La administración Trump intensifica la presión sobre La Habana, proyectando un posible colapso ante el aislamiento regional y la crisis energética.

El Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, ha dejado clara la postura de la nueva administración de Donald Trump frente a la isla de Cuba: Washington no solo desea, sino que considera de «gran beneficio» un cambio de gobierno en la nación caribeña. Durante una reciente comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Rubio —el primer cubano-estadounidense en ocupar este alto cargo— evitó comprometerse a que EE. UU. no intervendría para provocar dicho cambio, aunque matizó que el objetivo no es necesariamente una acción militar directa, sino el aprovechamiento de un sistema que calificó como «roto y congelado».

El fin de los subsidios y la «Asfixia Petrolera»

Una de las piezas clave de este nuevo panorama es el drástico cambio en Venezuela. Tras las recientes operaciones estadounidenses que resultaron en la captura de Nicolás Maduro, el flujo de petróleo subsidiado que mantenía a flote la economía cubana se ha detenido. Marco Rubio enfatizó que Cuba ya no cuenta con el respaldo de Caracas, lo que sitúa a la isla al borde de un colapso operativo.

Fuentes externas indican que la estrategia de la Casa Blanca se centra ahora en una «asfixia económica» total. La administración ha amenazado con imponer aranceles a otros países que intenten suplantar a Venezuela como proveedores de energía, incluyendo advertencias implícitas a México y Rusia.

Seguridad Nacional y Alianzas Estratégicas

Para Rubio, Cuba no es solo un asunto de política interna o de derechos humanos, sino una amenaza directa a la seguridad nacional. Ha denunciado reiteradamente la presencia de bases de inteligencia chinas y la cooperación militar con Rusia e Irán en territorio cubano. Según el Secretario de Estado, un cambio de dinámica en la isla permitiría eliminar un «títere» de potencias extranjeras en el hemisferio occidental.

La Respuesta de La Habana

Desde la capital cubana, el gobierno de Miguel Díaz-Canel ha calificado estas declaraciones como un «acto de terrorismo diplomático» y una violación a la soberanía. Aunque Cuba ha expresado una disposición teórica al diálogo, ha dejado claro que no negociará bajo «coerción» ni amenazas. Sin embargo, la realidad interna es crítica: la isla enfrenta su peor crisis energética desde 1959, con apagones masivos y una escasez de alimentos que Rubio atribuye no al embargo, sino a la «incapacidad de gestión» del modelo comunista.

Proyecciones para 2026

El escenario planteado por Washington sugiere que la presión no disminuirá. Con Rubio a la cabeza del Departamento de Estado, la política exterior se ha vuelto más asertiva. Se espera que en los próximos meses se intensifiquen las restricciones sobre remesas y vuelos, buscando forzar una fractura dentro de los sectores militares o civiles del gobierno cubano que facilite una transición.


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