Una simple huella podría crear refugios para microbios terrestres en la Luna
Un estudio vinculado a centros de la NASA identificó zonas sombreadas en los polos lunares donde determinados microorganismos terrestres podrían mantenerse viables durante varios días. Los autores aclaran que no encontraron vida en la Luna ni demostraron que pueda reproducirse allí.

Ciertos microorganismos procedentes de la Tierra podrían sobrevivir temporalmente en pequeños espacios protegidos de los polos lunares, según un estudio publicado en Science Advances.
La investigación no encontró vida en la Luna. Sus autores analizaron si algunos microbios transportados accidentalmente por futuras misiones humanas podrían resistir en lugares con temperaturas y niveles de radiación tolerables.
Sobrevivir no significa multiplicarse
El trabajo diferencia entre conservar la viabilidad y prosperar. Un microorganismo puede permanecer inactivo durante un periodo sin alimentarse, crecer o reproducirse.
La ausencia de agua líquida estable continúa siendo una barrera fundamental para el desarrollo de colonias en la superficie lunar. Los investigadores hablan de una posible supervivencia en estado criptobiótico, con una actividad biológica extremadamente reducida.
Los polos ofrecen condiciones diferentes
La superficie lunar no presenta las mismas condiciones en todas partes. En sus regiones polares, el Sol permanece muy bajo sobre el horizonte y pequeñas elevaciones o depresiones pueden bloquear su luz durante largos periodos.
Algunos cráteres permanecen en oscuridad constante. Estas zonas reciben menos radiación ultravioleta y mantienen temperaturas extremadamente bajas, condiciones que también permiten conservar hielo cerca de la superficie.
Unos pocos metros pueden separar un terreno sometido a radiación intensa de otro considerablemente más protegido.
Cinco tipos de microorganismos bajo análisis
Los científicos estudiaron representantes de los géneros Bacillus, Deinococcus, Staphylococcus, Aspergillus y Fusarium. Algunos son conocidos por su resistencia y otros fueron detectados previamente en ambientes vinculados con seres humanos o instalaciones espaciales.
El equipo no llevó estos organismos a la Luna. Comparó datos experimentales sobre sus límites de supervivencia con información térmica y topográfica obtenida por el Orbitador de Reconocimiento Lunar.
El análisis incluyó posibles zonas de alunizaje de Artemis III y alcanzó una resolución de cinco metros por píxel.
El hongo más resistente
Aspergillus apareció como el candidato con mayor capacidad de resistencia. Durante el verano lunar podría mantenerse viable en entre el 2% y el 9% de las áreas estudiadas que no están permanentemente a oscuras.
Durante el invierno, esa proporción subiría hasta situarse entre el 15% y el 30%. Aproximadamente un 3% de la superficie examinada ofrecería condiciones compatibles con una supervivencia mínima de siete días.
Las regiones permanentemente sombreadas serían todavía más favorables. Según el modelo, los cinco microorganismos analizados podrían tolerar esos ambientes durante más de una semana.
La radiación sería el mayor obstáculo
Para los periodos estudiados, la radiación ultravioleta aparece como el principal agente esterilizador. El frío extremo no necesariamente elimina a los microorganismos, ya que las bajas temperaturas también se emplean para conservarlos en la Tierra.
El vacío y las partículas energéticas tampoco dominarían su supervivencia durante los primeros días, de acuerdo con la evidencia utilizada.
Los resultados son estimaciones y no garantías. Los científicos consideran necesarios nuevos experimentos y modelos que combinen otros factores del ambiente lunar.
Refugios del tamaño de una pisada
Observaciones de las misiones chinas Chang’e mostraron que cráteres menores de un metro pueden generar sombras permanentes cerca de los polos.
Las perforaciones, excavaciones y ruedas de los vehículos también producirán pequeñas depresiones. Incluso la huella de una bota podría quedar protegida de la luz directa bajo determinadas condiciones.
Esto plantea una paradoja: los astronautas podrían transportar microorganismos terrestres y, al mismo tiempo, crear accidentalmente diminutos refugios capaces de protegerlos.
Los autores no demostraron que una pisada pueda convertirse en un lugar de reproducción. Solo establecieron que depresiones de ese tamaño podrían generar nichos potenciales de supervivencia.
El riesgo de contaminar futuras investigaciones
Los seres humanos, los trajes y las naves transportan numerosos microorganismos y restos orgánicos. Actualmente, según el estudio, no existen requisitos específicos de carga biológica para las naves destinadas a la superficie lunar.
La preocupación no se limita a que los microbios puedan permanecer vivos. Incluso las células muertas podrían contaminar el terreno y dificultar la identificación de materiales originarios de la Luna.
El polo sur tiene un enorme valor científico por la posible presencia de hielo, moléculas prebióticas y otras sustancias volátiles. Conocer qué material lleva cada misión será fundamental para evitar confundir una señal lunar con contaminación terrestre.
Una Luna menos esterilizante de lo pensado
El estudio muestra que un entorno puede ser inhabitable en términos generales sin resultar esterilizante en cada rincón.
La Luna continúa siendo un lugar extremadamente hostil, pero algunas de sus pequeñas sombras podrían permitir que organismos terrestres resistan durante cierto tiempo.
Este conocimiento será importante para las misiones Artemis y para futuras exploraciones de otros cuerpos, especialmente Marte, donde la contaminación biológica podría complicar la búsqueda de posibles señales de vida.
Fuente: muyINTERESANTE