Investigan las fugas de residuos radiactivos en barriles hundidos en el Atlántico
Una expedición científica examinó contenedores de residuos radiactivos depositados durante décadas en el Atlántico nororiental. Los investigadores observaron deterioro y filtraciones y recogieron muestras para estudiar la dispersión de contaminantes y sus posibles efectos sobre la fauna de las profundidades.

Campagne NODSSUM, CNRS, Flotte océanographique français
Los residuos radiactivos arrojados durante décadas al Atlántico siguen planteando interrogantes sobre sus consecuencias ambientales. Una expedición del proyecto Nodssum estudió el estado de los contenedores depositados en el sector nororiental del océano y recogió muestras para evaluar qué ocurre cuando sus estructuras se deterioran.
Según la información publicada por National Geographic, el área reúne alrededor de 200.000 barriles sumergidos entre 1950 y 1990. La investigación busca conocer cómo se liberan los contaminantes, de qué manera se dispersan y qué efectos podrían tener sobre los ecosistemas profundos.
Una exploración a más de 4.700 metros
El equipo, liderado por el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, CNRS, trabajó desde el buque Pourquoi Pas?. Durante la misión realizó 20 inmersiones con un sumergible tripulado y alcanzó profundidades superiores a los 4.700 metros.
Las observaciones descritas en la publicación mostraron un deterioro avanzado de algunos contenedores metálicos y filtraciones hacia el lecho marino. Esto no significa que se hayan inspeccionado individualmente los 200.000 barriles ni que todos presenten las mismas condiciones.
Las muestras permitirán precisar el alcance
Los investigadores recogieron sedimentos, agua y organismos marinos para analizar la presencia y el comportamiento de los materiales radiactivos. Según el artículo, las mediciones realizadas durante la expedición indicaron niveles moderados de contaminación en los puntos examinados.
Ese resultado no resuelve por sí solo las dudas sobre las consecuencias futuras. Los análisis permitirán estudiar cuánto material se libera, dónde queda depositado y cómo puede incorporarse a los organismos que habitan alrededor de los contenedores.
La fauna utiliza los barriles como refugio
Las imágenes de la expedición también mostraron animales instalados sobre las superficies oxidadas. Algunas especies utilizan los restos como estructuras de fijación o refugios, incorporándolos al paisaje del fondo oceánico.
La presencia de vida no demuestra que los residuos sean inocuos. Los científicos continúan examinando las muestras biológicas para conocer posibles efectos celulares y determinar si los organismos acumulan radionucleidos, los elementos radiactivos presentes en esos materiales.
La dispersión es una de las principales preguntas
Otro objetivo es comprender cómo las corrientes profundas pueden transportar los contaminantes fuera de las zonas de vertido. Para ello, resulta necesario relacionar las mediciones del agua con los análisis de sedimentos y fauna.
El estudio de la bioacumulación y del movimiento de los radionucleidos ayudará a evaluar su posible incorporación a las cadenas alimentarias marinas. La publicación presenta estas cuestiones como líneas de investigación abiertas, cuyos resultados requieren trabajo de laboratorio y seguimiento.
Un legado que exige vigilancia prolongada
Los vertidos respondían a la expectativa de que los contenedores conservaran los residuos durante un tiempo suficiente para limitar su impacto. Su degradación obliga ahora a estudiar un problema que permanece en lugares remotos y de difícil acceso.
El seguimiento continuará durante los próximos años. Los datos servirán para mejorar los modelos de dispersión y comprender las consecuencias de estas prácticas históricas, además de aportar información para la gestión de residuos peligrosos y la protección del medio marino.
Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC