Los movimientos de los dedos pueden revelar señales sobre el deterioro cognitivo

Una investigadora de la Universidad Anglia Ruskin explicó cómo el golpeteo de dedos y una secuencia de movimientos ayudan a evaluar velocidad, coordinación y planificación. Estas pruebas complementan otros estudios: el cansancio, la distracción o la artritis también pueden afectar su resultado.

La velocidad, la coordinación y la precisión de los dedos pueden aportar información durante una evaluación cognitiva. La investigadora Monika McAtarsney-Kovacs, de la Universidad Anglia Ruskin, explicó a The Telegraph cómo dos ejercicios manuales permiten observar dificultades que pueden acompañar cambios cerebrales.

Sin embargo, estas pruebas no se utilizan de forma aislada ni permiten diagnosticar deterioro cognitivo por cuenta propia. El cansancio, la distracción y problemas de movilidad, como la artritis, pueden alterar el desempeño sin que exista una causa relacionada con la memoria.

Por qué una tarea manual también exige esfuerzo mental

La especialista explicó que realizar movimientos precisos y novedosos requiere planificar cada acción, mantener la atención y evitar respuestas incorrectas. Aunque parezcan ejercicios simples, implican la coordinación de varias regiones del cerebro.

Entre ellas se encuentran la corteza motora primaria, la corteza prefrontal y el cerebelo. Por esa relación entre movimiento y procesamiento mental, los profesionales pueden incorporar tareas manuales como complemento de pruebas que evalúan memoria, lenguaje y otras capacidades.

El golpeteo entre el pulgar y el índice

El primer ejercicio descrito consiste en tocar repetidamente el índice con el pulgar durante 15 segundos, separándolos unos tres centímetros entre cada contacto. Se realiza con cada mano por separado y permite observar tanto la cantidad de toques como su regularidad.

Un estudio citado por la investigadora encontró un promedio de 54 toques con la mano dominante y 51 con la no dominante entre personas con deterioro cognitivo leve, frente a 64 y 59 en el grupo sin deterioro. Son promedios de una investigación, no límites que determinen un diagnóstico individual.

El ritmo también forma parte de la observación

En el ámbito clínico, los profesionales no se limitan a contar movimientos. También observan si la ejecución pierde velocidad o presenta un ritmo irregular, características que pueden acompañar cuadros de deterioro cognitivo leve y demencia.

Otras investigaciones, realizadas con dispositivos informáticos, relacionaron un menor número de toques con un hipocampo de menor tamaño. Esa asociación aporta información para el estudio de la memoria, pero no permite deducir el estado de esa región cerebral a partir de una prueba casera.

La secuencia de puño, borde y palma

El segundo ejercicio consiste en alternar tres posiciones sobre una superficie plana: puño cerrado, mano apoyada sobre su borde y palma extendida. La secuencia se repite tres veces con cada mano y exige recordar el orden y cambiar de movimiento.

Según los datos citados, los errores fueron más frecuentes entre personas con deterioro cognitivo leve o demencia. Los médicos observan especialmente si el paciente altera la secuencia, repite una misma posición o tiene dificultades para aprenderla, siempre dentro de una evaluación más amplia.

Una dificultad puede tener distintas explicaciones

McAtarsney-Kovacs advirtió que un resultado bajo no debe generar alarma automática. La fatiga, la falta de concentración o las limitaciones físicas de las manos pueden influir en ambos ejercicios y deben considerarse al interpretar lo observado.

La especialista señaló la importancia de atender también a otros cambios, como desorientarse en lugares conocidos, olvidar nombres de familiares o recibir comentarios sobre alteraciones de conducta. Las pruebas manuales son un paso complementario; la valoración médica incluye otros aspectos cognitivos y el contexto de cada persona.

Las actividades nuevas mantienen el desafío mental

La investigadora explicó que practicar movimientos manuales activa redes vinculadas con la atención, la planificación y la coordinación. Cuando una actividad se vuelve automática, disminuye el desafío cognitivo que representa, por lo que destacó el valor de incorporar aprendizajes nuevos.

Entre sus ejemplos mencionó aprender un idioma, bailar, tejer o tocar un instrumento. También subrayó la actividad física y mental, el descanso, los vínculos sociales y el cuidado de la salud cardiovascular, la vista y el oído como parte de una mirada integral sobre el envejecimiento cerebral.

Fuente: Infobae

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