Tribuna Abierta-Wikimedia Commons

El 24 de noviembre de 2025 marcó un punto de inflexión en la crisis venezolana, coincidiendo con el vencimiento de un ultimátum de la Casa Blanca que ha elevado la tensión en el país a niveles inéditos. La fuente primaria de esta escalada es la formalización por parte del Departamento de Estado de Estados Unidos de la clasificación del Cartel de los Soles (la red de narcotráfico supuestamente dirigida por jerarcas chavistas, incluido Nicolás Maduro) como Organización Terrorista Extranjera (OTE).

El Marco Legal para una Acción Militar Potencial

Esta designación no es meramente simbólica. Otorga a Washington un marco legal presumible para la ampliación de sanciones y, más crucialmente, para llevar a cabo acciones militares directas en territorio venezolano contra el crimen organizado y el narcoterrorismo.

Las autoridades estadounidenses, que acusan directamente a Maduro de ser el cabecilla del Cartel de los Soles, han reforzado su postura con una recompensa de 50 millones de dólares por información que conduzca a su captura. La nueva calificación como OTE permite legalmente al Pentágono lanzar ataques que, según distintas versiones y reportes, podrían incluir:

  • Bombardeo de pistas clandestinas de aterrizaje y campamentos de la guerrilla colombiana vinculados al narcotráfico.
  • Ataques dirigidos a posiciones narco y escondites en zonas de contrabando minero.
  • Operaciones encubiertas de la CIA.
  • Incluso, ataques potenciales contra sistemas antiaéreos rusos o una operación personal contra el dictador.

La “Lanza del Sur”: Despliegue de Poderío en el Caribe

En paralelo a la acción diplomática y legal, la presencia militar estadounidense en el Caribe ha alcanzado su máximo nivel en décadas con la puesta en marcha de la Operación “Lanza del Sur” (Southern Spear).

Esta ofensiva antidrogas es comandada por el USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande y letal del mundo, que ha sido desplegado junto a un grupo de ataque que incluye destructores, un crucero y un submarino, sumando cerca de 12.000 soldados en la región. Las operaciones aéreas en torno al portaaviones han demostrado una capacidad significativa, con maniobras de aviones de combate F/A-18E/F Super Hornet y el aterrizaje de aeronaves clave para misiones de guerra electrónica, como el E/A-18G Growler, además del sobrevuelo de un bombardero B-52 Stratofortress.

El objetivo declarado del Comando Sur (SOUTHCOM) es «defender nuestra patria, expulsar a los narcoterroristas de nuestro hemisferio y proteger a nuestra patria de las drogas».

La Reacción del Régimen y la Oposición

La escalada de tensión tuvo consecuencias inmediatas en el ámbito civil, con al menos seis aerolíneas suspendiendo o reprogramando sus vuelos a Caracas tras una advertencia de la Administración Federal de Aviación (FAA) de EE. UU. sobre una situación «potencialmente peligrosa» debido al aumento de la actividad militar. Esta situación generó protestas de líderes regionales, como el presidente colombiano Gustavo Petro, quien calificó las cancelaciones como «bloqueos contra los pueblos», un «crimen de la humanidad».

Por su parte, el régimen de Maduro ha respondido con un esfuerzo por proyectar una imagen de «falsa paz» y despertar el ánimo nacionalista. Esto incluye la movilización de más de doscientos mil militares en ejercicios de defensa, el impulso de un llamado «año constituyente» y la reforma del partido de gobierno para forzar un incremento en las milicias. Sin embargo, el chavismo ha evitado desafiar la nueva «frontera militar» definida por la aviación y los buques norteamericanos.

La oposición democrática, liderada por Edmundo González y María Corina Machado, se ha mantenido cohesionada. Analistas coinciden en que el sector democrático ve la intensa presión militar y la designación de terrorismo como un «paso necesario» en la hoja de ruta para el restablecimiento de la libertad y la democracia en Venezuela.

La incógnita final reside en el camino que tomará el presidente Donald Trump, quien, a pesar del despliegue militar, mantiene una vía de diálogo abierta con la posibilidad de negociar la renuncia de Maduro y su exilio a países como Turquía, Rusia o Cuba.


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