La NASA revela nuevos secretos de Ío, la luna con más de 400 volcanes activos del sistema solar

La misión Juno de la NASA logró obtener la radiografía térmica más detallada realizada hasta ahora del interior de Ío, la luna más volcánica del sistema solar. Los datos revelan un intenso calor bajo su superficie helada y aportan nuevas pistas sobre el funcionamiento de uno de los mundos más activos conocidos.

La exploración del sistema solar dio un nuevo paso con los resultados obtenidos por la misión Juno de la NASA, que consiguió estudiar por primera vez el comportamiento térmico del interior de Ío, una de las lunas de Júpiter y el cuerpo con mayor actividad volcánica conocido.

La investigación, publicada en la revista Journal of Geophysical Research: Planets, ofrece nuevos detalles sobre el origen del intenso calor que alimenta sus cientos de volcanes y ayuda a comprender mejor la evolución geológica de otros mundos.

Un mundo dominado por volcanes

Con un diámetro de 3.643 kilómetros, Ío alberga más de 400 volcanes activos, lo que la convierte en el objeto geológicamente más dinámico del sistema solar.

Aunque su superficie registra temperaturas cercanas a los -143 °C, los científicos detectaron que el calor aumenta rápidamente a pocos metros de profundidad, una diferencia que no puede explicarse únicamente por la radiación solar.

La sonda Juno exploró su interior

Durante dos sobrevuelos realizados entre finales de 2023 y comienzos de 2024, la nave Juno pasó a unos 1.500 kilómetros de la superficie de Ío.

Gracias a su Radiómetro de Microondas (MWR), los investigadores pudieron analizar diferentes capas del subsuelo y comprobar que existe una importante fuente de calor interna que alimenta la intensa actividad volcánica del satélite.

La gravedad de Júpiter mantiene a Ío en constante actividad

Los especialistas atribuyen este fenómeno al llamado calentamiento por marea, provocado por la enorme fuerza gravitatoria de Júpiter.

Esa atracción deforma continuamente la superficie de Ío, generando fricción en su interior y liberando una enorme cantidad de energía. Los investigadores creen que ese proceso permite mantener reservas de lava bajo una capa rocosa y alimenta las frecuentes erupciones volcánicas.

Un hallazgo que también ayudará a estudiar la Tierra

Además del calor subterráneo, la misión detectó grandes llanuras formadas por materiales volcánicos de baja densidad, similares a la piedra pómez.

Los científicos consideran que esta tecnología también podría aplicarse en la Tierra para estudiar volcanes activos y detectar cambios térmicos bajo la superficie, contribuyendo a mejorar la comprensión de los procesos geológicos y, en el futuro, fortalecer los sistemas de monitoreo volcánico.

Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC

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