Nueva Zelanda recupera al insecto más pesado del mundo tras liberar 11.000 ejemplares

La cría en cautiverio y los traslados a hábitats protegidos permitieron establecer poblaciones que se reproducen por sí solas. La especie pasó de estar considerada nacionalmente en peligro a encontrarse en recuperación.

Un programa de conservación de 15 años permitió liberar alrededor de 11.000 wētāpunga, el insecto considerado más pesado del mundo. El trabajo logró mejorar la situación de esta especie exclusiva de Nueva Zelanda, amenazada por depredadores introducidos y la pérdida de hábitat.

Los resultados fueron publicados en el New Zealand Journal of Zoology por el investigador Chris Green, del Departamento de Conservación, y su equipo. El proyecto combinó reproducción en cautiverio, alimentación especializada y reubicaciones en entornos protegidos.

Un insecto que puede pesar como un ratón

Una hembra adulta de wētāpunga puede pesar tanto como un ratón y alcanzar los 10 centímetros de largo. Con las patas extendidas, su tamaño puede llegar a los 20 centímetros.

Es el mayor de los aproximadamente 70 tipos de wētā presentes en Nueva Zelanda y una de las especies más singulares de su fauna.

Los depredadores que llevaron a su declive

La llegada de ratas, comadrejas y armiños, junto con la destrucción de su hábitat, redujo drásticamente sus poblaciones. Para la década de 1990, había desaparecido de la zona continental de Nueva Zelanda.

Su supervivencia quedó limitada a refugios insulares. Esa situación impulsó un programa para aumentar la cantidad de ejemplares y establecer poblaciones en otros lugares seguros.

Dos instituciones impulsaron la cría

El centro de fauna Butterfly Creek y el zoológico de Auckland desarrollaron métodos de reproducción en cautiverio. La crianza en grupos permitió aumentar progresivamente el número de insectos disponibles para su liberación.

Durante el programa se realizaron 45 traslados a islas libres de depredadores y algunas reservas continentales al norte de Auckland.

La alimentación fue clave para las crías

Las ninfas, como se denomina a los ejemplares jóvenes, recibieron una dieta de follaje fresco, escamas de pescado y hojarasca. Según Green, el aporte de proteína fue fundamental para su supervivencia durante las primeras etapas.

Los insectos fueron trasladados a sus nuevos hábitats cuando alcanzaron un desarrollo suficiente para afrontar las condiciones del entorno.

Hasta cinco generaciones nacidas en libertad

El seguimiento en dos islas confirmó poblaciones autosustentables, con cuatro y cinco generaciones nacidas en la naturaleza. Los insectos lograron reproducirse sin nuevas intervenciones de cría.

Estos resultados permitieron que la clasificación nacional de la especie pasara de “en peligro” a “en recuperación”, un avance importante para su conservación.

Un modelo para proteger otras especies

El equipo documentó las técnicas utilizadas para que otras instituciones puedan aplicarlas a invertebrados amenazados. La experiencia demuestra el valor de combinar la cría con hábitats seguros y seguimiento posterior.

Aunque el wētāpunga continúa necesitando protección, su recuperación ofrece una referencia para ampliar los programas de conservación de la fauna de Nueva Zelanda.

Fuente: Infobae

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