Tu perro no busca vengarse, un veterinario explica qué puede esconder su comportamiento

El veterinario y etólogo Enzo Roubaud propone comprender las emociones y necesidades que hay detrás de conductas interpretadas como desobediencia. En su libro ¡Mi perro necesita terapia!, aborda el refuerzo positivo, los límites y las señales que indican que la convivencia necesita apoyo profesional.

Los ladridos excesivos, las dificultades para quedarse solo o las conductas que parecen desobediencia pueden expresar necesidades y emociones que los tutores no están reconociendo. Esa es una de las ideas que desarrolla Enzo Roubaud, médico veterinario y etólogo clínico especializado en perros y gatos.

En su nuevo libro, ¡Mi perro necesita terapia!, publicado por Editorial Planeta, propone comprender el origen de esos comportamientos y abordarlos sin castigos. Su planteamiento combina límites claros, participación de los responsables y respeto por las características propias de cada animal.

La salud emocional también forma parte del bienestar

Roubaud utiliza la idea de la terapia para destacar que el bienestar de un perro incluye su estado emocional. Su propuesta es buscar herramientas antes de que una dificultad desborde al animal o vuelva insostenible la convivencia familiar.

Desde la etología clínica trabaja con estrategias de modificación de conducta y destaca la participación del tutor. Según explica, los problemas como la ansiedad por separación requieren un abordaje: no se resuelven únicamente con una pastilla, aunque puedan existir herramientas que faciliten el proceso.

Atribuir venganza puede ocultar lo que realmente sucede

El especialista cuestiona la interpretación de que un perro actúa para castigar a su dueño. Considera que atribuirle una intención de venganza implica trasladar al animal razonamientos humanos complejos y puede desviar la atención de sus dificultades reales.

Como ejemplo, menciona al perro que orina en una habitación después de pasar muchas horas solo. En lugar de asumir que está enfadado con su tutor, plantea que podría estar atravesando miedo o problemas para afrontar la separación, una posibilidad que necesita evaluación.

Compartir emociones no significa experimentar el mundo de la misma manera

Roubaud señala que los perros pueden experimentar emociones básicas como miedo, tristeza, disgusto o alegría. Reconocerlas permite acercarse a sus necesidades sin interpretar cada conducta como si procediera de una persona adulta.

El equilibrio consiste en aceptar que existe una vida emocional y, al mismo tiempo, respetar las diferencias entre especies. Para el veterinario, conocer cómo se relaciona un perro con su entorno ayuda a construir expectativas más adecuadas sobre su comportamiento.

Los límites deben acompañarse de reglas claras y empatía

Comprender al animal no implica renunciar a las normas de convivencia. El etólogo considera importante establecer límites y organizar una rutina equilibrada, con un responsable que pueda sostener indicaciones claras y coherentes.

Su objeción está dirigida a la obediencia basada en dureza o castigo. Según explica, comprender qué desencadena una conducta ofrece mejores herramientas para trabajar sobre ella y evitar que se mantenga en el tiempo.

El refuerzo positivo permite enseñar la conducta esperada

Para ilustrar el aprendizaje, Roubaud vuelve al ejemplo de la eliminación en lugares inadecuados. Su propuesta es premiar al perro cuando orina en el sitio esperado, de manera que pueda asociar esa acción con una consecuencia favorable.

El objetivo es enseñar qué hacer, en lugar de limitarse a castigar lo que molesta. El especialista también destaca que un entorno de estrés elevado puede dificultar el aprendizaje, por lo que considera fundamental trabajar sobre las condiciones que rodean al animal.

Respetar su naturaleza también es una forma de cuidarlo

“Entender que el perro es perro no es desvalorizar su vida”, sostiene Roubaud. Reconocer sus necesidades particulares, explica, no reduce el afecto ni la responsabilidad de quienes lo consideran parte de la familia.

Entre sus ejemplos aparece impedir que explore durante los paseos o se ensucie al jugar únicamente porque esas actividades resultan incómodas para las personas. Su planteamiento invita a dejar espacio para conductas propias de la especie dentro de un cuidado responsable.

Las modas y la desinformación pueden perjudicar a las mascotas

El veterinario advierte sobre decisiones de cuidado basadas en tendencias de redes sociales. Durante la entrevista relató el caso de un gato que, según contó, sufrió daños oculares asociados con una alimentación desequilibrada, como ejemplo del riesgo de seguir recomendaciones sin respaldo.

También cuestionó la idea de que las prácticas del pasado eran necesariamente adecuadas porque los animales parecían estar bien. Su argumento es que esa impresión no permite saber si vivieron con molestias o necesidades que nunca fueron identificadas.

La consulta con un etólogo también puede ser preventiva

El veterinario dedicado a la etología clínica puede diagnosticar, tratar y prevenir problemas de comportamiento, explica Roubaud. No es necesario esperar a que la situación genere un estrés intenso para solicitar orientación.

Describe las consultas como espacios educativos y de conversación, donde se analiza la convivencia y se entregan herramientas a los tutores. La prevención también puede ayudar a quienes simplemente buscan comprender mejor a su perro y organizar sus cuidados.

Los cambios en el descanso merecen atención

El especialista menciona las alteraciones del sueño como una razón para consultar. Si el perro descansa poco o despierta repetidamente a su responsable durante la noche, considera importante revisar qué está ocurriendo y cómo afecta a ambos.

Su advertencia apunta a no acostumbrarse a una situación que deteriora la calidad de vida. La evaluación debe permitir comprender el problema, en lugar de asumir que dormir mal forma parte inevitable de convivir con un animal.

La dificultad para salir de casa también puede afectar al tutor

Otra situación señalada es dejar de salir porque el perro lo pasa mal cuando se queda solo. Roubaud plantea que esa dinámica puede limitar progresivamente la vida de la persona y mantener una convivencia marcada por la angustia.

Cuando el problema afecta el bienestar de ambos, propone buscar apoyo. La orientación de un etólogo para el animal y, cuando corresponda, un espacio terapéutico para la persona pueden ayudar a abordar el malestar sin culpabilizar a quien lo atraviesa.

Su nuevo libro continúa una tarea de divulgación sobre animales

Roubaud reúne a más de 100.000 seguidores en Instagram, en la cuenta @dr.roubaud, donde comparte contenidos sobre conducta y tenencia responsable. En 2024 publicó Perrunos y Gatunos, dedicado al cuidado de ambas especies.

Con ¡Mi perro necesita terapia! concentra esa tarea en los perros y en los problemas de comportamiento más frecuentes. El mensaje que atraviesa su propuesta es comprender antes de corregir y reconocer que cambios pequeños, acompañados de orientación adecuada, pueden mejorar la convivencia.

Fuente:LA TERCERA

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