Dejó la ciudad para ayudar a su padre y hoy produce hasta 20 toneladas de fruta orgánica
Inara Souza abandonó su vida en São Paulo para regresar a la finca familiar en el nordeste de Brasil. Con una apuesta por la agricultura orgánica y un modelo de producción innovador, logró recuperar una propiedad que estaba abandonada y convertirla en un negocio exitoso.

Lo que comenzó como una decisión para acompañar a su padre terminó convirtiéndose en un ejemplo de emprendimiento rural. En 2021, Inara Souza regresó desde São Paulo hasta la localidad de Monte Horebe, en el estado brasileño de Paraíba, con el objetivo de recuperar la finca familiar, que llevaba años con poca actividad productiva.
La propiedad, conocida como Fazenda Nova Boa Vista, pertenecía a la familia desde la década de 1930 y durante muchos años estuvo dedicada al cultivo de mandioca y la ganadería. Sin embargo, el paso del tiempo y las dificultades del sector habían reducido considerablemente su productividad.
Una apuesta por nuevos cultivos
Al asumir el desafío, Souza decidió cambiar por completo el modelo de producción. En lugar de continuar con las actividades tradicionales, apostó por el cultivo de melón amarillo y sandía, dos productos con mayor demanda y mejores oportunidades de comercialización.
El cambio estuvo acompañado por una planificación enfocada en la eficiencia y la sostenibilidad, buscando aprovechar al máximo los recursos disponibles y generar mayor valor agregado para la producción.
Tecnología para enfrentar la sequía
Uno de los mayores obstáculos fue el clima del semiárido brasileño, caracterizado por extensos períodos sin lluvias. Para garantizar el desarrollo de los cultivos, la productora implementó un sistema de riego controlado alimentado por reservorios de agua propios, permitiendo mantener una producción estable durante todo el año.
La estrategia redujo la dependencia de las precipitaciones y mejoró el rendimiento de la finca, consolidando un modelo agrícola adaptado a las condiciones de la región.
Producción orgánica y reconocimiento nacional
Otro de los puntos clave del proyecto fue la certificación orgánica. Como las tierras nunca habían sido tratadas con productos químicos, la finca obtuvo el sello oficial IBD, que acredita la producción orgánica y permite comercializar frutas con un mayor valor en el mercado.
El trabajo desarrollado también fue reconocido en 2025, cuando Inara Souza recibió el primer lugar en Paraíba en la categoría Productora Rural del Premio Sebrae Mujer de Negocios, destacando su aporte al desarrollo del sector agrícola.
Una finca con proyección de crecimiento
Cinco años después del inicio del proyecto, la superficie cultivada de la Fazenda Nova Boa Vista ya se duplicó respecto a los primeros trabajos de recuperación.
Actualmente, la finca se prepara para una nueva campaña de producción de melón amarillo, con una proyección de cosecha de entre 18 y 20 toneladas, consolidando un emprendimiento que combina innovación, planificación y agricultura sostenible.
Fuente: UNO