El corazón resistió más de un mes en el espacio, pero dejó una señal de alerta

Científicos analizaron tejidos cardíacos de ratones que permanecieron 38 días y medio en la Estación Espacial Internacional. La fuerza de contracción se mantuvo estable, aunque aparecieron rastros de inflamación que requieren nuevos estudios.

Un estudio realizado por investigadores de las universidades de Chicago y Nebraska reveló que permanecer 38 días y medio en el espacio no redujo la fuerza de las células del músculo cardíaco de los ratones analizados.

El hallazgo, publicado en la revista científica npj Microgravity, aporta nuevas pistas sobre la respuesta del corazón ante la microgravedad. Esta información resulta relevante para los planes de la NASA de realizar misiones espaciales cada vez más prolongadas.

El corazón bajo los efectos de la microgravedad

La falta de gravedad puede provocar pérdida de masa muscular y fuerza en los astronautas. Por esa razón, los tripulantes de la Estación Espacial Internacional realizan ejercicios para disminuir el deterioro físico.

Los científicos buscaban determinar si el corazón, que también es un músculo, sufría cambios similares. Para ello estudiaron muestras de cinco ratones que permanecieron en la estación y las compararon con tejidos de animales que nunca salieron de la Tierra.

La fuerza de contracción permaneció estable

El análisis se concentró en los sarcómeros, estructuras microscópicas que funcionan como motores dentro de las células cardíacas. Gracias a ellos, el corazón puede contraerse y bombear la sangre.

Los resultados mostraron que su fuerza se mantuvo al mismo nivel que en el grupo de control. Tampoco se detectaron diferencias de peso en las proteínas que componen estas estructuras, lo que indica que conservaron su capacidad básica de funcionamiento.

Un resultado diferente al esperado

Jonathan Kirk, profesor asociado de la Universidad de Chicago y uno de los autores principales, explicó que el equipo esperaba encontrar alguna disminución en la función cardíaca debido al viaje espacial.

Las pruebas fueron realizadas con tejidos congelados provenientes de un proyecto anterior de la Universidad de Baylor. Esta metodología permitió estudiar las muestras después de su regreso a la Tierra.

Una posible equivalencia con el corazón humano

Los ratones poseen un metabolismo más acelerado y sus corazones pueden alcanzar hasta 600 latidos por minuto. En los seres humanos, la frecuencia habitual se encuentra entre 60 y 100 latidos.

Según la estimación de los investigadores, los 38 días y medio que pasaron en el espacio podrían representar entre siete meses y medio y diez meses para un corazón humano. Sin embargo, el estudio se realizó con pocos animales y sus resultados no pueden trasladarse directamente a las personas.

Rastros de inflamación abren nuevas preguntas

Aunque no se observó pérdida de fuerza, los científicos identificaron algunos indicios de inflamación en las células cardíacas. El equipo quiere establecer si esa señal aumenta cuando la permanencia en órbita es más prolongada.

También queda por determinar si la inflamación fue causada por la microgravedad o por el estrés del regreso a la Tierra. Las muestras analizadas pertenecían a animales que ya habían completado el reingreso.

El próximo paso de la investigación

Los investigadores pretenden estudiar tejidos de animales expuestos durante más tiempo al ambiente espacial. También consideran necesario analizar muestras recogidas directamente en la estación para separar los efectos de la microgravedad de aquellos provocados por el regreso.

El estudio no permite establecer todavía cómo respondería el corazón humano durante un viaje a Marte. Sin embargo, muestra que las células cardíacas de los ratones conservaron su fuerza de contracción y aporta información útil para futuras misiones fuera de la órbita terrestre.

Fuente: Infobae

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