
Cuba y Haití, únicas economías latinoamericanas que cierran 2025 en recesión, según la Cepal
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe confirma un panorama de crecimiento moderado en la región, con proyecciones poco alentadoras para ciertas economías y desafíos estructurales persistentes.
Cuba y Haití: casos extremos en una región de bajo crecimiento
De acuerdo con el informe Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2025 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Cuba y Haití se consolidan como las únicas dos economías de la región que registran contracción del Producto Interno Bruto (PIB) este año. La economía cubana apunta a caer aproximadamente 1,5% en 2025, mientras que la haitiana tendría un descenso de 2,3% en el mismo período.
La Cepal atribuye estas caídas a múltiples factores internos y externos que limitan la producción, la inversión y la actividad económica, profundizando problemas preexistentes como restricciones estructurales, menor actividad productiva y volatilidad en mercados clave.
Previsiones para el 2026
Para el próximo año, la proyección de crecimiento para Cuba es muy modesta —estimada en apenas 0,1% en 2026—, mientras que Haití seguiría siendo la única economía en retroceso en la región con una contracción proyectada de alrededor de 1,2%.
Inflación: mejoras oficiales, tensiones en el mercado informal
El informe destaca una significativa reducción de la inflación medida por el índice de precios al consumidor oficial en algunos países —por ejemplo, en Cuba se reporta una inflación oficial cercana al 15% en 2025, comparada con cifras mucho más altas en años recientes—. Sin embargo, la Cepal advierte que en mercados informales estos números pueden ser considerablemente mayores, lo que implica diferentes realidades económicas dentro de cada país.
Panorama regional: una “trampa de bajo crecimiento”
Aunque el crecimiento del PIB promedio de América Latina y el Caribe se mantiene positivo —estimado en cerca de 2,4% en 2025 y proyectado en 2,3% para 2026—, la Cepal describe la situación general como una “trampa de baja capacidad de crecimiento”. Esto significa que las tasas de expansión son relativamente bajas para las necesidades de desarrollo y reducción de desigualdades estructurales que caracterizan a la región.
El secretario ejecutivo de la Cepal, Manuel Salazar‑Xirinachs, señaló que esta dinámica ha limitado avances en creación de empleo, productividad y reducción de la informalidad, y que la región necesita políticas públicas más ambiciosas que impulsen competitividad, innovación y diversificación económica.
Líderes y rezagados del crecimiento en la región
Aunque algunas economías enfrentan un crecimiento débil, varios países registran ritmos de expansión superiores al promedio regional:
- Venezuela destaca con un crecimiento estimado del 6,5%.
- Paraguay proyecta cerca de 5,5% de expansión.
- Argentina y Costa Rica se ubican con cifras alrededor de 4% y 4,3%, respectivamente.
Por debajo del promedio, pero aún positivos, están economías como Colombia, Chile, Brasil y Uruguay, con crecimiento cercano al 2,2‑2,6%.
Estas discrepancias reflejan diferentes niveles de dinamismo económico y dependencias estructurales de cada país frente a factores como la inversión, exportaciones y demanda interna.
Contexto histórico: ¿qué nos dice la tendencia?
Los datos de la Cepal muestran que tras un rebote post‑pandemia en 2021, cuando la región creció cerca de 6,9%, las tasas de crecimiento han ido moderándose desde 2022 y se han estabilizado en torno al 2,3‑2,4% en años recientes. Esto ha generado preocupación entre economistas y organismos internacionales por la persistencia de un crecimiento insuficiente para cerrar brechas socioeconómicas históricas.
Desafíos y recomendaciones para la región
La Cepal insiste en que la región debe:
- Fomentar políticas de desarrollo productivo y innovación.
- Movilizar recursos para inversiones que agreguen valor y diversifiquen las economías.
- Crear empleos de calidad y reducir la elevada informalidad laboral.
- Superar barreras estructurales que limitan la competitividad y el crecimiento sostenible.
Estos puntos son esenciales para romper con la dinámica de bajo crecimiento que ha caracterizado a América Latina en los últimos años.