La NASA confirmó la reentrada de Swift sobre Sumatra sin reportes de daños
El observatorio de la NASA reingresó a la atmósfera el miércoles 4 de noviembre sobre el norte de Sumatra. No hay confirmación de restos en superficie ni reportes de daños. La actividad solar aceleró su descenso y una misión robótica no logró elevar su órbita.

El observatorio Neil Gehrels Swift de la NASA reingresó a la atmósfera terrestre sobre el norte de Sumatra, en Indonesia, después de casi 22 años de actividad. La misión, diseñada originalmente para durar dos años, se convirtió en una herramienta fundamental para detectar y estudiar algunas de las explosiones más energéticas del universo.
Según informó la agencia espacial, la Fuerza Espacial de Estados Unidos confirmó la reentrada a las 7:39 de la mañana, hora del Este estadounidense, del miércoles 4 de noviembre. Hasta el momento informado, no existía confirmación oficial de restos en superficie ni reportes de daños.
La ubicación comunicada se encontraba cerca de los 3,4 grados de latitud norte y 98,6 grados de longitud este. Esas coordenadas corresponden a la región de Sumatra del Norte, en la isla indonesia.
El registro identifica el lugar de la reentrada atmosférica. No permite afirmar que el observatorio haya impactado allí ni establecer dónde pudieron terminar los componentes que eventualmente sobrevivieran al descenso.
La mayor parte de la estructura debía desintegrarse
Swift tenía una masa aproximada de 1,4 toneladas métricas. La NASA había previsto que la mayor parte de su estructura se destruiría al atravesar las capas más densas de la atmósfera, debido al calentamiento extremo durante la reentrada.
Sin embargo, algunos componentes de mayor densidad podían resistir. Esa posibilidad explica el seguimiento del descenso, aunque la información difundida no confirmó la recuperación de piezas ni consecuencias sobre personas o instalaciones.
La zona prevista abarcaba varias regiones del planeta
Antes de conocer el punto de reentrada, la agencia había delimitado una franja posible para los restos entre los 20,6 grados de latitud norte y los 20,6 grados de latitud sur. Ese corredor incluía áreas de América Latina, África, Asia y Oceanía.
La amplitud de la zona respondía a la incertidumbre sobre el momento exacto del descenso de una nave que ya no podía ser guiada desde tierra. Las últimas órbitas fueron monitoreadas por la Fuerza Espacial estadounidense.
El riesgo calculado era bajo, pero no inexistente
La NASA había estimado en una posibilidad entre 2.100 el riesgo de que una persona resultara afectada por fragmentos supervivientes. Esa evaluación se realizó antes de la reentrada y formó parte de la planificación del seguimiento.
El cálculo no significaba que se esperara necesariamente un impacto sobre una persona. Tampoco equivale a una confirmación de que hayan llegado restos al suelo, algo que no había sido informado oficialmente.
Swift detectaba los destellos más violentos del universo
Lanzado en noviembre de 2004, el observatorio llevaba tres instrumentos que trabajaban en distintas longitudes de onda. Su principal objetivo era detectar estallidos de rayos gamma, asociados con fenómenos extremadamente energéticos.
Cuando encontraba una señal, podía cambiar rápidamente de orientación para estudiarla. También enviaba avisos a otros observatorios, permitiendo que telescopios terrestres y espaciales apuntaran hacia el mismo evento poco después de su detección.
Una alarma astronómica que amplió sus objetivos
Swift fue concebido como un observatorio multibanda capaz de responder con rapidez a esos destellos. Durante su trayectoria detectó y siguió miles de eventos y fuentes de alta energía, ayudando a estudiar fenómenos que cambian en períodos breves.
Su trabajo también incluyó galaxias activas, estrellas con llamaradas de rayos X, supernovas, cometas y asteroides. Esa variedad de objetivos amplió el alcance de una misión que permaneció operativa mucho más tiempo del previsto.
La actividad solar aceleró la pérdida de altura
El deterioro de su órbita fue progresivo y estuvo relacionado con el aumento de la resistencia atmosférica. La mayor actividad solar de los últimos años intensificó ese efecto y aceleró el descenso del observatorio.
Cuando el Sol calienta las capas superiores de la atmósfera, estas se expanden. Los satélites que orbitan a baja altura encuentran entonces mayor resistencia, pierden energía orbital y descienden hacia regiones donde el rozamiento aumenta todavía más.
La NASA intentó rescatar su órbita
En septiembre de 2025, la NASA contrató a la empresa estadounidense Katalyst Space para desarrollar una operación que permitiera prolongar la vida de Swift. El objetivo era interceptarlo y trasladarlo a una órbita más alta.
El plan contemplaba utilizar la nave robótica LINK, que debía acercarse al observatorio, sujetarlo mediante brazos mecánicos y elevarlo. La misión exigía diseñar, construir y lanzar el vehículo en menos de un año.
Un problema de orientación frustró la operación
LINK despegó en julio de 2026 a bordo de un cohete Pegasus XL desde el atolón Kwajalein, en las Islas Marshall. Sin embargo, sufrió problemas en su sistema de control de orientación.
La NASA y Katalyst cancelaron el intento de captura y elevación. Sin esa intervención, Swift quedó expuesto al avance de su deterioro orbital, aunque todavía pudo retomar parte de su trabajo científico.
El observatorio volvió a trabajar durante sus últimos meses
Tras abandonar el intento de elevar su órbita, Swift reanudó sus observaciones en agosto. En esa etapa final estudió cientos de objetivos, entre ellos remanentes de explosiones estelares, agujeros negros supermasivos activos y cometas del Sistema Solar.
El regreso a las operaciones científicas también aceleró su descenso, según la información difundida sobre la misión. La pérdida de altura terminó por afectar la capacidad de mantener los instrumentos orientados de manera estable.
Los 275 kilómetros marcaron el final de las observaciones
El 20 de octubre, Swift llegó a una altura de 275 kilómetros. A partir de ese punto, la resistencia atmosférica impedía que el observatorio sostuviera adecuadamente sus instrumentos sobre los objetivos de estudio.
La nave entró en modo seguro y el equipo operativo de la Universidad Estatal de Pensilvania envió la orden que dio por terminada la misión. La reentrada del 4 de noviembre cerró definitivamente su recorrido orbital.
La experiencia aporta información para futuras misiones
Aunque LINK no consiguió salvar a Swift, la operación dejó datos sobre los desafíos de acercarse y asistir a satélites en el espacio. Ese campo forma parte de las capacidades que la NASA busca desarrollar para futuras intervenciones orbitales.
El caso mostró también las dificultades de organizar una misión de asistencia con un plazo limitado. En Swift, el deterioro de la órbita avanzaba mientras se preparaba una solución que finalmente no pudo concretarse.
Hubble también enfrenta el desafío de su futuro orbital
La NASA abrió una consulta con empresas privadas para evaluar alternativas destinadas al telescopio espacial Hubble. Entre las posibilidades figuran elevar su órbita, mejorar sus sistemas o preparar una reentrada controlada.
Los análisis citados prevén que Hubble podría reingresar entre 2033 y 2034, por lo que una eventual intervención debería realizarse antes de 2032. Se trata de escenarios en evaluación, sin una operación definitiva anunciada en la información presentada.
Fuente: Infobae