Ceguera nocturna al volante: un riesgo creciente

¿Qué es, por qué ocurre y cómo afecta la conducción?


¿Qué entendemos por “ceguera nocturna”?

La llamada ceguera nocturna, también conocida en términos técnicos como nictalopía o “night blindness”, no significa literalmente no ver nada por la noche, sino un descenso significativo en la capacidad visual en condiciones de poca luz. En general:

  • La visión en entornos con poca luz (visión escotópica o en niveles mesópicos) depende de las células bastón de la retina, que son menos eficaces que las células cono para distinguir detalles o colores.
  • Esta limitación inherente hace que al conducir en la oscuridad o al anochecer, la agudeza visual, el campo de visión y la sensibilidad al contraste se vean mermados.
  • Factores como deslumbramientos por faros de vehículos, fatiga o enfermedades oculares incrementan el riesgo.

Resumen de características:

  • Dificultad para ver bien al entrar en sitios oscuros o al conducir con poca luz.
  • Mayor sensibilidad a los deslumbramientos.
  • Percepción de objetos estáticos disminuida y menor nitidez general.

¿Qué revela el caso en España?

Según datos recientes:

  • Un 60 % de los conductores españoles reconoce tener dificultades visuales al circular de noche.
  • El reciente cambio de horario y la reducción progresiva de horas de luz natural incrementan la conducción nocturna y agravan las dificultades.
  • La Clínica Baviera (Estudio de la Visión en España 2025) confirma que muchas personas presentan limitaciones al conducir con poca luz.
  • La Dirección General de Tráfico (DGT) advierte que la capacidad visual puede reducirse hasta un 20 % por la noche, provocando alteraciones en la percepción de distancias y en el campo visual.

Otros estudios en España señalan que:

  • El 15 % de conductores presentan visión diurna deficiente, mientras que un 38 % tiene visión en condiciones de baja luz inadecuada.
  • Una parte significativa de conductores reconoce que su visión ha empeorado y señala la conducción nocturna como un problema específico.

¿Por qué el cambio de hora y la menor luz agravan la situación?

  • Al retrasarse la puesta del sol, más trayectos se realizan en condiciones de poca luz, lo que exige al sistema visual funcionar en niveles mesópicos, donde la visibilidad es menor.
  • La reducción de luz y el cambio al horario de invierno pueden exacerbar condiciones oculares existentes y revelar problemas no diagnosticados.
  • La fatiga, la somnolencia o los reflejos lentos tras el cambio horario también pueden mermar la capacidad de reacción durante la conducción nocturna.

¿Quiénes están especialmente en riesgo?

  • Personas con defectos refractivos no corregidos (miopía, astigmatismo) o lentes desactualizadas.
  • Personas con enfermedades oculares como cataratas, retinopatía diabética o sensibilidad al deslumbramiento.
  • Conductores de mayor edad, cuya sensibilidad al contraste y tiempo de adaptación a la oscuridad se reduce.
  • Quienes no usan gafas correctoras cuando deberían, especialmente al conducir de noche.

¿Cómo afecta esto a la conducción?

  • Reducción de agudeza visual: los objetos no se ven con la misma claridad que durante el día.
  • Disminución de la percepción de contraste: señales de tráfico, peatones u obstáculos pueden no distinguirse con facilidad.
  • Mayor tiempo de adaptación tras cambios de iluminación: entrar en túneles o zonas más oscuras puede suponer un retraso en la visión correcta.
  • Aumento de la sensibilidad a deslumbramientos: faros, luces urbanas y reflejos pueden desorientar.
  • Mayor riesgo de accidentes: la capacidad de reacción disminuye y el margen de maniobra se estrecha.

¿Qué se puede hacer para reducir el riesgo?

Los expertos recomiendan:

  1. Revisiones oftalmológicas periódicas: para detectar defectos de visión, cataratas u otras patologías.
  2. Usar la corrección óptica adecuada: gafas o lentes de contacto específicas también para la conducción nocturna.
  3. Evitar conducir de noche si se sabe que hay dificultad visual, o reducir al mínimo los trayectos nocturnos.
  4. Cuidar factores de estilo de vida: dormir bien, evitar alcohol y drogas antes de conducir, y evitar la fatiga.
  5. Prestar atención al entorno de conducción nocturna: reducir velocidad, mantener mayor distancia de seguridad y evitar deslumbramientos.
  6. Mejorar iluminación y visibilidad del vehículo: comprobar que las luces del coche estén limpias y bien orientadas.
  7. Dieta y salud ocular: una adecuada nutrición, incluyendo vitamina A, contribuye a mantener la función visual.

La ceguera nocturna o la dificultad de visión en condiciones de poca luz constituye un problema relevante para la seguridad vial, especialmente al conducir de noche o durante el cambio de hora en invierno. En España, una parte significativa de los conductores presenta problemas visuales nocturnos. Por ello, es fundamental tomar medidas preventivas como revisiones visuales, moderar la conducción nocturna, usar corrección óptica adecuada y cuidar la salud ocular.


Fuentes

WP Radio
WP Radio
OFFLINE LIVE
Scroll al inicio