Marruecos convirtió el Sol del Sáhara en energía para más de un millón de personas
El complejo Noor Ouarzazate alcanza una capacidad instalada de 580 megavatios y combina cuatro plantas solares. Su tecnología permite almacenar calor durante el día y continuar generando electricidad hasta siete horas después del anochecer.

A las puertas del Sáhara marroquí se levanta uno de los proyectos energéticos más ambiciosos construidos en África. El complejo solar Noor Ouarzazate cumple una década desde la puesta en marcha de su primera fase y continúa siendo una de las mayores apuestas renovables del continente.
Su enorme extensión y su capacidad para almacenar energía cambiaron el paisaje árido de Uarzazate. En este lugar, el Sol no solamente produce electricidad durante el día, sino que permite mantener la generación durante varias horas después del anochecer.
Energía para más de un millón de personas
Marruecos inauguró la primera fase de Noor en febrero de 2016. Una vez completado, el complejo alcanzó una capacidad instalada de 580 megavatios.
Según el Banco Mundial, esa potencia puede cubrir las necesidades eléctricas de más de un millón de personas.
Sin embargo, su principal particularidad no está solamente en su tamaño. Noor puede almacenar parte del calor recogido durante las horas de mayor radiación solar y utilizarlo cuando el Sol ya se ha ocultado.
Cuatro plantas con tecnologías diferentes
Noor Ouarzazate no es una única central, sino un complejo integrado por cuatro instalaciones que utilizan distintas tecnologías.
Noor I comenzó a funcionar en 2016 con una capacidad de 160 megavatios y colectores cilindroparabólicos. Noor II utiliza el mismo sistema y aporta otros 200 megavatios.
Noor III cuenta con una capacidad de 150 megavatios y utiliza una torre central rodeada de miles de espejos. Noor IV completa el conjunto con una planta fotovoltaica de 70 megavatios.
Una torre rodeada por miles de espejos
La imagen más reconocida del proyecto pertenece a Noor III, que inició sus operaciones comerciales a finales de 2018.
En el centro de la instalación se encuentra una torre de 250 metros. A su alrededor, miles de espejos orientables siguen el desplazamiento del Sol y concentran su radiación sobre un receptor ubicado en la parte superior.
El calor recogido se almacena mediante sales fundidas. Este sistema permite seguir generando electricidad durante aproximadamente siete horas después de la puesta del Sol.
Una respuesta a la dependencia energética
Marruecos posee abundantes recursos solares y eólicos, pero prácticamente no cuenta con yacimientos propios de petróleo o gas.
Cuando comenzó a desarrollarse Noor, el país dependía de las importaciones para cubrir cerca del 95% de sus necesidades de energía primaria.
El proyecto surgió como una respuesta a esa vulnerabilidad. Marruecos decidió aprovechar el recurso natural que posee en abundancia y convertir el Sol en una pieza central de su estrategia energética.
Las renovables ganan espacio en Marruecos
Actualmente, las fuentes renovables representan alrededor del 44% de la capacidad eléctrica instalada del país.
La meta oficial es superar el 52% para 2030, un objetivo que coloca a la energía solar y eólica en el centro de la transformación del sistema eléctrico marroquí.
Noor se convirtió así en una referencia para África y en una demostración del potencial que tienen las regiones desérticas para producir electricidad limpia a gran escala.
Una década marcada por avances y dificultades
La construcción del complejo requirió más de USD 3.000 millones en financiación internacional. Su puesta en marcha también dejó importantes aprendizajes técnicos.
En 2024, Noor III sufrió una fuga en uno de sus tanques de sales fundidas. El problema obligó a detener la planta durante un periodo prolongado, hasta que las reparaciones concluyeron en abril de 2025.
El incidente mostró la complejidad de operar una infraestructura de esta magnitud, especialmente cuando depende de tecnologías avanzadas para conservar y utilizar el calor acumulado.
El desierto convertido en fuente de futuro
Diez años después de que Noor I comenzara a generar electricidad, el complejo mantiene una capacidad total de 580 megavatios.
Su presencia transformó el paisaje de Uarzazate y demostró que el desierto puede ser mucho más que una barrera geográfica.
En Marruecos, la intensa radiación del Sáhara se convirtió en una fuente de electricidad, desarrollo tecnológico y menor dependencia energética. Noor representa una apuesta para convertir una condición natural del territorio en una oportunidad de futuro.
Por Francisca Segovia | Desde Nueva York para el mundo entero