Cuatro ecuatorianos cuentan cómo reconstruyeron sus vidas después de migrar
Migrar no termina al cruzar una frontera. Cuatro ecuatorianos que viven en China, Estados Unidos, Argentina y Costa Rica cuentan cómo enfrentaron los primeros desafíos, adaptaron sus costumbres y mantuvieron sus vínculos con Ecuador.

Cruzar una frontera es apenas el comienzo. Para quienes dejan su país, el verdadero desafío aparece después: aprender a desenvolverse en una nueva sociedad, encontrar trabajo, adaptarse a otras costumbres y mantener los vínculos con la familia.
Las historias de cuatro ecuatorianos muestran distintas formas de enfrentar ese proceso en China, Estados Unidos, Argentina y Costa Rica.
Aprender a vivir en otro país
Madelein Acosta llegó a Nanjing, China, con una beca, pero se encontró con dificultades que no había previsto. No tenía una cuenta bancaria china ni acceso a las aplicaciones necesarias para pagar, trasladarse o realizar compras.
El idioma también fue un obstáculo. Sin internet y hablando principalmente inglés, necesitó varias horas para llegar hasta la universidad. Con el tiempo, otros estudiantes latinoamericanos la ayudaron a adaptarse y a resolver trámites cotidianos.
En Estados Unidos, Norman Checa tuvo que transformar su vida laboral. En Ecuador trabajaba en teatro, fotografía y producción audiovisual, mientras que en Florida pasó por empleos vinculados con la carpintería, restaurantes y atención al cliente.
Mantener las costumbres a la distancia
La adaptación también aparece en situaciones cotidianas.
En Florida, Norman prepara encebollado antes de ir a trabajar y lo lleva para comer durante su jornada. En China, Madelein buscó durante meses ingredientes ecuatorianos hasta conseguir una caja de plátanos procedente de Vietnam para preparar tigrillo y patacones.
En Buenos Aires, Salomé Dueñas, quien viajó para estudiar Biología, mantiene costumbres de Ecuador incluso en pequeños detalles de la vida diaria. Y en Costa Rica, María José Guerra conserva objetos y hábitos que forman parte de su historia personal.
La familia sigue presente pese a la distancia
La tecnología también modificó la manera de mantener los vínculos.
María José habla con su familia todos los jueves, mientras que Salomé reconoce que perdió contacto con algunas amistades de Ecuador, aunque mantiene una comunicación más frecuente con sus padres.
Con los años, Ecuador continúa presente en la comida, las palabras, los recuerdos y las relaciones familiares, mientras los países de destino dejan nuevas marcas en sus trabajos, amistades y formas de vivir.
Una vida entre dos lugares
Los cuatro casos muestran que la migración no necesariamente significa elegir entre el país de origen y el país de llegada.
Para ellos, adaptarse implicó incorporar nuevas costumbres sin abandonar completamente las propias, construir nuevas relaciones y encontrar formas de sentirse parte de una sociedad diferente.
Después de cruzar la frontera comienza otra etapa: la de construir una vida lejos de casa sin dejar atrás las raíces que forman parte de la propia identidad.
Fuente: ELPAÍS