La Gran Muralla Verde apuesta por arbustos y agricultura local para recuperar el Sahel

La iniciativa que se extiende entre Senegal y Yibuti busca restaurar 100 millones de hectáreas para 2030. Después de casi dos décadas, el proyecto prioriza soluciones adaptadas al territorio, como arbustos y agricultura local. La falta de desembolsos y la inseguridad limitan su avance en amplias zonas del Sahel.

La Gran Muralla Verde de África busca restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas para 2030, pero su estrategia se ha alejado de la idea inicial de plantar árboles en una franja continua. El proyecto apuesta ahora por una combinación de arbustos, árboles adaptados y prácticas agrícolas locales que permita recuperar los suelos sin aumentar la presión sobre el agua.

La iniciativa abarca una extensión de casi 8.000 kilómetros entre Senegal y Yibuti. Sus objetivos incluyen también capturar 250 millones de toneladas de carbono y crear 10 millones de empleos, según las metas recogidas en el artículo.

La cifra de 100 millones corresponde a hectáreas por restaurar, no al número de árboles que se pretende plantar. Esa diferencia refleja cómo el proyecto ha evolucionado hacia una intervención más amplia sobre el territorio y las condiciones de vida de sus comunidades.

De una barrera de árboles a un mosaico de soluciones

Cuando la iniciativa nació, hace casi dos décadas, predominaba la idea de plantar árboles en líneas para frenar físicamente el avance de la arena.

Sin embargo, los estudios citados en la publicación señalaron las limitaciones de ese enfoque. En zonas semiáridas, las plantaciones de grandes árboles podían presentar baja supervivencia, reducir la humedad del suelo y aumentar la presión sobre los acuíferos locales.

La respuesta fue avanzar hacia un modelo de restauración en mosaico, con actuaciones diferentes según el ambiente y las necesidades de cada comunidad.

La Gran Muralla Verde dejó así de entenderse únicamente como una franja forestal. Su desarrollo incorpora la recuperación de tierras agrícolas y otras formas de vegetación adecuadas para el Sahel.

Por qué los arbustos ganan protagonismo

El artículo destaca el uso de arbustos como una alternativa más sostenible en determinados ambientes semiáridos, frente a la plantación de grandes árboles.

La prioridad es recuperar la cobertura vegetal con especies que puedan mantenerse bajo las condiciones del lugar. Plantar más no garantiza mejores resultados si la vegetación no sobrevive o consume recursos hídricos que el ecosistema no puede sostener.

Eso no significa eliminar los árboles de la estrategia. Los ejemplares que consiguen establecerse pueden aportar sombra, favorecer la retención de agua y contribuir al ciclo de nutrientes, con beneficios para las comunidades locales.

El criterio pasa por elegir qué vegetación necesita cada zona y cómo puede integrarse con los usos existentes del suelo.

La agricultura local forma parte de la restauración

Los esfuerzos también se orientaron a respaldar la agricultura tradicional y la gestión comunitaria de las tierras.

Según la información presentada, algunas áreas cultivadas del Sahel semiárido ya contienen una cobertura leñosa mayor que las sabanas vecinas. Esa observación refuerza la importancia de trabajar con las prácticas locales en lugar de aplicar un único modelo de plantación.

La restauración puede apoyarse en terrenos productivos y contribuir a mantener los recursos de los que dependen las familias. El objetivo combina recuperación ambiental, adaptación climática y oportunidades económicas.

Las cifras cambiaron con una medición más estricta

Evaluar un proyecto continental plantea dificultades: durante años, los resultados variaron según qué intervenciones se contaban como parte de la iniciativa.

En 2020, se estimaban unos 18 millones de hectáreas restauradas en toda la región, de las cuales aproximadamente 12 millones correspondían a Etiopía.

Posteriormente, una revisión de cinco años de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, UNCCD, incorporó un sistema de medición más estricto. Bajo ese criterio, se identificaron 1,66 millones de hectáreas en proceso de restauración y se reportaron 4,6 millones de empleos creados.

Las cifras no son directamente comparables, porque responden a metodologías y alcances distintos. Tampoco debe confundirse una superficie en proceso de restauración con otra cuya recuperación ya haya concluido.

IndicadorCifra recogida en el artículo
Meta de restauración para 2030100 millones de hectáreas
Meta de captura de carbono250 millones de toneladas
Meta de creación de empleo10 millones de puestos
Estimación regional de restauración en 2020Cerca de 18 millones de hectáreas
Superficie en proceso de restauración bajo la revisión más estricta1,66 millones de hectáreas
Empleos reportados en esa revisión4,6 millones

El dinero prometido tarda en llegar al terreno

Para alcanzar las metas de 2030, el proyecto necesita una inversión total estimada de USD 33.000 millones.

La comunidad internacional ha anunciado compromisos importantes, pero el artículo señala una distancia entre los recursos prometidos, los programados y los efectivamente utilizados.

En 2023, de los USD 19.000 millones comprometidos por distintos actores internacionales, alrededor del 80% estaba programado, mientras solo un 13% se había materializado sobre el terreno.

Entre las instituciones participantes figura el Banco Africano de Desarrollo, con compromisos superiores a USD 3.320 millones. Esos montos anunciados no deben interpretarse como dinero ya ejecutado en su totalidad.

La adaptación también busca proteger los ingresos

La recuperación de tierras está vinculada con la supervivencia económica de una región expuesta a fuertes impactos climáticos.

Según modelos del Grupo del Banco Mundial de 2022 citados en el texto, la falta de medidas urgentes de adaptación podría empujar a 13,5 millones de personas a la pobreza extrema hacia 2050 en el G5 Sahel.

Esas proyecciones también contemplan pérdidas de PIB de hasta 11,9% en Níger y 6,8% en Burkina Faso.

Son escenarios condicionados a la evolución de los impactos y de las respuestas de adaptación, no resultados inevitables. La restauración forma parte de las herramientas planteadas para reducir esa vulnerabilidad.

Los conflictos bloquean la mitad de las tierras viables

La disponibilidad de agua y la financiación no son los únicos obstáculos. La inseguridad limita el acceso a superficies donde la recuperación podría ser económicamente rentable.

El artículo señala que, de 28 millones de hectáreas del Sahel consideradas viables para restaurar, solo 14 millones están disponibles en la práctica. La otra mitad permanece condicionada por conflictos armados y la inseguridad crónica.

Esa barrera dificulta llevar recursos, sostener trabajos y garantizar la continuidad de las intervenciones.

El futuro de la Gran Muralla Verde depende tanto de adaptar la vegetación al territorio como de asegurar financiación efectiva y condiciones para trabajar. Su avance se mide en tierras recuperadas y beneficios sostenibles para las comunidades, además de las plantaciones realizadas.

Fuente: xataka

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