Hashimoto y alimentación, qué se sabe sobre eliminar gluten, lácteos y seguir dietas restrictivas

Una revisión sobre nutrición y salud tiroidea no encontró respaldo suficiente para eliminar alimentos sin una indicación específica. El trabajo destacó señales favorables del patrón mediterráneo, aunque sin considerarlo un tratamiento de la enfermedad.

Eliminar gluten o lácteos no constituye una recomendación general para todas las personas con tiroiditis de Hashimoto. Una revisión sobre nutrición y salud tiroidea, recogida por Infobae, señala que las restricciones sin una indicación específica no han demostrado mejorar la función de la glándula.

El trabajo, publicado en el Journal of Endocrinological Investigation, también destaca indicios favorables del patrón mediterráneo. Sin embargo, aclara que ninguna dieta reemplaza la levotiroxina cuando el tratamiento está clínicamente indicado.

Una enfermedad autoinmune que requiere seguimiento

En la tiroiditis de Hashimoto, el sistema inmunológico ataca la glándula tiroides y puede deteriorar su capacidad para producir hormonas. Estas intervienen en funciones como el metabolismo, la regulación de la temperatura y los niveles de energía.

La enfermedad combina factores genéticos y ambientales. La alimentación puede acompañar el bienestar y el cuidado nutricional, pero no revierte por sí sola el proceso autoinmune.

El gluten no debe eliminarse de manera automática

Según la revisión descrita, no existe evidencia suficiente para recomendar una dieta sin gluten a todos los pacientes con Hashimoto que no tienen celiaquía.

Los autores también advierten sobre la calidad de algunos productos sustitutivos, que pueden contener cantidades elevadas de grasas o azúcares. La etiqueta “sin gluten” no garantiza, por sí misma, una mejor composición nutricional.

La decisión de restringir alimentos debe responder a necesidades individuales y a diagnósticos concretos, en lugar de aplicarse únicamente por tener una enfermedad tiroidea.

Lactosa y lácteos requieren distinguir cada situación

El material también cuestiona la exclusión generalizada de los lácteos sin intolerancia comprobada u otra indicación. Retirar grupos de alimentos sin planificar alternativas puede reducir el aporte de nutrientes.

Además, evitar lactosa y eliminar todos los lácteos son decisiones diferentes. El alcance de cualquier modificación alimentaria debe ajustarse al problema identificado y a las opciones disponibles para mantener una dieta suficiente y variada.

Los resultados de la dieta keto en ratones no prueban beneficios en humanos

Una investigación citada por el artículo evaluó una dieta cetogénica durante cuatro semanas en ratones con tiroiditis autoinmune inducida por yodo. Los animales mostraron menor inflamación y cambios en algunos indicadores inmunitarios.

Los propios investigadores presentaron esos resultados como una prueba de concepto que necesita ensayos en personas. No permiten recomendar ese régimen como tratamiento de Hashimoto.

Por otra parte, la revisión señala reducciones de T3, la hormona tiroidea activa, con versiones cetogénicas muy bajas en calorías. Ese hallazgo corresponde a esas intervenciones específicas y no debe generalizarse a todas las formas de alimentación baja en carbohidratos.

La dieta mediterránea presenta señales favorables

Entre los patrones examinados, la revisión destacó la dieta mediterránea, caracterizada por la presencia de vegetales, cereales integrales, aceite de oliva y pescado.

Los indicios antiinflamatorios y antioxidantes descritos justifican su interés, pero no equivalen a demostrar que cure Hashimoto, detenga su progresión o permita suspender la medicación.

El enfoque apunta a la calidad global de la alimentación y a evitar restricciones que no aporten beneficios claros.

Suplementos y controles deben individualizarse

La revisión desaconseja utilizar micronutrientes de manera rutinaria sin una deficiencia documentada. En algunos ensayos, el selenio redujo ciertos anticuerpos, sin cambios significativos en los niveles hormonales.

También pide prudencia con el yodo, cuyo exceso puede perjudicar la función tiroidea o agravar procesos autoinmunes.

El seguimiento clínico y los análisis, incluidos TSH y T4 libre cuando correspondan, permiten valorar la evolución. La alimentación y los suplementos deben integrarse a ese seguimiento, sin sustituir el tratamiento indicado.

Fuente: Infobae

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