El Niño 2026–2027 podría convertirse en uno de los eventos climáticos más extremos registrados
Los principales modelos proyectan una anomalía de hasta 3,5 °C en el Pacífico ecuatorial, mientras una enorme acumulación de calor avanza bajo la superficie. Los científicos advierten que el fenómeno podría aumentar el riesgo de inundaciones, sequías, olas de calor y pérdidas agrícolas.

Las previsiones sobre El Niño 2026–2027 dejaron de ser un ejercicio habitual de vigilancia. La evolución de las temperaturas del Pacífico ecuatorial comenzó a generar preocupación entre científicos, gobiernos y productores agrícolas.
Los principales modelos climáticos proyectan que la anomalía térmica en el Pacífico central podría acercarse a 3,5 °C. Si ese escenario se confirma, el episodio se ubicaría entre los más intensos registrados en tiempos modernos.
Más de 80 días con temperaturas récord
La región Niño 3.4, utilizada por los especialistas para vigilar la evolución de El Niño y La Niña, acumuló más de 80 días consecutivos con temperaturas récord.
Esta zona se encuentra en el centro del océano Pacífico ecuatorial. Los cambios en la temperatura de sus aguas permiten estimar la intensidad del fenómeno y anticipar posibles alteraciones climáticas en diferentes continentes.
La superficie del mar se mantuvo por encima de los 28 °C desde abril y llegó a alcanzar los 29,5 °C. Según los datos presentados, estos valores superaron los registros disponibles desde 1982 para la misma época del año.
El calentamiento podría intensificarse hasta octubre
La actualización difundida el miércoles 19 señala que el calentamiento podría continuar aumentando hasta octubre.
Los modelos proyectan que la anomalía máxima se mantendría entre noviembre y enero, periodo en el que el fenómeno podría alcanzar su mayor intensidad.
El análisis considera modelos dinámicos, basados en las leyes físicas que regulan la atmósfera y los océanos, y modelos estadísticos que comparan el escenario actual con datos históricos.
La coincidencia de ambos métodos en anomalías superiores a 3 °C fortalece la posibilidad de un episodio excepcional, aunque las proyecciones todavía deben confirmarse con el monitoreo de los próximos meses.
Qué es El Niño y cómo altera el clima
El Niño es una fase natural del sistema climático ENSO y aparece cuando las temperaturas del Pacífico ecuatorial superan sus valores habituales.
Ese calentamiento modifica la circulación atmosférica y puede alterar las lluvias, las temperaturas y los vientos en regiones alejadas del océano donde se origina.
Un evento intenso aumenta la probabilidad de inundaciones, sequías, tormentas y olas de calor. Sin embargo, no significa que todas las regiones sufrirán impactos extremos ni que estos tendrán la misma intensidad.
La NOAA advierte que un El Niño históricamente fuerte no garantiza consecuencias igualmente excepcionales. Lo que hace es elevar la posibilidad de que determinados patrones meteorológicos se manifiesten.
Una enorme burbuja de calor bajo el Pacífico
Uno de los datos que más preocupa a los especialistas se encuentra a unos 300 metros de profundidad.
En la capa subsuperficial del Pacífico central existe una enorme acumulación de agua con temperaturas entre 6 °C y 8 °C superiores al promedio.
Ese reservorio térmico avanza hacia la superficie. Su ascenso podría fortalecer el calentamiento existente y consolidar el desarrollo de El Niño durante los próximos meses.
Las temperaturas bajo el océano ya se aproximan a los niveles observados durante el episodio de 2015–2016, relacionado con importantes récords en la temperatura global del aire.
Podría alcanzar a los grandes episodios históricos
Si el calentamiento mantiene el ritmo actual, El Niño 2026–2027 podría ubicarse junto con los eventos de 1982–1983, 1997–1998 y 2015–2016.
Estos episodios son utilizados como referencia por su intensidad y por las alteraciones que produjeron en las lluvias y temperaturas de diferentes regiones.
El meteorólogo Nat Johnson, del Laboratorio de Dinámica de Fluidos Geofísicos de la NOAA, describió el escenario como algo muy inusual y potencialmente comparable con un fenómeno que ocurre una vez en la vida.
La NOAA cambió su forma de medir el fenómeno
Desde febrero de 2026, la NOAA aplica un nuevo método para vigilar el ENSO y considerar el impacto del calentamiento global.
Las anomalías ya no se calculan únicamente mediante la comparación con la climatología histórica. También se toma como referencia la temperatura promedio de los océanos tropicales.
Este cambio tiende a reducir la magnitud aparente de las anomalías cálidas y a intensificar las frías. En consecuencia, los episodios de El Niño pueden parecer menos fuertes y los de La Niña más marcados.
A pesar del ajuste, el informe confirma que las regiones oriental y occidental del Pacífico ecuatorial presentan anomalías de al menos 0,5 °C.
El umbral necesario para declarar El Niño
Con el método tradicional, la región Niño 3.4 habría alcanzado el umbral de El Niño durante abril. La anomalía llegó a 0,7 °C en la semana más reciente incluida en el informe.
La NOAA declara oficialmente un episodio cuando la anomalía mensual supera los 0,5 °C y existe suficiente certeza de que el calentamiento continuará.
Por esa razón, además de observar las temperaturas actuales, los especialistas analizan la duración del fenómeno y la evolución prevista para los meses siguientes.
El calentamiento global amplifica el escenario
El Niño forma parte de un ciclo natural, pero se desarrolla actualmente sobre un planeta que ya presenta temperaturas más elevadas.
Los científicos advierten que el calentamiento global asociado con la quema de combustibles fósiles influye en los récords oceánicos y puede intensificar los fenómenos extremos.
La combinación entre El Niño y una atmósfera más cálida puede aumentar la temperatura media del planeta y favorecer lluvias intensas, sequías prolongadas u olas de calor.
El sur de Estados Unidos podría recibir más lluvias
Las tendencias para el invierno boreal comienzan a mostrar patrones asociados con El Niño.
El sur de Estados Unidos podría registrar precipitaciones superiores a lo habitual, mientras más de la mitad de los 48 estados contiguos presentarían anomalías térmicas.
Las consecuencias dependerán de la evolución del fenómeno y de otros factores atmosféricos. Por eso, los pronósticos regionales continuarán actualizándose a medida que avance el calentamiento del Pacífico.
Argentina y el Cono Sur activan alertas
En Sudamérica, las proyecciones para la primavera y el verano de 2026–2027 anticipan lluvias y tormentas más frecuentes en determinadas áreas.
Argentina aparece entre los países que podrían enfrentar crecidas de ríos, inundaciones y alteraciones en la actividad agropecuaria.
Las regiones más expuestas serían el noreste y el centro-este del país, con especial atención sobre la provincia de Buenos Aires y el Litoral.
El riesgo está en la frecuencia de las lluvias
Las proyecciones no significan necesariamente que cada tormenta será más intensa que en años anteriores.
El principal riesgo se encuentra en la mayor frecuencia de las precipitaciones. La repetición de episodios lluviosos puede saturar los suelos y superar la capacidad de drenaje.
Este escenario podría afectar cultivos, carreteras, viviendas y servicios esenciales. Los productores ya evalúan cambios para reducir pérdidas y adaptar sus actividades a un posible exceso de agua.
Impactos sobre la agricultura y la infraestructura
Un episodio intenso de El Niño puede provocar consecuencias diferentes según la región. Algunas zonas pueden sufrir inundaciones, mientras otras enfrentan sequías o calor extremo.
Estas variaciones afectan directamente la producción agrícola, la disponibilidad de agua, la salud pública y la infraestructura.
Las comunidades vulnerables se encuentran entre las más expuestas porque cuentan con menos recursos para prepararse, responder a una emergencia y reconstruir después de un desastre.
Un desafío para los sistemas de alerta
La intensidad exacta de El Niño 2026–2027 todavía dependerá de la evolución del océano y la atmósfera durante los próximos meses.
El seguimiento constante de la temperatura marina y la actualización de los modelos serán fundamentales para anticipar los riesgos.
También resultará clave el intercambio de información entre centros meteorológicos, gobiernos y sectores productivos para preparar medidas de prevención.
Con una anomalía potencial de hasta 3,5 °C, este ciclo podría convertirse en una prueba decisiva para los sistemas de alerta y respuesta climática de numerosos países.
Fuente: Infobae