Solo el 36% de los afectados conoce su condición, mientras la región corre contra el reloj para cumplir los objetivos de eliminación de la ONU para 2030.

La hepatitis C continúa siendo uno de los mayores retos de salud pública en América Latina. Según un reciente estudio de alcance regional, la brecha de diagnóstico sigue siendo alarmante: apenas el 36% de las personas que viven con el virus (VHC) han sido identificadas. Esta cifra pone de manifiesto una crisis de detección que impide que millones de personas accedan a tratamientos que hoy en día tienen tasas de curación superiores al 95%.

El panorama regional y la deuda del tratamiento

En América Latina y el Caribe, se estima que más de 2 millones de personas conviven con la infección crónica. Sin embargo, el problema no termina en el desconocimiento del diagnóstico. De aquellos que sí saben que están infectados, solo una fracción logra completar el tratamiento. Según informes de la OPS/OMS, apenas el 26% de los casos diagnosticados en la región han accedido a los Antivirales de Acción Directa (AAD), los medicamentos de última generación que eliminan el virus en pocas semanas.

Barreras críticas: Del estigma al costo

La investigación, que contó con la colaboración de científicos de 19 países latinoamericanos y expertos españoles, identifica varias barreras estructurales que frenan el avance contra la enfermedad:

  1. Falta de tamizaje universal: Muchos sistemas de salud solo testean a grupos considerados «de riesgo», dejando fuera a una gran parte de la población general que pudo contraer el virus décadas atrás (por ejemplo, mediante transfusiones antes de los controles rigurosos).
  2. Fragmentación de los sistemas de salud: La falta de registros interoperables impide un seguimiento eficaz del paciente desde que se detecta el virus hasta que se cura.
  3. Costos y financiamiento: Aunque los precios de los tratamientos han bajado, el financiamiento sostenible sigue siendo un obstáculo en países de ingresos bajos y medios.

El objetivo 2030: ¿Es posible la eliminación?

La Organización Mundial de la Salud ha establecido la meta de eliminar las hepatitis virales como amenaza de salud pública para el año 2030. Esto implica reducir las nuevas infecciones en un 90% y la mortalidad en un 65%. Para lograrlo en América Latina, los expertos sugieren pasar de la «evidencia a la acción» mediante la descentralización del testeo hacia la atención primaria y la implementación de modelos de microeliminación (enfocarse en poblaciones específicas como prisiones o centros de diálisis) para acelerar los resultados.

Conclusión: Un llamado a la acción inmediata

La hepatitis C es hoy una enfermedad curable, pero sigue matando debido a su naturaleza asintomática. «El momento para actuar es ahora», coinciden los investigadores. Sin una expansión masiva del diagnóstico, la meta de 2030 seguirá siendo un horizonte inalcanzable para la región.


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