaipú. Con los ejemplares recuperados en Brasil, la cifra total llegó a casi 39.000.

En 1982, mientras las aguas comenzaban a cubrir una extensa región del Alto Paraná, un equipo paraguayo inició una carrera contra el tiempo para salvar a miles de animales.
El operativo fue denominado Mymba Kuéra, expresión en guaraní que significa “los animales”, y estuvo dirigido por el ingeniero agrónomo Darío Pérez Chena.
La misión permitió rescatar 27.150 ejemplares en el lado paraguayo. En Brasil fueron recuperados otros 11.000, por lo que el balance total se acercó a los 39.000 animales.
La formación del embalse de Itaipú
La construcción de la represa llevó nueve años y empleó a cerca de 40.000 personas. Para realizar las obras en terreno seco fue necesario excavar un canal y desviar temporalmente el río Paraná.
Cuando los trabajos finalizaron, las compuertas del canal fueron cerradas para comenzar a llenar el embalse, cuya superficie alcanzaría aproximadamente 1.350 kilómetros cuadrados.
La zona que quedaría inundada formaba parte del Bosque Atlántico del Alto Paraná, uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad del planeta.
Años de preparación
Los preparativos para el rescate comenzaron varios años antes. Botánicos, zoólogos, ingenieros forestales y otros especialistas realizaron un inventario de las especies presentes en la región.
Cada avistamiento era registrado y los animales también eran identificados mediante huellas, excrementos y otras señales.
Este trabajo permitió reunir un importante archivo sobre la fauna paraguaya y sirvió como experiencia para estudiantes de biología, veterinaria y agronomía.
Un equipo de 189 rescatistas
El operativo fue desarrollado por 189 personas bajo la dirección de Pérez Chena. Para integrar el grupo debían saber nadar, tener buenas condiciones físicas y estar preparados para trabajar en un ambiente peligroso.
Otros 150 profesionales se encargaron de las tareas de apoyo, entre ellos médicos, enfermeros, pilotos de helicóptero, mecánicos y bomberos.
Los rescatistas se desplazaban en lanchas y se comunicaban mediante radios. También llevaban jaulas, redes, lazos y suero antiofídico para responder ante posibles mordeduras de serpientes.
Una carrera contra el tiempo
El operativo comenzó el 13 de octubre de 1982, el mismo día en que fueron cerradas las compuertas del canal y empezó a subir el nivel del agua.
Durante las primeras jornadas fueron rescatados pocos animales, pero la cifra aumentó rápidamente. En el momento más intenso, los equipos recuperaron más de 600 ejemplares en un solo día.
La prioridad eran las especies que no sabían nadar o podían agotarse mientras intentaban escapar. Los jaguares no fueron capturados porque podían desplazarse por el agua hacia lugares seguros.
Monos, aves y animales venenosos
Los equipos encontraron monos con sus crías, armadillos, serpientes, tarántulas, aves y numerosos animales que permanecían atrapados en árboles o pequeñas áreas de tierra.
Aunque los monos podían nadar, corrían el riesgo de cansarse y ahogarse. Algunos fueron encontrados con sus crías aferradas al cuello.
Los rescatistas también debieron trabajar con serpientes y tarántulas venenosas. Cada lancha contaba con suero antiofídico debido al peligro que representaban algunas especies.
Casi la mitad de los animales eran serpientes
El operativo se extendió hasta el 10 de enero de 1983. En total, el equipo paraguayo salvó 27.150 animales.
El 45% de los ejemplares rescatados eran serpientes y aproximadamente la mitad de ellas pertenecía a especies venenosas.
A pesar de los riesgos, los 189 integrantes regresaron con vida. Solamente se registraron incidentes menores, como algunas mordeduras de monos.
Trasladados a zonas protegidas
Muchos animales fueron liberados en más de 100.000 hectáreas de áreas protegidas pertenecientes al mismo ecosistema del Bosque Atlántico del Alto Paraná.
Centenares de serpientes fueron enviadas al Instituto Butantán de São Paulo para investigaciones y para la elaboración de sueros antiofídicos.
Algunos armadillos de seis bandas fueron trasladados a Tokio para ser estudiados debido a su resistencia a enfermedades como la lepra.
No todos pudieron ser rescatados
Pérez Chena reconoció que numerosos animales no pudieron salvarse, especialmente insectos y especies que permanecían refugiadas bajo tierra.
El equipo trabajó con los conocimientos y los recursos disponibles en aquella época, cuando las radios y los motores de las embarcaciones eran mucho menos avanzados que los actuales.
El ingeniero sostuvo que pudieron cometerse errores por falta de experiencia, pero aseguró que nunca existió negligencia y que todos trabajaron convencidos de que estaban protegiendo la biodiversidad.
Un legado para la conservación
El rescate de 1982 ayudó a establecer las bases de reservas y proyectos destinados a proteger la fauna y la flora de la región.
Mymba Kuéra recibió diferentes reconocimientos internacionales y permanece como uno de los mayores operativos de rescate de animales realizados en Sudamérica.
Para Pérez Chena, mantener viva esta historia permite aprender del pasado y evitar que se repitan los mismos errores.
“La historia es la maestra de la vida”, afirmó al recordar una misión que dejó una huella permanente en la protección ambiental de Paraguay.
Fuente: BBC NEWS MUNDO