Nicolás Maduro exigió la «máxima alerta» a la Fuerza Aérea Bolivariana ante el masivo despliegue de activos estadounidenses, liderados por el portaaviones USS Gerald R. Ford, en el marco de la controversial «Operación Lanza del Sur», oficialmente enfocada en combatir el narcoterrorismo en la región.


La Escalada Militar en el Mar Caribe

El dictador venezolano, Nicolás Maduro, utilizó la conmemoración del 105° aniversario de la Aviación Militar Bolivariana para elevar su discurso de confrontación, declarando que la nación debe permanecer «alerta, lista y dispuesta» para defender la soberanía ante la creciente presencia militar de Estados Unidos en aguas cercanas.

La advertencia de Maduro coincide con una de las concentraciones de poder naval más grandes de EE. UU. en el Caribe en décadas. El despliegue incluye al portaaviones USS Gerald R. Ford y su grupo de ataque (con más de 75 aeronaves), destructores de misiles guiados, un buque de asalto anfibio (USS Iwo Jima) y un estimado de 15.000 efectivos en la región.

«Operación Lanza del Sur»: Antinarcóticos o Presión Política

La ofensiva militar estadounidense se enmarca en la denominada «Operación Lanza del Sur», presentada por Washington como una acción prioritaria para desmantelar redes de narcotráfico, particularmente el «Cartel de los Soles», supuestamente operado por altos funcionarios del régimen chavista.

El Secretario de Guerra de EE. UU., Pete Hegseth, visitó el USS Gerald R. Ford para dirigirse a las tropas, reiterando que la misión tiene como objetivo «defender nuestra Patria, remover a los narcoterroristas de nuestro Hemisferio y asegurar nuestra Patria de las drogas que están matando a nuestra gente». Esta justificación es vista por el régimen de Caracas y algunos analistas como un pretexto para una estrategia de presión o una posible intervención más amplia. El despliegue no solo ha incluido la movilización de buques, sino también ejercicios aéreos con bombarderos B-52H, y ha logrado la cooperación regional: República Dominicana, por ejemplo, autorizó el uso de dos de sus aeropuertos para operaciones militares estadounidenses en el marco de esta lucha.

Aislamiento Aéreo y Crisis de Conectividad

La escalada de tensión tuvo consecuencias inmediatas en el ámbito civil. Días antes del ultimátum de Maduro a su Fuerza Aérea, el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) de Venezuela revocó las concesiones de tráfico aéreo a seis aerolíneas internacionales importantes: Iberia, TAP Portugal, Avianca, Latam Colombia, Turkish Airlines y Gol.

La decisión del régimen se produjo después de que estas compañías suspendieran sus operaciones, siguiendo una advertencia de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) que instaba a «extremar la precaución» al sobrevolar Venezuela y el sur del Caribe debido a la inestabilidad. Caracas calificó la suspensión de vuelos como un acto de «terrorismo de Estado» y complicidad con el «enemigo».

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) exigió al Gobierno venezolano que «reconsidere» la revocatoria de permisos, señalando que las aerolíneas solo buscan preservar la seguridad de pasajeros y tripulaciones. Expertos en transporte aéreo advirtieron que esta medida unilateral podría provocar respuestas recíprocas por parte de los países de origen de las aerolíneas afectadas, lo que agravaría aún más el aislamiento de Venezuela, que ya es uno de los países con menor conectividad en Latinoamérica.


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