El tigre de Tasmania pudo cazar con una técnica única entre los mamíferos
Un estudio comparó el cráneo del tilacino con el de 60 especies carnívoras y encontró una combinación anatómica sin equivalente claro en la actualidad. El animal habría utilizado mordiscos rápidos y potentes para capturar presas pequeñas y ágiles.

El tigre de Tasmania tenía una apariencia similar a la de un perro o un lobo, pero su forma de capturar presas habría sido completamente diferente.
Un nuevo análisis de su cráneo revela una combinación anatómica que no tiene un equivalente claro entre los mamíferos depredadores actuales.
La investigación fue dirigida por Vera Weisbecker, de la Universidad Flinders, y publicada en la revista Nature Communications.
Los científicos compararon la anatomía craneal del tilacino con la de 60 especies pertenecientes a 14 familias de mamíferos carnívoros.
El análisis reveló una cabeza muy grande, un hocico largo, estrecho y alto, una expansión alrededor de los caninos y unos orificios infraorbitarios de dimensiones inusuales.
Una cabeza enorme para su cuerpo
El tilacino pesaba aproximadamente 17 kilos, pero su cráneo alcanzaba dimensiones comparables con las de animales mucho más pesados.
Entre ellos aparecen el lobo gris, el perro salvaje africano, el puma y el leopardo.
Esta desproporción resulta llamativa porque el animal combinaba una gran cabeza con un hocico fino y alargado, algo difícil de encajar en los modelos conocidos.
No era simplemente un lobo marsupial
La semejanza con los cánidos cambia según la región del cráneo que se analice.
La parte delantera se parece más a la de algunos zorros y chacales, mientras que las zonas posteriores conservan características propias de los marsupiales.
El tilacino era, por lo tanto, un mosaico anatómico mucho más particular que un simple equivalente marsupial del lobo.
Mordiscos rápidos para presas ágiles
El hocico alargado permitía que el extremo de la mandíbula alcanzara mayor velocidad al cerrarse.
Sin embargo, esa forma era menos adecuada para resistir torsiones o sujetar durante mucho tiempo a una presa grande que luchara con fuerza.
Los investigadores plantean que el tilacino pudo especializarse en mordiscos rápidos y de fuerte impacto para capturar animales relativamente pequeños y ágiles.
Los caninos estaban protegidos
Alrededor de los caninos, el hocico presentaba una zona ensanchada que luego volvía a estrecharse.
Los científicos denominan a esta estructura “roseta terminal”. Su función habría sido aportar más tejido óseo para resistir el impacto de los mordiscos.
La gran dimensión del cráneo también habría permitido soportar mejor las fuerzas generadas durante esos ataques veloces.
Una anatomía sin equivalente actual
Dentro de la muestra analizada, la comparación más cercana apareció en Andrewsarchus mongoliensis, un mamífero gigante del Eoceno conocido por fósiles encontrados en Asia.
Fuera de los mamíferos, algunos cocodrilos y peces también combinan mandíbulas largas con mordiscos rápidos.
Esto no significa que el tilacino cazara exactamente como ellos, sino que pudo desarrollar una solución biomecánica parecida.
Un orificio que mantiene el misterio
El cráneo también presentaba un foramen infraorbitario excepcionalmente grande.
Esta abertura permite el paso de estructuras vinculadas con una rama del nervio trigémino. En otros mamíferos, esa zona proporciona sensibilidad a las mejillas, el labio superior, la nariz y las vibrisas.
Su tamaño podría indicar que el tilacino poseía una sensibilidad facial muy desarrollada, quizá útil para colocar sus caninos con precisión durante el ataque.
Una hipótesis que todavía no puede confirmarse
Los investigadores advierten que la función del orificio sigue sin resolverse.
No existen disecciones del animal que permitan conocer los tejidos que atravesaban esa abertura ni comprobar directamente su capacidad sensorial.
Por ahora, la relación entre esa característica y la precisión de sus mordiscos continúa siendo una hipótesis.
Su apariencia contribuyó a su persecución
El parecido externo con los grandes cánidos alimentó la idea de que el tilacino representaba una amenaza para el ganado.
La persecución impulsada por los colonos británicos contribuyó a la rápida desaparición de una especie que ya era poco abundante.
El último ejemplar conocido murió en cautiverio en 1936.
Una historia evolutiva perdida
Estudios anteriores encontraron similitudes entre tilacinos y lobos en el desarrollo del cráneo y en algunas secuencias genéticas.
El nuevo trabajo muestra que esas coincidencias no significan necesariamente que ambos animales utilizaran la cabeza de la misma manera.
Con la desaparición del tilacino se extinguió el último integrante de un linaje de grandes marsupiales carnívoros con más de 30 millones de años de historia y, posiblemente, una técnica de caza que no conserva ningún mamífero actual.
Fuente: muyINTERESANTE