El príncipe que quiso llevar icebergs al desierto y terminó enfriando bebidas en Iowa
En 1977, Mohammed Al-Faisal impulsó una conferencia para estudiar el traslado de icebergs antárticos a regiones áridas. Como demostración, llevó un bloque de hielo desde Alaska hasta Iowa. El gran proyecto no prosperó y parte de aquella muestra terminó enfriando las bebidas de los asistentes.

En octubre de 1977, un bloque de hielo procedente de Alaska llegó a una universidad de Iowa para presentar una idea extraordinaria: remolcar icebergs desde la Antártida hasta Arabia Saudí. El príncipe Mohammed Al-Faisal promovía el proyecto como una posible alternativa para abastecer de agua dulce a regiones áridas.
La demostración requirió buzos, un helicóptero, un avión y un camión refrigerado. Sin embargo, mientras los especialistas debatían cómo transportar millones de toneladas de hielo por el océano, parte de la muestra terminó cumpliendo una función mucho más sencilla: enfriar las bebidas de los participantes.
Un bloque de Alaska en una ciudad universitaria
La primera Conferencia Internacional sobre la Utilización de Icebergs se celebró del 2 al 6 de octubre de 1977 en Ames, Iowa. Reunió a unos 175 a 200 participantes de 18 países, entre ellos ingenieros, glaciólogos y especialistas en recursos hídricos.
Para recibirlos, los organizadores trasladaron hielo del glaciar Portage, cerca de Anchorage. La reconstrucción presentada en el artículo sitúa su peso en aproximadamente 1,1 toneladas, aunque otras crónicas posteriores hablaron de dos. El costo del traslado se estimó entre USD 5.000 y USD 7.500.
La idea era aprovechar agua que terminaba en el océano
Al-Faisal había estado vinculado al desarrollo de la desalinización en Arabia Saudí. El crecimiento de las ciudades y de la población aumentaba la demanda de agua, mientras convertir el agua marina en potable exigía importantes recursos económicos y energéticos.
Su propuesta partía de aprovechar los enormes bloques de agua dulce que se desprendían de los glaciares. Si podían trasladarse hasta una región desértica antes de derretirse, sus promotores consideraban que servirían como reservas de gran capacidad.
Una travesía de ocho meses y USD 100 millones
La empresa Iceberg Transport International, impulsada por el príncipe, contemplaba seleccionar un iceberg antártico de unos 100 millones de toneladas. Potentes remolcadores lo conducirían hacia la península arábiga, protegido con materiales aislantes para reducir la pérdida de hielo.
Los cálculos iniciales estimaban un viaje de ocho meses y un costo cercano a USD 100 millones. Sus defensores sostenían que, incluso perdiendo un 20% del volumen durante el recorrido, el agua obtenida podía competir económicamente con la desalinización.
El océano planteaba obstáculos difíciles de resolver
La conferencia examinó la velocidad del remolque, los materiales de protección y las consecuencias ambientales de acercar semejante masa de hielo a una costa desértica. También debía resolverse cómo recoger y distribuir el agua una vez alcanzado el destino.
El temor principal era que el iceberg se fragmentara o derritiera durante miles de kilómetros de navegación. Las corrientes y el paso hacia aguas más cálidas complicaban una operación que nunca logró convertirse en un sistema comercial viable.
La demostración terminó sirviéndose en bebidas
El bloque transportado hasta Iowa fue fragmentado y una parte se utilizó para enfriar las bebidas del encuentro. Según las crónicas citadas en el artículo, hubo recipientes de ponche y vasos de néctar de albaricoque con aquel hielo de origen glaciar.
Otras reconstrucciones cuentan que algunos visitantes llevaron utensilios para retirar una porción y guardarla en casa. La antigüedad atribuida al hielo varía entre las fuentes, que lo sitúan entre 4.000 y 10.000 años.
Un proyecto que siguió reapareciendo
Mohammed Al-Faisal murió en 2017 sin haber concretado el traslado de un iceberg antártico a Arabia Saudí. La idea, sin embargo, volvió a estudiarse mediante simulaciones informáticas y nuevas propuestas vinculadas con regiones afectadas por la escasez de agua.
Los avances tecnológicos permitieron revisar algunos problemas, pero los costos y las consecuencias ambientales mantuvieron abiertas las dudas. La muestra de Iowa quedó como el desenlace más tangible de aquella iniciativa: hielo milenario en los vasos de quienes discutían cómo llevarlo hasta el desierto.
Fuente: xataka