Una experta en adicciones derriba el mito de “tocar fondo” antes de pedir ayuda
La psicóloga Carrie Wilkens, con más de 25 años de experiencia en el tratamiento del consumo de sustancias, sostiene que no es necesario esperar una crisis para intervenir. La especialista destaca el papel de la familia, la comunicación y la comprensión de las causas que están detrás de una conducta adictiva.

Esperar a que una persona con una adicción llegue a una situación extrema antes de ofrecerle ayuda puede ser una de las decisiones más perjudiciales. Así lo sostiene Carrie Wilkens, psicóloga especializada en consumo de sustancias y estrés postraumático, quien lleva más de 25 años trabajando en este campo.
Wilkens asegura que las personas pueden comenzar a cambiar en diferentes momentos y que no necesitan atravesar una experiencia catastrófica para estar preparadas. Esperar, advierte, puede significar más daño, tiempo perdido y un mayor deterioro de las relaciones familiares.
Buscar ayuda antes de llegar a una crisis
Para la especialista, el momento de actuar puede llegar mucho antes de lo que generalmente se piensa. Si una conducta comienza a generar problemas en las relaciones, el trabajo, la salud física o el bienestar emocional, ya existen motivos suficientes para prestarle atención.
La misma recomendación se extiende a las familias. Muchas veces son los seres queridos quienes primero perciben que algo está cambiando y, según Wilkens, pueden tener una influencia mucho mayor en el proceso de recuperación de lo que habitualmente se cree.
Una adicción no aparece de manera aislada
Uno de los principales cambios en el tratamiento de las adicciones ha sido comenzar a observar a la persona en su totalidad y no solamente la sustancia o conducta problemática.
La psicóloga señala que detrás del consumo pueden aparecer situaciones como traumas, ansiedad, TDAH, trastorno obsesivo compulsivo o problemas del sueño. Si esas dificultades permanecen sin tratamiento, conseguir un cambio sostenible puede resultar mucho más complejo.
Un ejemplo sencillo es el de una persona que utiliza alcohol para poder dormir. Si deja de beber pero no encuentra otra manera de solucionar sus dificultades de sueño, el problema que originó aquella conducta continúa presente.
El papel de la familia puede ser decisivo
Wilkens también cuestiona la idea de que no puede hacerse nada hasta que la propia persona reconozca el problema y pida ayuda.
La conducta está influenciada por el entorno y la familia forma parte de ese contexto. Cambiar la manera de comunicarse, evitar respuestas que aumenten la confrontación y reforzar comportamientos saludables puede modificar las condiciones que rodean a la persona.
Esto no significa aceptar o justificar el consumo. La especialista propone mantener el vínculo mientras se evita facilitar la conducta problemática.
Comprender antes que confrontar
Otro error frecuente consiste en intentar convencer por la fuerza a una persona de que tiene un problema.
Wilkens plantea un enfoque diferente: intentar comprender primero qué función está cumpliendo esa conducta. Una persona puede consumir para dormir, reducir la ansiedad, escapar temporalmente de una situación dolorosa o encontrar una sensación de recompensa.
Cuando alguien se siente comprendido en lugar de juzgado, explica la especialista, puede estar más dispuesto a analizar la distancia entre lo que está haciendo y lo que realmente desea para su vida. La confrontación constante, en cambio, suele aumentar la actitud defensiva.
Una recaída no significa empezar nuevamente desde cero
La psicóloga también propone cambiar la manera de interpretar las recaídas. En lugar de considerarlas simplemente un fracaso, recomienda utilizarlas como información para entender qué ocurrió.
La pregunta pasa a ser qué estaba sucediendo en ese momento, qué desencadenó nuevamente la conducta y qué apoyo o herramienta estaba faltando. Con esa información pueden modificarse estrategias, habilidades y condiciones del entorno.
El cerebro también cambia durante la recuperación
El consumo prolongado de determinadas sustancias puede provocar alteraciones cerebrales y existen casos en los que algunas consecuencias pueden persistir. Sin embargo, Wilkens destaca la capacidad de adaptación del cerebro humano.
Así como el cerebro puede cambiar durante una adicción, también puede hacerlo durante la recuperación. Con el paso del tiempo y la incorporación de nuevos hábitos y habilidades, muchas personas pueden recuperar bienestar y sentirse nuevamente comprometidas con su vida.
Menos amenazas y más estrategias
Entre los errores que todavía persisten aparecen los ultimátums, las amenazas, la confrontación permanente o la decisión de esperar pasivamente hasta que la persona “toque fondo”.
Wilkens considera que muchas familias recurren a estas respuestas porque desconocen qué está impulsando realmente el comportamiento de su ser querido. Comprender ese motivo no implica aprobarlo, sino contar con mejores herramientas para intervenir.
El mensaje central de la especialista es claro: la ayuda puede comenzar antes de una crisis. Mantener el vínculo, comprender qué hay detrás de la conducta y actuar con estrategias adecuadas puede abrir una oportunidad de cambio mucho antes de que las consecuencias sean devastadoras.
Fuente: lavozdelasalud