El laboratorio de Nueva York que rescata sonidos e imágenes antes de que desaparezcan
En un laboratorio de la Biblioteca Pública de Nueva York, especialistas restauran y digitalizan grabaciones históricas. El deterioro de los materiales y la desaparición de equipos capaces de reproducirlos amenazan un patrimonio que incluye archivos familiares, registros artísticos y programas de radio de la ONU.

Noticias ONU/Evgeniya Kleshcheva La ingeniera Victoria Fajardo trabaja con grabadoras de cinta de bobina abierta en un estudio de archivo de audio.
En un sótano bajo el Lincoln Center, un equipo de la Biblioteca Pública de Nueva York trabaja para salvar más de un siglo de sonidos e imágenes. Películas, cintas, discos y cilindros conservan registros únicos, pero sus soportes se deterioran y cada vez quedan menos máquinas capaces de reproducirlos.
El ingeniero de preservación audiovisual Rhony Dostaly describe su oficio como trabajar en una máquina del tiempo. Su tarea consiste en recuperar materiales del pasado y ponerlos a disposición del público actual, según el reportaje de Noticias ONU.
Historias personales que también son memoria colectiva
Entre las colecciones que pasaron por sus manos están las películas familiares de Harry Belafonte, cantante, actor y activista por los derechos civiles. Las imágenes muestran momentos cotidianos, como enseñar a su hijo a montar en bicicleta en Central Park, además de viajes y escenas de su vida familiar.
Dostaly también destaca las grabaciones de los viajes de Malcolm X, incluidas las de su estancia en La Meca. Para el ingeniero, preservar estos documentos permite que las nuevas generaciones conozcan acontecimientos y personas que marcaron la historia antes de su nacimiento.
Revisar cada fotograma para recuperar las imágenes
La coordinadora de preservación audiovisual, Casey McNamara, examina las películas con una lupa para detectar roturas, empalmes y señales de contracción. Algunos materiales llegan en latas oxidadas, carretes antiguos o cajas deterioradas, condiciones que dificultan su recuperación.
El laboratorio pertenece al área de Operaciones de Colecciones Digitales de la biblioteca. Una vez digitalizada, la mayoría de los materiales estará disponible para quienes tengan un carné de la institución, abriendo el acceso a colecciones que de otro modo resultarían prácticamente inaccesibles.
La radio de la ONU vuelve a escucharse
En la sala de audio, el especialista Jeffrey Willens trabaja con un disco de 16 pulgadas titulado Un año para recordar. La División de Radio de las Naciones Unidas lo produjo para Año Nuevo de 1949, cuando la organización tenía su sede en Lake Success, Long Island.
La colección también incluye el archivo del documentalista William Greaves, autor de Ralph Bunche: An American Odyssey. La biblioteca conserva tanto sus producciones como materiales que quedaron fuera de los montajes finales, una fuente valiosa para estudiar su trabajo y la historia que documentó.
El deterioro obliga a trabajar contrarreloj
Uno de los problemas es el “síndrome del vinagre”, un proceso químico que vuelve quebradizas las películas de acetato y puede deformarlas. McNamara explica que el almacenamiento en frío permite ralentizarlo, pero no revertirlo.
Las cintas de audio también pueden llegar arrugadas o pegadas y requieren reparaciones manuales antes de reproducirse. Incluso formatos considerados resistentes, como Digital Betacam, presentan desprendimientos que obligan a limpiar los equipos entre una cinta y otra.
Faltan máquinas y personas que sepan repararlas
El especialista Francis Dougherty, quien construyó originalmente el laboratorio de video, advierte que cada año quedan menos reproductores y técnicos capaces de mantenerlos. La formación de nuevos profesionales no resuelve por sí sola la escasez de equipos.
Shahed Dowlatshahi, responsable del laboratorio, señala que conservar esos conocimientos es indispensable. Sin personas que reparen y ajusten las máquinas, una parte de las grabaciones podría quedar inaccesible aunque sus soportes todavía existan.
La tecnología abre nuevas posibilidades
Algunas soluciones requieren equipos construidos especialmente. Un tocadiscos desarrollado por el ingeniero Nick Bergh permite examinar los surcos mediante un microscopio y contempla incorporar una lectura óptica sin contacto.
Otra máquina utiliza láseres para alinear cilindros de cera y facilitar la recuperación de piezas dañadas. La biblioteca la empleó para volver a digitalizar los cilindros Mapleson, con interpretaciones de la Metropolitan Opera de principios del siglo XX. Mientras estas herramientas mejoran, los originales siguen deteriorándose: cada demora reduce las posibilidades de salvarlos.
Fuente: Naciones Unidas