Por qué el cerebro controla el lado opuesto del cuerpo y qué tienen que ver los ojos con ese cruce

Dos investigadores de la Universidad de Minnesota proponen que los antiguos circuitos visuales establecieron un mapa que luego condicionó las conexiones del tacto, la audición y el movimiento.

El hemisferio derecho del cerebro participa de manera predominante en el control del lado izquierdo del cuerpo, y el izquierdo hace lo propio con el derecho. Una investigación propone que esta organización cruzada podría tener su origen en los circuitos visuales de los primeros vertebrados.

Los neurocientíficos Daniel Wang y Martin Wessendorf, de la Universidad de Minnesota, plantean que un antiguo mapa visual sirvió como base para organizar otras conexiones. Su trabajo, publicado en Frontiers in Neuroanatomy, presenta una hipótesis evolutiva, no una explicación definitivamente comprobada.

La pista comienza en los ojos de los primeros vertebrados

Los autores sitúan el origen de esta arquitectura en peces sin mandíbula del Cámbrico, hace entre 538 y 486 millones de años. La propuesta parte de cómo los ojos reciben y distribuyen la información del entorno.

La lente del ojo invierte la imagen que llega a la retina. La luz del campo visual derecho se proyecta sobre su mitad izquierda, mientras que la del campo izquierdo llega a la mitad derecha. El estudio vincula esa disposición con la posterior organización de las vías nerviosas.

El quiasma óptico permite cruzar información visual

El quiasma óptico es la intersección donde fibras procedentes de la retina cruzan la línea media. Esa organización permite dirigir información de un lado del entorno hacia el lado opuesto del cerebro.

Según la hipótesis, ese patrón visual antiguo habría establecido unas coordenadas que otros sistemas aprovecharon después. No se propone que cada conexión cruzada surgiera de forma independiente para resolver una necesidad distinta.

Un mapa cerebral para localizar lo que ocurre alrededor

La investigación destaca el papel del tectum óptico, una estructura del mesencéfalo que en los mamíferos se denomina colículo superior. Esta región construye un mapa espacial y participa en respuestas rápidas ante presas, depredadores o amenazas.

Sus capas profundas también reciben señales táctiles y auditivas. Los autores plantean que esos estímulos se alinearon con las coordenadas visuales, permitiendo situar lo visto, oído o tocado dentro de un mismo sistema de referencia.

El tacto y el movimiento habrían seguido ese plano previo

Con la evolución de los tetrápodos, el linaje que incluye anfibios, reptiles, aves y mamíferos, aparecieron circuitos adaptados a nuevas formas de desplazamiento y percepción corporal.

Wang y Wessendorf analizaron vías que llevan sensaciones al cerebro y otras que envían órdenes hacia los músculos. Su propuesta sostiene que muchas conservaron la disposición contralateral del sistema visual, en lugar de construir una organización completamente nueva.

Las sensaciones no cruzan todas en el mismo lugar

La vía de la columna dorsal-lemnisco medial transporta tacto fino, vibración y propiocepción: la capacidad de reconocer la posición de las partes del cuerpo sin mirarlas. Sus señales ascienden por la médula y cruzan en el bulbo raquídeo.

El tracto espinotalámico, relacionado con dolor, temperatura y tacto menos preciso, cruza mucho antes, dentro de la médula espinal. Las dos vías muestran que una organización cruzada puede alcanzarse mediante recorridos anatómicos diferentes.

Las órdenes motoras también utilizan conexiones cruzadas

El tracto tectoespinal conecta el tectum con la médula del lado contrario y participa en movimientos reflejos ante estímulos visuales, auditivos o táctiles. El rubroespinal, originado en el núcleo rojo, también cruza y contribuye a coordinar las extremidades.

El tracto corticoespinal nace en la corteza cerebral y gran parte de sus fibras cruza en el bulbo raquídeo. En primates, algunas conexiones alcanzan directamente neuronas que controlan músculos, una adaptación vinculada con movimientos manuales precisos.

Una explicación basada en conservar lo que ya funcionaba

La idea central es que la evolución suele modificar y aprovechar estructuras existentes. Mantener alineadas las señales visuales, corporales y motoras habría evitado reorganizar por completo circuitos que ya trabajaban de manera coordinada.

Desde esa perspectiva, el predominio cruzado que observamos en el cerebro humano podría reflejar decisiones evolutivas muy antiguas. La propuesta no implica que todas las funciones cerebrales sigan una correspondencia exclusiva entre un hemisferio y el lado contrario.

Qué falta investigar para poner a prueba la hipótesis

Los autores señalan que futuros análisis de fósiles neurocraneales internos de vertebrados del Cámbrico temprano podrían aportar indicios sobre la formación de aquella arquitectura visual.

Esos estudios ayudarían a reconstruir cómo se estableció el patrón y qué relación tuvo con las conexiones posteriores. Por ahora, el trabajo ofrece una explicación posible para una característica del sistema nervioso cuyo origen continúa bajo investigación.

Fuente: Infobae

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