Por qué los músculos pierden fuerza con la edad: un estudio identifica una posible vía para recuperarla
Investigadores de la Universidad de Misuri mejoraron la fuerza en modelos animales al intervenir sobre un mecanismo muscular. Mientras ese hallazgo requiere más investigación, especialistas destacan el ejercicio de fuerza, la alimentación y la actividad diaria para conservar la musculatura.

Un estudio publicado en el Journal of Clinical Investigation identificó un mecanismo que contribuye a la pérdida de fuerza durante el envejecimiento. Investigadores de la Universidad de Misuri observaron que la comunicación entre nervios y músculos se vuelve menos confiable con los años.
El equipo logró mejorar la fuerza mediante una intervención en modelos animales, un resultado que abre una línea de investigación y todavía no constituye un tratamiento demostrado en personas. En paralelo, especialistas señalan hábitos que ayudan a preservar la musculatura.
El hallazgo sobre las señales entre nervios y músculos
Los científicos encontraron que niveles reducidos de la proteína NaV1.4 dificultan que las fibras musculares respondan adecuadamente a las señales nerviosas. Esa alteración contribuye al deterioro de la fuerza, según los resultados descritos en el estudio.
En animales, la inhibición parcial de otra proteína, denominada ClC-1, permitió revertir ese deterioro y mejorar la respuesta muscular. El resultado experimental ofrece una posible vía para investigar cómo recuperar fuerza durante el envejecimiento.
La pérdida muscular puede avanzar sin cambiar el peso
La doctora Marta Supervía, integrante de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), explica que el tejido muscular alcanza su máximo entre los 30 y los 40 años. Desde entonces, puede disminuir alrededor de un 0,4 a un 0,5 % anual.
Ese cambio no siempre se refleja en la báscula, porque parte del músculo perdido puede ser reemplazado por grasa. La especialista recuerda que la musculatura también participa en el metabolismo y ayuda a reducir el riesgo de caídas, fracturas y dependencia.
La edad y la inactividad aceleran el deterioro
Después de los 60 años, la pérdida puede intensificarse. Los cambios hormonales, la menopausia, el sedentarismo y las hospitalizaciones prolongadas son factores que favorecen el descenso de la masa muscular y pueden comprometer la autonomía.
Supervía señala que 10 días de inmovilización pueden traducirse en aproximadamente un kilogramo de músculo perdido. Enfermedades como la diabetes, la insuficiencia cardíaca, la EPOC y el cáncer también aumentan el riesgo, junto con otras afecciones crónicas.
Las necesidades de proteínas cambian con los años
Con la edad aparece la resistencia anabólica: las fibras musculares responden peor a los nutrientes y necesitan un mayor estímulo para mantener el tejido. El texto sitúa la referencia para personas mayores en aproximadamente 1,2 gramos de proteína por kilogramo de peso al día.
La especialista recomienda repartir el consumo entre las comidas y priorizar pescado, huevos, carnes magras, lácteos y legumbres. También aclara que los suplementos no son necesarios para todos y deben valorarse cuando la alimentación no cubre las necesidades.
El entrenamiento de fuerza es un pilar del cuidado
La SERMEF destaca el ejercicio de fuerza entre dos y tres veces por semana, mediante pesas, bandas elásticas o el propio peso corporal. Supervía lo identifica como el tipo de actividad que mejor ha demostrado prevenir la pérdida muscular y favorecer su mantenimiento.
El entrenamiento y la alimentación cumplen funciones complementarias. Mientras el ejercicio proporciona un estímulo para conservar la musculatura, una ingesta adecuada de proteínas aporta los nutrientes necesarios para sostener ese proceso.
Mantenerse activo importa más allá del entrenamiento
La especialista advierte que entrenar algunos días no compensa pasar el resto del tiempo sentado. Caminar, interrumpir períodos prolongados de inactividad y evitar el reposo innecesario también contribuyen a conservar la función muscular.
El descanso adecuado, el control de los factores de riesgo cardiovascular y una alimentación de patrón mediterráneo completan los hábitos mencionados. El objetivo es preservar tanto la fuerza como la capacidad de desenvolverse con autonomía durante el envejecimiento.
Fuente: Infobae