Los cerdos abandonados en una isla en 1807 que hoy son un tesoro para los trasplantes

El capitán Abraham Bristow liberó varios cerdos en la isla Auckland para que sirvieran como alimento de emergencia a posibles náufragos. Casi dos siglos después, sus características sanguíneas, inmunológicas y cardíacas despertaron el interés de científicos que investigan el trasplante de órganos porcinos a seres humanos.

En octubre de 1807, el capitán Abraham Bristow liberó varios cerdos en la isla Auckland, un archipiélago subantártico situado al sur de Nueva Zelanda que había descubierto un año antes.

Su objetivo era establecer una reserva de alimento para los náufragos que pudieran quedar varados en aquellas aguas remotas. Casi dos siglos después, los descendientes de esos animales despertaron el interés de la comunidad científica.

Investigadores de la Universidad Ludwig Maximiliano de Múnich los identificaron como posibles candidatos genéticos para avanzar en el xenotrasplante de corazones porcinos a pacientes humanos.

Características que podrían reducir el rechazo

Los cerdos son homocigotos en la región del gen SLA, considerada el equivalente porcino del antígeno HLA humano. También comparten un único grupo sanguíneo, el tipo O.

Estas dos características podrían contribuir a reducir el riesgo de rechazo inmunológico cuando un órgano porcino es trasplantado a una persona.

Los animales tampoco transmitirían el retrovirus endógeno porcino tipo C, conocido como PERV-C, a diferencia de otras razas de minicerdos utilizadas en esta área de investigación.

Corazones con un tamaño compatible

El tamaño corporal de estos cerdos constituye otra ventaja, ya que no exigiría una modificación genética adicional para obtener órganos de dimensiones adecuadas.

Los ejemplares adultos de entre nueve y doce meses poseen corazones que pesan entre 108 y 422 gramos. El rango se superpone con el peso del corazón humano, situado entre 156 y 575 gramos.

Las ecocardiografías realizadas también mostraron que los animales mantienen una función cardíaca normal.

Científicos establecieron una colonia de cría

En 2018, una empresa de Nueva Zelanda exportó células renales de un macho y una hembra libres del retrovirus PERV-C al centro CiMM de la Universidad Ludwig Maximiliano de Múnich.

Un equipo científico utilizó esas células para clonar ejemplares mediante transferencia nuclear de células somáticas.

El trabajo permitió establecer una colonia de cría compuesta inicialmente por siete animales, que ya alcanzó su segunda generación.

Otras liberaciones posteriores

Abraham Bristow no fue la única persona que introdujo cerdos en el archipiélago. En 1840, una expedición antártica dirigida por Sir James Ross desembarcó más ejemplares en Port Ross.

En 1842, el jefe maorí Matioro, de Ngati Mutunga, liberó cerdos y perros después de llegar a la isla acompañado por un grupo de maoríes y cerca de 30 esclavos moriori procedentes de las islas Chatham.

Entre 1880 y 1927, el Gobierno de Nueva Zelanda volvió a abastecer las islas subantárticas con cerdos, cabras, ovejas y, en algunas ocasiones, ganado vacuno.

Cómo sobrevivieron sin alimento humano

Los cerdos tuvieron que adaptar su alimentación a los recursos disponibles en la isla. Un análisis del contenido estomacal de 33 ejemplares determinó que las plantas representaban el 61 % de su dieta.

Una parte importante de su alimentación procedía de las hojas de la megahierba Anisotome antipoda. Los animales también excavaban para consumir raíces de otras especies nativas.

Las lombrices constituían su principal fuente de alimento animal, mientras que se encontró poca evidencia de que atacaran o consumieran carroña de aves.

Un conflicto entre conservación y protección ambiental

Con el paso del tiempo, la presencia de los cerdos generó un conflicto entre la necesidad de conservarlos como una posible raza excepcional y el daño que causaban a la flora nativa.

Desde la década de 1970 existen registros de su impacto sobre las megahierbas. El Departamento de Conservación de Nueva Zelanda comenzó a evaluar su erradicación a mediados de los años noventa.

En enero de 1999 fueron capturados 17 ejemplares, descritos como “delgados pero saludables”, en la costa oriental de la isla Auckland. Posteriormente fueron trasladados a Invercargill.

La operación se produjo después de que la isla fuera declarada Patrimonio de la Humanidad en 1998.

Un ADN de origen europeo

El análisis del ADN mitocondrial determinó que los animales están emparentados con cerdos domésticos europeos y no con jabalíes del continente ni con razas asiáticas.

Su diversidad genética es reducida como consecuencia de casi dos siglos de aislamiento reproductivo en la isla.

Un estudio posterior encontró que el 27,6 % de su genoma presentaba genes duplicados heredados de ambos progenitores, frente al rango de entre 6,4 % y 10 % registrado habitualmente en razas comerciales modernas.

Una colonia saludable pese a la endogamia

A pesar del elevado nivel de endogamia, la colonia no presentó señales de depresión genética. Los ejemplares conservaron una buena fertilidad y un estado saludable incluso durante la tercera generación.

Las características desarrolladas durante siglos de aislamiento convirtieron a estos animales, abandonados inicialmente como alimento para náufragos, en una población de gran interés científico.

Su genética podría contribuir ahora a las investigaciones que buscan utilizar órganos porcinos en pacientes humanos y ampliar las posibilidades disponibles para los trasplantes.

Fuente: okdiario

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