Epicteto y la Identidad: “Primero dite a ti mismo quién quieres ser; luego haz lo que tienes que hacer”

Una máxima estoica que trasciende siglos

La frase atribuida al filósofo griego EpictetoPrimero dite a ti mismo quién quieres ser; luego haz lo que tienes que hacer — sigue resonando hoy porque resume una de las lecciones más profundas del pensamiento estoico: la identidad auténtica no surge por accidente, sino por elección consciente y acción coherente. Este consejo es mucho más que un mantra de autoayuda; es una guía ética que ha influido en pensadores, líderes y movimientos filosóficos durante dos milenios.


¿Quién fue Epicteto?

Epicteto fue un filósofo estoico nacido alrededor del año 50 d.C. en Hierápolis, en lo que hoy es Turquía, y es reconocido como una de las figuras más relevantes del estoicismo antiguo. Nació esclavo, pero llegó a obtener su libertad y convertirse en maestro de filosofía.

Tras obtener su libertad, estudió con el maestro Musonio Rufo y finalmente estableció una escuela filosófica en Nicópolis, en Grecia, donde enseñó hasta su muerte alrededor del año 135 d.C. Epicteto nunca escribió personalmente; su pensamiento nos llega a través de las recopilaciones de su discípulo Arriano, especialmente en Las Disertaciones (Discourses) y el Enchiridion (Manual).


Identidad y Coherencia: La Clave Estoica

Reflexión antes de acción

La idea central de la frase — Primero dite a ti mismo quién quieres ser — destaca que antes de actuar o decidir, debemos definir nuestra identidad moral y nuestros valores internos. Para Epicteto, no basta con comportarse bien de manera externa si internamente no se ha elegido conscientemente ese camino. Este acto de autoelección exige coherencia entre lo que pensamos, lo que hacemos y lo que deseamos ser.

Por ejemplo, si uno aspira a ser una persona justa, entonces evitar la mentira no es solo una regla práctica, sino la consecuencia lógica de haberse definido como alguien que valora la justicia. Esta coherencia entre identidad elegida y acciones concretas es lo que para Epicteto constituye una vida virtuosa.


Prohairesis: La brújula del alma

Un concepto central de Epicteto es la prohairesis — término griego que significa volición, intención moral o elección — y que para él representa el núcleo del ser humano.

Según Epicteto, lo único realmente bajo nuestro control es nuestra propia elección, nuestra actitud ante lo que ocurre, nuestros juicios, deseos y aversiones. Todo lo demás — el cuerpo, los bienes, la fama o las circunstancias externas — está fuera de nuestro dominio real.

Una persona que comprende y cultiva su prohairesis no está a merced de lo que sucede fuera, sino que encuentra libertad interior incluso en medio de dificultades, puesto que su bienestar no depende de factores externos.


Libertad interior: más allá de circunstancias externas

Epicteto compara la vida con una obra de teatro: cada persona recibe un papel que no eligió — ser rey, soldado, esclavo o libre — pero sí puede elegir cómo desempeñar ese papel con dignidad y coherencia interna.

Esto nos conduce a una comprensión radical de la libertad: no es la ausencia de ataduras externas, sino el dominio de uno mismo y la fidelidad a los valores que uno elige.

Este enfoque separa al individuo de la idea de que la felicidad y el éxito dependen de logros externos, riquezas o reconocimientos. La fuente de valor, para Epicteto, está en la calidad de nuestras elecciones internas.


¿Por qué sigue teniendo relevancia hoy?

Aunque Epicteto vivió hace dos mil años, sus ideas conectan con debates modernos sobre identidad, autonomía personal y psicología del desarrollo. Filósofos contemporáneos, psicólogos de la personalidad y teorías de desarrollo moral siguen reflexionando sobre cómo las creencias internas moldean nuestro comportamiento y sentido de identidad.

La frase Primero dite a ti mismo quién quieres ser también aparece frecuentemente en discusiones sobre inteligencia emocional y bienestar, donde se usa para ilustrar la importancia de alinear acciones con valores profundos antes que con reacciones impulsivas.


La enseñanza de Epicteto nos recuerda que:

  • Nuestra identidad no es algo que nos sucede, sino algo que elegimos.
  • La verdadera libertad no depende de lo externo, sino de cómo elegimos responder y qué valores cultivamos.
  • Definir quién queremos ser y luego actuar de acuerdo con esa definición es un acto de responsabilidad y sabiduría.

Epicteto nos invita a ver la vida no como un flujo de circunstancias que nos afectan, sino como un campo moral donde nuestras decisiones interiores son el cimiento de nuestra identidad.


Fuentes

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