El corazón puede cambiar sin dar señales y un estudio vinculó esas alteraciones con la inflamación crónica
Una investigación del Biobanco del Reino Unido asoció mayores niveles inflamatorios con paredes cardíacas más gruesas y cavidades más pequeñas. También encontró un mayor riesgo de infarto o accidente cerebrovascular en el grupo con más inflamación, aunque no demostró una relación de causa y efecto.

Una investigación con datos de casi 480.000 adultos encontró una asociación entre mayores niveles de inflamación y cambios en la estructura del corazón, incluso en personas sin cardiopatía diagnosticada. Entre las alteraciones observadas figuraron paredes más gruesas, cavidades más pequeñas y menor capacidad de llenado.
El trabajo fue dirigido por científicos del Laboratorio de Ciencias Médicas del Consejo de Investigación Médica y del Imperial College de Londres. Por su diseño observacional, los resultados muestran vínculos entre los factores analizados, pero no permiten concluir que la inflamación haya causado directamente esos cambios.
Qué información analizaron los investigadores
El estudio reunió información del Biobanco del Reino Unido y combinó análisis de sangre, datos genéticos e imágenes cardíacas. Para evaluar la inflamación, los científicos utilizaron un marcador denominado GlycA y examinaron su relación con la estructura y el funcionamiento del corazón.
El análisis permitió identificar diferencias asociadas con los niveles inflamatorios, incluidas alteraciones en personas sin síntomas ni enfermedad cardíaca diagnosticada. Los autores plantearon que estos cambios podrían contribuir con el tiempo al desarrollo de insuficiencia cardíaca, una posibilidad que requiere más investigación.
Paredes más gruesas y menos espacio para recibir sangre
Los mayores niveles de inflamación se relacionaron con paredes cardíacas más gruesas y cavidades más pequeñas. También se asociaron con una menor capacidad del corazón para llenarse de sangre, un hallazgo relevante para comprender cambios que pueden pasar inadvertidos antes de una enfermedad.
Declan O’Regan, responsable del Grupo de Imágenes Cardíacas Computacionales de la LMS y profesor del Imperial College, destacó la posibilidad de que exista inflamación oculta durante años. Según explicó, la vulnerabilidad frente a este proceso podría variar de acuerdo con los genes y los hábitos de cada persona.
El grupo con más inflamación presentó mayor riesgo cardiovascular
Las personas ubicadas en el 20% con mayores niveles inflamatorios tuvieron un riesgo relativo un 43% superior de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular, en comparación con quienes integraban el 20% con los niveles más bajos.
Ese porcentaje expresa una diferencia de riesgo entre ambos grupos: no significa que el 43% de los participantes haya sufrido uno de esos episodios. El material no aporta las cifras de riesgo absoluto necesarias para conocer cuántos eventos se produjeron en cada grupo.
Los factores sociales y los hábitos también estuvieron asociados
Los investigadores relacionaron los mayores niveles de inflamación con desventaja económica, mala salud mental, tabaquismo y exceso de grasa corporal. Los resultados sitúan estos factores junto con la susceptibilidad genética dentro de un panorama más amplio de salud cardiovascular.
O’Regan señaló que algunas personas podrían ser más resistentes o vulnerables al daño inflamatorio según su combinación de genes y hábitos. El estudio no permite atribuir las diferencias observadas a un único factor ni establecer que todas las personas con inflamación desarrollarán enfermedad cardíaca.
La inflamación cumple una función, pero puede persistir demasiado
La inflamación forma parte de la respuesta normal del organismo frente a lesiones e infecciones y contribuye a la reparación. Según la explicación de la Clínica Cleveland recogida en el material, la respuesta aguda es repentina y temporal, mientras que la crónica puede prolongarse durante meses o años.
Cuando persiste, puede afectar tejidos sanos y se vincula con diferentes enfermedades crónicas. El texto menciona el tabaco, el alcohol, el estrés sostenido, la falta de descanso y determinados patrones de alimentación entre los factores relacionados con estos procesos.
Dos familias de proteínas aparecen como posibles vías de investigación
Los científicos identificaron proteínas de las familias de la interleucina-1 y el TNF como posibles participantes en el daño estructural cardíaco. Algunas de estas vías ya son objeto de ensayos clínicos con medicamentos, aunque todavía quedan preguntas por resolver.
Será necesario determinar si intervenir sobre ellas puede prevenir alteraciones del corazón y reducir infartos u otros eventos cardiovasculares. Los resultados no demuestran que un tratamiento antiinflamatorio concreto evite esos problemas en las personas estudiadas.
Los análisis de sangre y la genética podrían ayudar a anticipar el riesgo
La combinación de mediciones inflamatorias con puntuaciones de riesgo genético podría ayudar a identificar a personas con mayor susceptibilidad al daño cardiovascular. Bryan Williams, director científico y médico de la British Heart Foundation, destacó la asociación observada tanto con cambios estructurales como con eventos graves.
Ese enfoque permanece como una posibilidad para futuras investigaciones. Los autores señalaron que hacen falta más estudios para establecer si permite seleccionar tratamientos preventivos eficaces antes de que aparezcan síntomas y comprobar qué beneficios tendría su aplicación.
Fuente: Infobae