Liberaron 28 asnos en el desierto y cuatro décadas después transformaron el ecosistema

Los primeros 28 ejemplares fueron liberados en 1982 dentro del cráter Ramón, en Israel. Actualmente viven allí entre 500 y 600 asnos que dispersan semillas, excavan pozos y ayudan a recuperar la flora y la fauna del desierto.

Los asnos salvajes desaparecieron del desierto del Néguev durante las primeras décadas del siglo XX debido a la caza intensiva.

En 1982, las autoridades israelíes liberaron 28 ejemplares en el cráter Ramón con el objetivo inicial de recuperar una especie perdida.

Cuatro décadas después, la población creció hasta alcanzar entre 500 y 600 animales, que además cumplen un papel importante en la regeneración del ecosistema.

Una operación de conservación internacional

Los ejemplares utilizados en el proyecto no eran burros domésticos, sino onagros persas y asnos salvajes africanos.

En 1968, cuando Israel e Irán todavía mantenían relaciones diplomáticas, el Gobierno iraní entregó once onagros procedentes de sus reservas reales.

Los animales fueron transportados hasta la Reserva de Vida Silvestre de Yotvata, donde comenzó un programa de reproducción bajo condiciones controladas.

Nuevos ejemplares llegaron desde Etiopía

Durante la década de 1970, Israel adquirió en Etiopía un pequeño grupo de asnos salvajes africanos para aumentar la diversidad del proyecto.

Los ejemplares fueron trasladados en barcos y camiones adaptados hasta las reservas situadas en el sur del país.

Después de más de diez años de reproducción, los especialistas consideraron que la población era suficientemente numerosa y saludable para vivir en libertad.

Preparados para sobrevivir en condiciones extremas

Los animales poseen cuerpos estilizados, patas largas y un pelaje arenoso que les permite camuflarse entre las rocas.

Pueden alcanzar velocidades de entre 60 y 70 kilómetros por hora y soportar temperaturas superiores a los 40 grados.

Su metabolismo les permite pasar varios días sin beber, mientras su sistema digestivo aprovecha arbustos secos y cortezas que otros herbívoros no pueden consumir.

Los asnos ayudan a germinar las acacias

Uno de sus principales aportes se encuentra en la dispersión de semillas de acacia, un árbol fundamental para la vida del desierto.

Cuando los animales comen sus vainas, los jugos gástricos debilitan la cubierta externa de las semillas sin destruirlas.

Posteriormente, las expulsan junto con el estiércol húmedo, creando mejores condiciones para que germinen en diferentes puntos del territorio.

Árboles esenciales para el desierto

Las acacias fijan nitrógeno en el suelo y proporcionan sombra, alimento y refugio a numerosas especies.

Antes del regreso de los asnos, sus semillas tenían dificultades para germinar naturalmente.

La circulación de los animales ayudó a distribuirlas por áreas más extensas y favoreció la aparición de nueva vegetación.

Pozos que benefician a otros animales

Los resistentes cascos de los asnos también les permiten excavar la tierra seca para encontrar agua.

Algunos de estos pozos pueden alcanzar hasta dos metros de profundidad y luego son utilizados por gacelas, zorros, puercoespines y aves.

La humedad acumulada alrededor de estas excavaciones también favorece la presencia de insectos, que sirven como alimento para murciélagos y otras especies.

Una población adaptada al desierto

El proyecto priorizó la supervivencia y adaptación de los animales frente a la búsqueda de una población genéticamente uniforme.

Según el programa, los ejemplares resultantes desarrollaron mayor resistencia a enfermedades y una mejor capacidad para afrontar las variaciones climáticas del Néguev.

Estas condiciones facilitaron su reproducción y expansión en un territorio marcado por la falta de agua y las temperaturas extremas.

La recuperación no dependió únicamente de los animales

El regreso de los asnos fue acompañado por intervenciones realizadas por especialistas ambientales israelíes.

Los equipos construyeron terrazas y presas de tierra inspiradas en antiguas técnicas nabateas para retener el agua de las inundaciones repentinas del invierno.

Estas estructuras ayudan a conservar la humedad y mantener más elevadas las reservas subterráneas, complementando la actividad de los animales.

De especie reintroducida a ingenieros ambientales

Los asnos no solo recuperaron un territorio del que habían desaparecido, sino que comenzaron a modificarlo con sus actividades cotidianas.

Al transportar semillas, fertilizar el suelo y abrir puntos de acceso al agua, favorecieron la presencia de plantas y animales en algunas de las zonas más áridas.

El proyecto del cráter Ramón es presentado como un ejemplo de cómo la reintroducción de una especie, acompañada por una planificación ambiental, puede contribuir a recuperar un ecosistema.

Fuente: okdiario

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