África busca recuperar una superficie equivalente a casi dos Españas antes de 2030
La Gran Muralla Verde dejó de ser una simple franja de árboles para convertirse en un amplio programa de restauración del Sahel. Su meta es recuperar 100 millones de hectáreas, capturar 250 millones de toneladas de carbono y generar 10 millones de empleos verdes antes de 2030.

El proyecto original imaginaba una enorme línea de árboles atravesando África de oeste a este. Sería un corredor verde de aproximadamente 8.000 kilómetros, desde Senegal hasta Yibuti, levantado frente a una de las zonas más áridas del planeta.
La iniciativa, lanzada por la Unión Africana en 2007, continúa en marcha, pero ya no busca construir una barrera uniforme. Casi dos décadas después, la Gran Muralla Verde se transformó en un programa mucho más amplio para recuperar tierras y mejorar la vida de las comunidades del Sahel.
Una meta de dimensiones continentales
El objetivo es restaurar 100 millones de hectáreas antes de 2030. La superficie equivale a un millón de kilómetros cuadrados, casi el doble del territorio de España, que posee alrededor de 506.000.
La iniciativa también pretende capturar 250 millones de toneladas de carbono y crear 10 millones de empleos verdes.
No se trata únicamente de plantar árboles. El proyecto busca recuperar suelos degradados, proteger las fuentes de agua, fortalecer la producción de alimentos y generar oportunidades económicas para las poblaciones locales.
El Sahel enfrenta múltiples amenazas
El Sahel se extiende inmediatamente al sur del Sahara y alberga a más de 135 millones de personas.
La región enfrenta una combinación de degradación del suelo, sequías, inseguridad alimentaria y pobreza. Estas condiciones demostraron que sembrar árboles de forma aislada no podía resolver un problema tan complejo.
La estrategia comenzó entonces a adaptarse a las necesidades ambientales y sociales de cada territorio, reemplazando la idea de una muralla continua por un mosaico de paisajes recuperados.
De una barrera forestal a un mosaico de vida
La restauración puede adoptar formas diferentes según el lugar. En algunas zonas se plantan acacias, mientras que en otras se permite que árboles antiguos vuelvan a crecer desde sus raíces.
También se construyen sistemas para retener el agua de lluvia, se crean cortavientos y se protegen áreas destinadas al pastoreo.
Este modelo busca recuperar las funciones naturales del territorio sin imponer la misma solución en todo el continente. Cada intervención se ajusta al clima, al suelo y a las necesidades de las comunidades.
Senegal impulsa viveros y reservas de alimento
En Senegal, varios proyectos están creando bancos de forraje para alimentar al ganado durante la estación seca.
También se desarrollan viveros comunitarios destinados a recuperar especies que habían desaparecido en determinadas zonas, como las acacias y el Balanites aegyptiaca.
Estas acciones combinan restauración ambiental con beneficios directos para la población. Los árboles ayudan a recuperar el suelo, mientras el forraje protege una actividad económica esencial para numerosas familias.
El avance real todavía es difícil de medir
Las cifras históricas de Naciones Unidas señalaban que cerca de 18 millones de hectáreas habían sido restauradas.
Sin embargo, medir el progreso completo se ha convertido en uno de los grandes desafíos del proyecto. Los países y organizaciones participantes no siempre utilizan los mismos sistemas para registrar y comunicar sus resultados.
A finales de 2025 existían 389 proyectos registrados, pero menos de 90 aportaban información compatible con el nuevo mecanismo de seguimiento.
Un enorme vacío de información
Los proyectos que sí presentaron datos documentaron 1,66 millones de hectáreas en restauración, 24 millones de toneladas de dióxido de carbono mitigadas y 4,6 millones de empleos creados.
Naciones Unidas advirtió que estas cifras no reflejan necesariamente todo el trabajo realizado sobre el terreno. Existe un importante vacío de información que impide conocer con precisión el avance general.
La falta de datos comparables también dificulta determinar cuánto falta para alcanzar la meta establecida para 2030.
El financiamiento sigue siendo insuficiente
El tiempo no es el único obstáculo. Aunque se comprometieron miles de millones de dólares, los organismos internacionales consideran que el financiamiento disponible continúa lejos de cubrir todas las necesidades.
Restaurar territorios degradados requiere recursos para plantar, mantener, vigilar y medir los proyectos durante años.
Sin una inversión constante, muchas intervenciones pueden quedar incompletas o perder los avances conseguidos. El mantenimiento a largo plazo resulta tan importante como la puesta en marcha de nuevas iniciativas.
Una muralla diferente a la imaginada
La Gran Muralla Verde probablemente nunca será una franja perfecta de árboles cruzando África. En numerosos territorios, una plantación uniforme tampoco sería la alternativa más adecuada desde el punto de vista ecológico.
En su lugar, podría surgir una extensa sucesión de parcelas recuperadas, árboles combinados con cultivos, pastizales regenerados y sistemas para conservar el agua.
La transformación también puede generar nuevas fuentes de ingresos para comunidades que actualmente enfrentan pobreza, escasez de alimentos y pérdida de tierras productivas.
Una posible maravilla mundial viva
La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación ha señalado que el proyecto, si alcanza la escala prevista, podría convertirse en una “maravilla mundial” viva de 8.000 kilómetros.
África comenzó con la idea de plantar una pared de árboles frente al avance del desierto. Con el tiempo, comprendió que el desafío exigía restaurar ecosistemas completos y fortalecer a las personas que viven en ellos.
A pocos años de 2030, la Gran Muralla Verde enfrenta una prueba decisiva: demostrar que uno de los mayores proyectos ambientales de la historia puede avanzar a escala continental y producir cambios duraderos.
Por Francisca Segovia | Desde Nueva York para el mundo entero