Singapur ofrece más de 47.000 euros por hijo para enfrentar su crisis de natalidad

El Gobierno anunció un paquete de beneficios acumulados hasta los 17 años que incluye pagos directos, cuidado infantil, permisos parentales y ventajas para acceder a viviendas públicas. Sin embargo, muchos jóvenes aseguran que el dinero no resuelve las presiones laborales y educativas.

Singapur anunció uno de los programas de apoyo familiar más ambiciosos del mundo para intentar frenar su histórica caída de nacimientos.

El Gobierno destinará beneficios acumulados por casi 70.000 dólares singapurenses, equivalentes a unos 47.245 euros, por cada hijo hasta que cumpla 17 años.

La cifra no corresponde a un único pago en efectivo, sino a la suma de diferentes ayudas destinadas a reducir el costo de la crianza.

Qué incluye el nuevo programa

El paquete presentado por el primer ministro Lawrence Wong incluye un “regalo por bebé” de 10.000 dólares singapurenses, alrededor de 6.750 euros.

También contempla mayores subsidios para el cuidado infantil a jornada completa y una ampliación de los días de permiso parental.

La propuesta busca acompañar a las familias durante toda la infancia y no solamente en los primeros años de vida.

Más posibilidades de acceder a una vivienda

Uno de los anuncios más celebrados está relacionado con las viviendas públicas de nueva construcción, que tienen una gran demanda en Singapur.

Las familias recibirán un boleto adicional por cada hijo que tengan o estén esperando dentro del sistema utilizado para asignar estas propiedades.

La medida aumentará sus posibilidades de conseguir una vivienda y pretende reducir uno de los principales obstáculos para formar una familia.

Una natalidad en mínimos históricos

La tasa de fecundidad de Singapur cayó a 0,87 hijos por mujer, el nivel más bajo registrado en el país.

El dato genera preocupación porque la ciudad-Estado avanza hacia una sociedad superenvejecida, con menor crecimiento de su población y de su fuerza laboral.

Singapur tiene 6,1 millones de habitantes, pero sus ciudadanos representan solamente alrededor del 60% del total.

El dinero podría no ser suficiente

Pese a la magnitud de las ayudas, existen dudas sobre su capacidad para cambiar las decisiones de los jóvenes.

Una encuesta de YouGov reveló que casi un tercio de las personas de entre 18 y 44 años considera que ninguna política gubernamental aumentaría su deseo de tener hijos.

La reducción del costo de la educación preescolar y del cuidado infantil fue la medida que recibió mayor respaldo entre quienes sí podrían reconsiderar esa decisión.

La presión laboral y educativa pesa

Para numerosos jóvenes, el problema no se limita a los gastos de criar a un hijo.

La fuerte competencia laboral, las exigencias educativas y el ritmo de vida de Singapur hacen que la maternidad y la paternidad resulten poco atractivas.

Jason Gan, de 28 años y próximo a convertirse en padre, reconoció que las ayudas le darán un alivio económico, pero dudó de que representen una solución a largo plazo.

Singapur necesitará más inmigrantes

Lawrence Wong admitió que el país deberá continuar recibiendo inmigrantes mientras intenta garantizar que sus ciudadanos sigan siendo mayoría.

El primer ministro advirtió que la población total y la fuerza laboral crecerán con mayor lentitud durante los próximos años.

El objetivo del programa es facilitar la formación de una familia entre quienes ya desean tener hijos, sin asegurar que los incentivos puedan convencer a quienes han decidido no tenerlos.

Un problema que afecta a toda Asia

La caída de los nacimientos también golpea a otras grandes economías asiáticas.

China registró su tasa de natalidad más baja, Japón alcanzó un nuevo mínimo de fecundidad y Taiwán prepara cuentas de inversión subvencionadas para jóvenes.

Corea del Sur consiguió una pequeña mejora por segundo año consecutivo, aunque su tasa continúa en apenas 0,8 hijos por mujer.

Singapur apuesta ahora por aliviar gran parte del costo de la crianza. La gran incógnita es si el apoyo económico podrá superar las razones laborales, educativas y personales que alejan a los jóvenes de la maternidad y la paternidad.

Fuente: EL PAÍS

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