Por qué las guacamayas rojas dejan morir a sus crías y cómo intentan salvarlas

Las guacamayas rojas suelen dejar de alimentar a sus polluelos más jóvenes cuando nacen varias crías con pocos días de diferencia. La científica peruana Gabriela Vigo-Trauco desarrolla un sistema de adopción entre aves silvestres para aumentar sus posibilidades de supervivencia.

Las guacamayas rojas son aves tropicales emblemáticas cuyas poblaciones disminuyen por amenazas como la caza furtiva y la pérdida de su hábitat. Una estrategia natural de crianza también dificulta la recuperación de la especie.

Después de más de dos décadas estudiando a estas aves, la científica peruana Gabriela Vigo-Trauco descubrió que los padres dejan de atender a sus crías más jóvenes, que generalmente terminan muriendo de hambre.

Las últimas crías casi nunca sobreviven

Cada hembra puede poner hasta cuatro huevos durante una temporada, pero normalmente solo una o dos crías consiguen abandonar el nido volando.

Las observaciones mostraron que casi ninguna de las terceras y cuartas crías sobrevive. Alrededor del 25% de los segundos polluelos también corre la misma suerte.

Las cámaras instaladas en los nidos desde 2007 permitieron comprobar que los padres, especialmente las madres, concentran la atención y el alimento en las primeras crías.

Una antigua estrategia de supervivencia

Los investigadores no observaron ataques entre hermanos ni encontraron una relación directa entre el abandono y la cantidad de alimentos disponibles en el entorno.

Vigo-Trauco considera que el problema se produce porque los padres tienen dificultades para atender simultáneamente a polluelos que se encuentran en etapas diferentes de desarrollo.

Una diferencia de apenas cuatro o cinco días entre las eclosiones puede resultar decisiva, porque cada cría necesita alimentación y temperaturas distintas. Si los adultos intentaran atenderlas a todas, podrían poner en riesgo la supervivencia de toda la nidada.

El rescate de Parker

En noviembre de 2018, el equipo retiró de un nido a Parker, la menor de cuatro crías. Todavía no tenía plumas, no había abierto los ojos y presentaba bajo peso.

El polluelo fue encontrado en la Reserva Nacional de Tambopata, en la Amazonía peruana, donde Vigo-Trauco desarrollaba una estrategia para rescatar a las crías condenadas.

Durante tres semanas, el equipo alimentó a Parker cada dos horas mientras buscaba en el bosque una familia adoptiva capaz de enseñarle a comportarse como un ave silvestre.

Una madre adoptiva aceptó al polluelo

El 22 de diciembre, Parker fue colocado en otro nido. Su madre adoptiva, llamada Tambo, comenzó a acicalarlo inmediatamente y lo integró con sus propias crías.

Pocos meses después, Parker logró volar. Se convirtió en apenas el cuarto polluelo de su condición que consiguió hacerlo después de décadas de observaciones en los nidos silvestres de Tambopata.

En septiembre de 2019, los científicos volvieron a encontrarlo volando junto a sus padres adoptivos y su hermano como parte de una familia completamente integrada.

Resultados con otros 25 polluelos

El equipo consiguió resultados similares con otros 25 polluelos rescatados entre 2017 y 2019. Tres fueron adoptados correctamente, aunque murieron antes de independizarse por un rayo, el ataque de un depredador y una enfermedad.

La crianza con padres adoptivos permite que las aves aprendan a alimentarse, reconocer depredadores y formar parte de una bandada, habilidades difíciles de adquirir cuando son criadas completamente en cautiverio.

Criarlas a mano presenta dificultades

La crianza manual puede prolongarse entre un mes y medio y tres meses, hasta que las aves estén preparadas para volar.

Los loros criados en cautiverio suelen tener bajas tasas de supervivencia después de ser liberados porque encuentran dificultades para conseguir alimento, evitar amenazas e integrarse socialmente.

Por esa razón, el equipo de Vigo-Trauco recurrió a parejas silvestres que pudieran cumplir la función de padres adoptivos.

Un método costoso y difícil de replicar

El programa desarrollado durante tres años en Tambopata necesitó recursos para cubrir los salarios, el alojamiento y los equipos de unas 20 personas.

La técnica también exige una coordinación precisa. Los científicos deben localizar un polluelo en peligro y encontrar otro nido vacío o con una cría de edad semejante, después de recorrer varios kilómetros por la selva.

Estas dificultades han impedido que el sistema pueda aplicarse fácilmente en todos los lugares donde sobreviven poblaciones reducidas de guacamayas rojas.

Una alternativa para reducir los costos

Desde 2020, Vigo-Trauco prueba una variante que elimina la fase de alimentación manual. El método consiste en trasladar a los polluelos de un nido a otro poco después del nacimiento.

El nuevo sistema requiere mayor vigilancia, pero reduce los cuidados intensivos y los costos. Durante el segundo año, los investigadores intercambiaron con éxito crías de dos nidos para que cada pareja atendiera a polluelos de edades similares.

Una esperanza para otras especies

La técnica desarrollada en Perú ya sirve como referencia para proyectos con otras especies de loros desde Argentina hasta Centroamérica.

Vigo-Trauco considera que los aprendizajes obtenidos con la población relativamente saludable de Tambopata pueden contribuir a proteger grupos más amenazados y permitir que un mayor número de crías llegue a volar.

Fuente: BBC

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