Múltiples países, incluidos EE. UU. y España, instan a sus ciudadanos a abandonar rápidamente Malí ante el avance yihadista y la crisis de suministros

  1. Consejo diplomático urgente y advertencias de viaje
  2. Bloqueo de combustible y caída de servicios clave en la capital, Bamako
  3. El papel del grupo Jama’at Nusrat al‑Islam wa al‑Muslimin (JNIM) y el deterioro del estado maliense
  4. Implicaciones regionales y desafíos para la junta militar en el poder

1. Consejo diplomático urgente y advertencias de viaje

Las autoridades españolas, estadounidenses y de otros países europeos han emitido alertas para sus ciudadanos con presencia o intención de viajar a Malí. Según el ministerio español de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, se desaconseja el viaje a Malí bajo cualquier circunstancia y se recomienda a los españoles en el país que valoren salir temporalmente debido a la grave escasez de carburante.

Por su parte, el Gobierno de EE. UU., mediante su embajada en Bamako, emitió una instrucción más contundente: exhortó a los ciudadanos estadounidenses que se encuentran en Malí a abandonar el país inmediatamente vía vuelos comerciales, y advirtió que las rutas terrestres representan un alto riesgo por ataques terroristas.

Asimismo, el Reino Unido, Alemania, Italia y Canadá han actualizado sus recomendaciones de viaje, instando a abandonar Malí o evitar cualquier desplazamiento no esencial.


2. Bloqueo de combustible y caída de servicios clave en Bamako

Desde septiembre de 2025, Malí enfrenta un bloqueo sistemático de importaciones de combustible por parte del grupo JNIM, que ha atacado camiones cisterna que transportan carburante hacia Bamako y otras regiones.

Este bloqueo ha generado largas filas en gasolineras, cortes diarios de electricidad en algunos barrios durante seis a ocho horas, y el cierre temporal de escuelas y universidades por al menos dos semanas debido a la imposibilidad del personal para desplazarse.

El Gobierno maliense, gobernado por una junta militar desde el golpe de 2020, respondió desplegando tropas para escoltar camiones en convoyes e intensificando controles en vía terrestre, aunque los convoyes siguen bajo ataque.

La combinación de escasez de combustible, servicios básicos debilitados y rutas inseguras está generando un ambiente de crisis creciente en la capital y alrededores.


3. El papel del JNIM y el deterioro del estado maliense

El grupo JNIM, una federación de organizaciones yihadistas afiliada a Al Qaeda, no sólo ha incrementado su presencia en el norte y centro de Malí, sino que en los últimos meses ha comenzado a operar cerca de Bamako, extendiendo su influencia hacia las regiones de Ségou, Kayes y Sikasso.

Según analistas, la coalición busca asfixiar económicamente al Estado maliense a través del bloqueo de combustibles y transporte: han quemado un convoy de 40 vehículos que llevaban fuel a Bamako, ejemplificando esta estrategia.

El debilitamiento institucional del país es anterior: tras los golpes de Estado de 2020 y 2021, Malí expulsó fuerzas extranjeras francesas y buscó apoyo de la empresa mercenaria rusa Wagner Group (o su sucesora africana) sin lograr frenar el avance yihadista.

La prolongada crisis expone el riesgo de que Malí se convierta en un Estado fallido o en una zona bajo control yihadista, tal como advierten investigadores:

“More than a routine security warning, this move highlights the deep vulnerability of a country clinging to the illusion of military sovereignty…”


4. Implicaciones regionales y desafíos para la junta militar

El impacto en Malí va más allá de la seguridad inmediata: la estrategia yihadista de 2025 amenaza la estabilidad del Sahel occidental, región ya frágil debido a conflictos, golpes militares y desarraigo social.

Para la junta en el poder, liderada por Assimi Goïta, el bloqueo pone en cuestión su capacidad de gobernar, reactivar la economía y garantizar los servicios públicos. El deterioro de la situación es visto como un fracaso de la promesa de “refundar” un Malí seguro y estable.

Para los países europeos y EE. UU., la crisis plantea también un dilema diplomático: apoyar un régimen con implicaciones autoritarias mientras los yihadistas ganan terreno; evitar que Malí se convierta en base de operaciones para la expansión terrorista hacia la costa atlántica africana.

Desde la perspectiva económica, sectores estratégicos maliense (oro, agricultura, hidroelectricidad) se ven comprometidos por la inseguridad, lo que reduce perspectivas de crecimiento y hace más difícil el retorno de la estabilidad.


La combinación de recomendaciones diplomáticas urgentes, crisis de suministros, avance de insurgentes y debilitamiento estatal convierte la situación de Malí en una de las más graves de África occidental en 2025. La llamada a los ciudadanos extranjeros a abandonar el país no sólo refleja una emergencia puntual, sino también una advertencia sobre el riesgo de que Malí se deslice hacia un escenario de control yihadista y colapso institucional.


Fuentes

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