Jaurías de perros asilvestrados siembran temor y atacan animales de gran porte en la Patagonia
Especialistas del INTA advierten que grupos de hasta 12 perros recorren grandes distancias y atacan chivos, corderos, terneros y aves. La falta de castración, el abandono y la tenencia irresponsable agravan el problema.

Los perros asilvestrados se convirtieron en una seria amenaza para la ganadería en diferentes zonas de la Patagonia argentina.
Cuando se agrupan, pueden coordinar sus movimientos y atacar animales de mayor tamaño. Especialistas advierten que el daño provocado puede ser más grave que el ocasionado por depredadores naturales como el puma y el zorro.
El biólogo Aníbal Fernando Parera explicó que el perro doméstico conserva comportamientos heredados de su ancestro, el lobo.
Cuando pierde el contacto permanente con las personas y comienza a desplazarse en jauría, puede recuperar esa capacidad de caza coordinada. Esta estrategia le permite perseguir y derribar presas superiores a su tamaño.
A diferencia de los pumas y zorros, que suelen cazar solos, los perros se distribuyen alrededor del animal y atacan desde diferentes posiciones.
Ataques especialmente violentos
Rodrigo Navedo, ingeniero agrónomo del INTA Zapala, señaló que los ataques dejan escenas particularmente graves en los establecimientos rurales.
Mientras un puma o un zorro generalmente muerde a su presa en el cuello, los perros atacan desde distintos puntos y provocan numerosos desgarros.
Según explicó, muchas veces ni siquiera consumen los animales. Después del ataque, los productores encuentran ejemplares muertos o gravemente heridos distribuidos por el campo.
También atacan animales de mayor tamaño
Las principales víctimas suelen ser chivos, corderos, gallinas y otras especies pequeñas criadas en zonas rurales.
Sin embargo, también se registraron ataques contra terneros, vacas y potrillos. El tamaño de las jaurías les permite enfrentarse a animales que un perro aislado difícilmente podría derribar.
Navedo indicó que estos grupos pueden estar integrados por diez o doce ejemplares y recorrer largas distancias durante la noche.
El 20% de las pérdidas fue atribuido a perros
Una investigación realizada por el INTA en un establecimiento cercano a Pilcaniyeu, a unos 75 kilómetros de Bariloche, permitió medir el impacto del problema.
El estudio determinó que al menos el 20% de las pérdidas provocadas por depredadores correspondía a ataques de perros.
Los campos ubicados cerca de ciudades y pueblos son los más afectados, especialmente aquellos próximos a basureros donde los animales abandonados consiguen alimento y comienzan a formar grupos.
No todos viven completamente alejados de las personas
Algunos perros considerados salvajes mantienen contacto con zonas urbanas o rurales. Pueden recibir comida e incluso atención veterinaria antes de volver a recorrer el campo.
Esta situación les proporciona una ventaja frente a los depredadores naturales, que dependen exclusivamente de la caza para sobrevivir.
Según los especialistas, esa alimentación externa les permite atacar sin que el hambre sea necesariamente la causa principal de su comportamiento.
Un problema originado por las personas
Los investigadores sostienen que la expansión de las jaurías está relacionada principalmente con la falta de tenencia responsable.
El abandono, la alimentación insuficiente, la ausencia de controles y la negativa a castrar a los animales favorecen el aumento de la población canina sin supervisión.
También existen perros pertenecientes a productores o familias urbanas que salen durante la noche y atacan animales antes de regresar a sus hogares.
Productores enfrentan pérdidas importantes
Una sola incursión puede representar una parte considerable de la producción anual de un establecimiento dedicado a la cría de chivos o corderos.
La situación genera enfrentamientos entre productores afectados y organizaciones protectoras de animales. Las leyes impiden respuestas indiscriminadas, pero las familias rurales reclaman soluciones ante los daños económicos.
En algunos casos, los productores acuden al criadero del INTA Zapala para reponer gallinas y pollitos perdidos durante los ataques.
La castración encuentra resistencia
Los municipios y especialistas del INTA impulsan campañas de concienciación, identificación y esterilización de perros.
Sin embargo, encuentran una fuerte resistencia a la castración, especialmente cuando se trata de machos. Esta negativa dificulta el control de la población canina en pueblos y áreas rurales.
Los técnicos aprovechan distintas actividades comunitarias para explicar la importancia de controlar la reproducción y evitar que los animales circulen sin supervisión.
Una solución que requiere control y responsabilidad
Los especialistas remarcan que los perros continúan siendo aliados fundamentales del ser humano. Los ejemplares entrenados como pastores, incluso, ayudan a proteger las majadas frente a otros depredadores.
El problema aparece cuando son abandonados, se reproducen sin control y forman jaurías capaces de sobrevivir entre basureros, pueblos y campos.
La respuesta requiere campañas sostenidas de castración, alimentación adecuada, identificación de mascotas y una tenencia responsable que impida que los perros domésticos terminen convertidos en depredadores.
Fuente: MAS PRODUCCION